Nick Bradbury


Powered By Blogger

martes, 14 de diciembre de 2010

Erotomanía


Si quieres conocer a alguien, no le preguntes lo que piensa, sino lo que ama.
San Agustín

Se conocieron en el cine. M. pensó que una causa sobrenatural se encontraba detrás de todo aquello; la realidad es que se sentaron juntos por simple estadística: ninguno de los dos llevaba pareja. M. se había fascinado con la forma en que R. pestañeaba cuando algo le producía desconcierto. En la película, una enfermera llamada Sissi se enamoró de un hombre que tenía el aspecto de un guerrero, pero que era incapaz de controlar el llanto ante la más sutil provocación de la muerte. Sissi persiguió a Bodo hasta que logró quitarle la armadura. Sissi y Bodo se salvaron mutuamente y vivieron felices, al menos hasta que los créditos terminaron de desfilar por la pantalla. R. tomó su abrigo con los ademanes de una joven que está cansada de que la miren impúdicamente.
M. siguió a R. hasta un edificio de apartamentos. Memorizó las placas del automóvil de R. Estaba convencida —por la forma en que la había mirado por el espejo retrovisor— de que él también la deseaba como un loco. ¿Por qué otra razón se movería tanto en la butaca, sino para hacer que su loción embriagante se propagara con mayor fuerza? Pero no todo era atracción física. Juntos conformaban la unidad sagrada de la que habla Platón en su diálogo “El banquete”.
M. lo seguía a todas partes porque R. sufría de una introversión patológica y era incapaz de declararle su amor. Como Sissi, ella debía tomar la iniciativa y salvar a R. de sus demonios —responsables de los insultos, las cartas rotas y las intervenciones de la policía—. En el hospital psiquiátrico, M. se negaba a tomar las pastillas que le ofrecía la enfermera. No quería estar somnolienta cuando R. viniera a buscarla.
Diagnóstico: M. sufre de erotomanía, también conocida como síndrome de Clerambault, un subtipo de trastorno delirante que le hace tener la certeza ilusoria de que R. está perdidamente enamorado de ella —sin importar las pruebas incontrovertibles que indican lo contrario—. En estos casos, la idea delirante casi siempre es la misma: un amor romántico que va más allá de la atracción sexual. El espejismo de que dos almas se unen en la más perfecta armonía platónica. M. incluso ha llegado a creer que R. se comunica de formas misteriosas. El erotómano tiende a pensar que fue el otro quien inició la relación ficticia.
Comúnmente, la obsesión puede ser despertada por un personaje famoso. Cuadernos llenos de recortes con fotos y noticias; paredes tapizadas con la imagen del ídolo; algunos han llegado al extremo de levantar altares. Acciones que no revelan salud mental, pero que son inofensivas para el resto del mundo. Sin embargo, la erotomanía ha sido causa de crímenes que van desde el acoso sexual hasta el asesinato. Se dice que Jonhn Hinckley intentó matar al presidente Reagan porque creía que era la única forma de que la actriz Jodie Foster le declarara su amor.
El erotómano tiene conversaciones alucinatorias con su amado/a. Vive en los extremos: o te amo o te odio, los sentimientos intermedios son inconcebibles. La obsesión ocupa todo el tiempo, todo el espacio, toda la energía. Ni la familia, ni el trabajo, ni el inicio de la tercera guerra mundial. Para el erotómano, la supervivencia depende de la intensidad de su delirio, que roza con los límites de la esquizofrenia.
Si descubre que su encantador compañero de trabajo conserva la goma de mascar que usted pegó debajo del escritorio, la botella de agua que se tomó en la última junta, el lápiz de dos centímetros que acaba de tirar al basurero, y que además tiene un cuaderno —con una foto suya en la portada— en el que lo único que puede leerse es (su nombre va aquí), renuncie inmediatamente, cambie de look y también las cerraduras de su casa, cómprese un rottweiler y aprenda kung-fu porque, sin duda, ¡se encuentra ante un erotómano!

Películas recomendadas:

He loves me… He loves me not (À la folie... pas du tout) (2002), protagonizada por Audrey Tautou y dirigida por Laetitia Colombani.
• Ahora que si quiere algo más hollywoodense: Homecoming (Obsesión del pasado) (2009), protagonizada por Mischa Barton y dirigida por Morgan Freeman.

lunes, 13 de diciembre de 2010

Parvada blanca en la ciudad


Mi primer libro, Parvada blanca en la ciudad, disponible en librerías a partir del dos de enero.

"LOS CATORCE CUENTOS QUE RECOGE PARVADA BLANCA EN LA CIUDAD SON CATORCE INTRIGANTES, EQUÍVOCAS, MISTERIOSAS HISTORIAS QUE NOS LLEVAN A CLIMAS Y SITUACIONES DIVERSOS. A LA VEZ, ESTOS RELATOS —TENUES, ROTUNDOS, TAJANTES— SON CEREMONIAS DE INICIACIÓN, UN MISMO RITO DE PASAJE CATORCE VECES CELEBRADO. EN UNA ATMÓSFERA DE LABERINTO, DE ENCRUCIJADA, DE ESPESA NEBLINA, LOS PERSONAJES DE ANA LAURA PAZOS SE ENCUENTRA SIEMPRE AL BORDE DE ALGUNA REVELACIÓN QUE SERÁ DEFINITIVA PARA SUS VIDAS, ESTA JOVEN ESCRITORA TIENE UN DON ESPECIAL PARA HACERNOS SENTIR LA TRASCENDENCIA DE ESE PASO QUE ESTAMOS A PUNTO DE DAR."

lunes, 18 de octubre de 2010

Algo más que religión


La humanidad no puede vivir sin religión, o al menos eso era lo que decía el gran historiador de las religiones, Mircea Eliade. Para el filósofo rumano, el origen de la cultura se encontraba en la religión. De los mitos originarios, de aquellos relatos que a través de la fantasía intentan explicar una realidad, nacieron las sociedades y, con ellas, toda una estructura material e ideológica.
Creo en el homo religiousus de Mircea Eliade. Creo que si un niño fuera abandonado en una isla desierta, crearía objetos de adoración, haría rituales… no obstante, si recordamos la novela de William Golding, El señor de las moscas, la religión no fue capaz de salvar a los personajes de la brutalidad. Se formaron bandos, surgieron líderes, la atmósfera se fue llenando de violencia hasta que los niños comenzaron a matar.
La religión es un fenómeno universal, y, sin embargo, el mundo a veces parece un infierno. Si la religión nos invita a relacionarnos con lo sobrenatural, ¿por qué somos tan materialistas la mayor parte del tiempo? Tal vez sea porque confundimos religión con espiritualidad, o porque le falta espiritualidad a la religión.
La religión, en sentido estricto, es un conjunto de creencias, de celebraciones y normas ético-morales por las que el hombre reconoce su vinculación con lo divino. Dentro de esta definición, ¿dónde se encuentra la espiritualidad?, ¿la parte en la que el individuo hace un ejercicio de auto conocimiento y demuestra voluntad de unirse con lo sagrado?
En Occidente, tener religión es equivalente a tener espiritualidad. Pero, tendrá que disculparme, querido lector, eso es una gran mentira. Asistir a la iglesia, poseer una serie de creencias y normas, y pedir favores a Dios no equivale a tener una vida espiritual.
La espiritualidad debe comenzar con uno mismo. Las preguntas básicas de la filosofía ¿quién soy? y ¿qué hago aquí? son fundamentales. El siguiente paso es meditar: porque si no calmamos la mente, es imposible escuchar nuestra propia voz. El rezo puede ser una forma de meditación, pero sólo si es desinteresado. Implorar, exigir, demandar… esas son manifestaciones del ego. El objetivo de la meditación es alcanzar un estado de atención concentrada. Sólo entonces podemos aspirar a vincularnos con una nueva dimensión de la realidad.
Debido a esta confusión entre espiritualidad y religión, cada vez son más las personas que buscan caminos alternos, porque sienten que algo les falta, porque están insatisfechas. En 1985, el 95% de los mexicanos practicaba la religión católica; en la actualidad, dicho porcentaje se ha reducido en un 10%. Las prácticas orientales están teniendo un esplendor nunca antes visto: meditaciones trascendentales, yoga y la llamada “metafísica” (que muy poco tiene que ver con la rama de la filosofía que lleva el mismo nombre).
Occidente intenta apropiarse del secreto de la espiritualidad oriental, aunque a su muy mercadotécnica manera. Mezcla de prácticas y creencias, una fusión entre lo oriental y lo occidental: eso es el New Age. Devoción a la Trinidad, reiki y curaciones con cuarzos, los famosos decretos, espiritismo, la idea de que el individuo crea su propia realidad… Las combinaciones son innumerables, ya que, para la Nueva Era, todas las religiones son igualmente válidas; lo que interesa es que el practicante se encuentre conforme con su vida espiritual.
Dicen que hablar de religión es políticamente incorrecto, sin embargo me parece que hoy, más que nunca, es importante hablar de religión: porque la espiritualidad es superficial o inexistente, porque no hay intención ni entendimiento, porque los seres humanos se convierten en espectadores de sus propias vidas, porque sin autoconocimiento no somos más que autómatas, porque, como decía Mircea Eliade, “la religión es la solución de toda crisis existencial”.
Yo no tengo religión; no me he atrevido a ponerle un nombre a Dios o a imaginar su figura. Creo que existe algo más que esta realidad material, pero soy incapaz de comprenderla. Por ello, me conformo con intentar conocerme a mí misma, estar en paz, encontrar lo espiritual que hay en una pintura, en un árbol o una estrella… Así, tal vez, algún día, logre vislumbrar algo diferente.

miércoles, 29 de septiembre de 2010

Atlántida: la búsqueda continúa


Una hermosa ciudad con palacios de marfil, oro y plata se levanta en mitad del Océano Atlántico. Rodeada por enormes puentes de tierra y canales concéntricos de agua, la capital de la Atlántida es sin duda la más hermosa del mundo. Sus pobladores se trasladan en barcos por el mar y en vehículos flotantes por la tierra. Esta es una civilización muy avanzada, que conoce el principio de la electricidad y sabe como controlar la fuerza vital de los ríos y los árboles. Los atlantes viven en un paraíso adornado con plantas exuberantes y animales de todo tipo. Sin embargo, su arrogancia los conducirá a la destrucción de su imperio.

Platón reveló la leyenda de la Atlántida en sus Diálogos de Timeo y Critias. Empezó diciendo: “Escucha pues, Sócrates, una historia muy singular, pero rigurosamente verdadera”. Afirmó que hace 9, 000 años aproximadamente, existió una isla del tamaño de Asia Menor y Libia combinadas frente a las Columnas de Hércules (hoy en día el estrecho de Gibraltar). Aunque para algunos la Atlántida no es más que una historia proveniente de la imaginería de Platón, numerosas expediciones siguen buscando por los mares de todo el mundo las ruinas del imperio perdido, ya que, según cuenta el relato, se hundió debido a una espantosa catástrofe. Lo más interesante es que en las últimas décadas se han encontrado vestigios de civilizaciones antiguas en el fondo del océano. Hay hasta quien asegura haber descubierto los restos de la Atlántida.

Se dice que la atlante era una raza híbrida, divina y mortal. La mitología establece que Poseidón, la principal deidad de los atlantes, se enamoró perdidamente de una mujer humana llamada Clito y se casó con ella. Poseidón fortificó la colina en donde vivía su amada, aislándola por medio de dos anillos de agua y tres de tierra para hacerla inaccesible a los invasores. La pareja tuvo diez hijos varones, razón por la cual la isla de la Atlántida quedó dividida en diez partes. Al primogénito se le concedió la región más vasta y rica del país, y se convirtió en el rey de todos sus hermanos, príncipes del resto de las provincias. Su nombre era Atlas.

En el capítulo 6 del Génesis se puede leer: “Cuando los hijos de Dios (los gigantes o ángeles caídos) se dieron cuenta de que las hijas de los hombres eran hermosas, tomaron de ellas a cuantas quisieron, tuvieron hijos con ellas y esos fueron los grandes héroes de la antigüedad, varones de nombre”. ¿El relato bíblico se estará refiriendo al linaje de Clito y Poseidón?

Por mucho tiempo, los atlantes vivieron en la virtud, lejos de la arrogancia y las pasiones; conservaron su naturaleza divina y el imperio alcanzó su etapa de esplendor. Sin embargo, cuando la esencia divina se fue debilitando por la continua mezcla con los humanos, vino la decadencia y, finalmente, la destrucción de la ciudad.

Existen varias teorías acerca de la desaparición de la Atlántida. De acuerdo con Platón, ocurrieron intensos terremotos e inundaciones que hicieron que en un solo día, en una noche fatal, el imperio se desvaneciera entre las olas. Algunos afirman que la erupción del volcán Atlas sepultó la capital de la Atlántida; otros dicen que en aquel tiempo un meteorito destruyó casi toda la vida de la Tierra. También hay quien asegura que fue debido al Diluvio Universal. Cualquiera que sea la razón, de haber existido la Atlántida, sus restos deben encontrarse en las profundidades del océano.

En la actualidad, investigadores de distintas nacionalidades buscan las ruinas de la Atlántida en lugares estratégicos. En la isla de Andros, que forma parte del conjunto de las Bahamas, se encontró una gran plataforma construida con piedras talladas y dispuestas en líneas rectas. Una ingeniera oceanográfica que buscaba yacimientos petrolíferos en la costa de Cuba descubrió los restos de una antigua ciudad sepultada a 600 metros de profundidad. En 2004, se hallaron las ruinas de una civilización antigua en Chipre. Se han encontrado pistas que coinciden con el relato de Platón en España, India y en el Mediterráneo. Y que decir de los impresionantes hallazgos en la isla de Yonaguni. Los científicos del Centro Geológico Oceanográfico de la Universidad de Ryukyu, en Okinawa, descubrieron una estructura parecida a un zigurat o templo que mide 120 metros de largo por 40 metros de ancho y 20 de alto en las aguas de la isla japonesa. En las ruinas se aprecia una imponente escalinata, así como dos orificios de unos 90 cm. de diámetro que se cree eran para colocar las columnas del templo. Los estudios indican que la estructura tiene unos 10, 000 años de antigüedad, por lo que se le ha llegado a considerar el edificio más antiguo del mundo. Se dice que las ruinas de Yonaguni son un vestigio del desaparecido continente de Lemuria, que se alzaba en algún lugar del océano Pacífico. Supuestamente, Lemuria se hundió poco antes de que desapareciera la Atlántida.

En Yucatán se han encontrado esqueletos humanos 5, 000 años más antiguos que los mayas, por lo que incluso ha surgido la teoría de que los edificios de esta zona en realidad no fueron construidos por los mayas, sino por los atlantes, quienes debido al cataclismo, probablemente decidieron buscar refugio en América.

Santiago Martínez Concha, autor del popular libro Códex, afirma haber encontrado las ruinas de la Atlántida. Según él, existe una enorme masa continental en el centro del Atlántico, como decía Platón. Establece que el hecho de que determinadas especies de anguila y salmón vayan a desovar al centro del Atlántico es una prueba de que hace miles de años existieron ríos de agua dulce en ese lugar. Por otra parte, sostiene que las aves migratorias que salen desde el norte de Europa hacia América en busca de un clima cálido caen exhaustas en mitad del océano porque no encuentran un lugar en donde reponer sus energías. Instintivamente saben que ahí debían haber encontrado tierra.

Nada es oficial todavía, pero cabe destacar que otros lugares míticos como la ciudad de Troya existieron en realidad. ¿Será la Atlántida una metáfora de Platón sobre la arrogancia del hombre?, o por el contrario, ¿es su relato un documento histórico? No lo sabremos hasta que aparezcan pruebas contundentes. Mientras tanto, seguiremos buscando ese paraíso de aguas cálidas y jardines de ensueño, aunque sólo sea en nuestra imaginación.

martes, 21 de septiembre de 2010

¿Qué onda con los niños de hoy?


A los niños de hoy les gusta estar encarcelados. Para qué salir a jugar al parque si en casa tienen todo lo que necesitan para divertirse: videojuegos, televisión, computadora, celular, Ipod… ¿Juguetes? Esos son para los niños que todavía no dejan sus pañales de entrenamiento. ¿Turista? Todo lo que no sea compatible con Windows Media Player es aburrido. Y si “papá MTV” lo dice, seguro es cierto.
Señora, ni se moleste en tratar de corregir el vocabulario de su hijo. Las groserías son reglamentarias y comienzan a decirse, a más tardar, en tercero de primaria. ¿No entiende lo que su hijo escribe cuando chatea? Déjeme explicarle: hoy en día es muy cool sintetizar; sólo se escriben las letras necesarias. Por ejemplo, ¿para qué escribir la palabra “her-ma-no”, con todos sus siete caracteres, si tres son suficientes? “Hno”. Ahí, muy claramente, se está haciendo referencia a la persona que con respecto a otra tiene el mismo padre y la misa madre. ¿Comprende?
Tranquila… es muy normal que su hija de diez años pase la mitad del día frente al espejo. ¡Qué edad tan maravillosa! Dietas, pilates, no encontrar “nada que ponerse”… ¡Crecen tan rápido!, ¿verdad? Unos años más y su pequeña se habrá convertido en toda una mujer. ¿Cree que es tiempo de hablarle de lo que sucede cuando dos personas se aman? ¡No es necesario! Ella ya aprendió todo lo que necesita saber en su clase de educación sexual. Del resto se encargarán las telenovelas…
Este es el escenario en el que crecen nuestros niños. Rodeados por tecnología que generalmente es más perjudicial que útil, inmersos en un mundo de desinformación y relaciones impersonales, bombardeados por los medios de comunicación que, hoy por hoy, son los que deciden las reglas del juego.
El mensaje que transmiten es brutal: las personas valen por lo que tienen y por cómo se ven. A través de la repetición, estas ideas fácilmente echan raíz en la mente de los niños, y si no se les brinda la atención adecuada, muy probablemente se convertirán en jóvenes superficiales y desorientados, indefensos ante un mundo demasiado cruel.
La industria del entretenimiento promueve un estilo de vida que está causando verdaderas catástrofes. En México, el acceso de la juventud a las drogas es diez veces mayor que hace veinte años; según cifras oficiales, en estos momentos hay alrededor de 500, 000 adolescentes embarazadas. Por otro lado, se ha registrado un incremento en los casos de trastornos alimentarios, que presentan tasas más altas que cualquier otro trastorno psiquiátrico. De acuerdo con el Secretario de Salud, José Ángel Córdova Villalobos, el tres por ciento de los adolescentes escolares padece anorexia o bulimia.
A veces la guía de los padres no es suficiente. Por ello, lo mejor es reconocer que se necesita ayuda. La terapia psicológica puede ser una alternativa, sin embargo, se acuda a un especialista o no, el apoyo de la familia es fundamental.
Proteja a sus hijos del parloteo de los medios, asegúrese de que se conviertan en individuos autónomos. Fomente el pensamiento crítico, la compasión y la cultura. Esas son las mejores armas que puede brindarles para combatir el absurdo que caracteriza a nuestro tiempo.

lunes, 13 de septiembre de 2010

“Quiero un sombrero lleno de perfume con una cereza flotando en medio”


Hasta hace poco, los museos eran lugares extremadamente sobrios, de culto, prácticamente intocables. Las cosas empezaron a cambiar cuando Marcel Duchamp envió un urinario al Museo de Arte Moderno de Nueva York, aduciendo que se trataba de una inigualable obra de arte. La realidad es que el urinario no era ni una cosa ni la otra, pero la hazaña de Duchamp dio origen a un movimiento de rebeldía contra los museos tradicionales. Los artistas pedían nuevos espacios, querían utilizar técnicas y materiales nunca antes vistos; salir a las calles y hacer a los espectadores partícipes de sus obras. Fue así como nació el arte conceptual.
Sus exponentes consideran que la verdadera obra de arte no es el objeto físico, sino los conceptos e ideas que se esconden tras él. Arte puede ser una mesa después de que los invitados se han ido a tomar el café a la sala, porque los restos de comida en el plato denuncian el desperdicio de la sociedad capitalista. Entonces, ¿cualquier cosa puede ser arte siempre y cuando exista un concepto detrás? No me terminé el pastel de zanahoria a la hora de la comida. Antes de tirarlo a la basura, ¿debería llevarlo a un museo?
Durante los sesenta y los setenta, el arte conceptual era un arte corrosivo que denunciaba el despilfarro, el puritanismo, la guerra y la discriminación. Los artistas estaban cansados de que sus obras fueran tratadas como simples objetos comerciales y se las ingeniaron para hacerlas invendibles. La instalación artística, por ejemplo, se caracteriza por ser efímera. Se monta, se expone por un tiempo, se toman algunas fotografías o video para documentar su existencia, y se desmonta. Es muy difícil que pueda venderse. ¿Alguna vez ha visto imágenes proyectándose en la pared de un museo junto a un montón de chatarra? Bueno, eso es una instalación. Y, aunque tal vez haya resultado interesante en la época de los hippies, hoy seguimos encontrando réplicas casi exactas de los trabajos que se hicieron entonces.
Montañas de ropa, cobijas colgadas como si fueran exquisitos gobelinos, proyecciones psicodélicas y objetos amontonados por aquí y por allá. Así son la mayoría de las exposiciones de arte conceptual hoy en día; así fueron en los años más rebeldes del siglo pasado. ¿El hecho de que el crítico del periódico más vendido las califique como arte, las convierte en arte? ¿Sólo por encontrarse en un museo, debemos admirar una obra conceptual con el mismo aplomo que si se tratara de un Rembrandt o un Dalí?
A pesar de la falta de originalidad de los últimos años, es innegable que el arte conceptual ha parido obras valiosas. Las instalaciones de Christian Boltanski son inquietantes y bellísimas, y qué decir de las obras de land art que adornan el paisaje cotidiano: monumentales laberintos de piedra, diseños geométricos en los campos (que, por cierto, no fueron realizados por extraterrestres), fabulosas composiciones de arena y deliciosas casas en los árboles.
¿Ha oído hablar del hombre que pinta con algoritmos? Joshua Davies, exponente del media art, convierte los números en formas que se acercan al surrealismo. La artista de arte periférico Mariko Mori diseña estructuras que se asemejan a naves espaciales, en cuyo interior se proyectan imágenes envolventes que hacen que el espectador sienta que se encuentra viajando por la galaxia. La venus del arte conceptual es la “Venus de los trapos”: una figura femenina de yeso, que se asemeja a la Venus clásica, pero que le da la espalda al espectador. Frente a ella se encuentra una gran montaña de trapos de colores. El objetivo de Michelangelo Pistoletto es criticar el carácter elitista del arte y el culto a la belleza sacada del tiempo y el espacio concretos.
Los performance se han hecho tan populares que incluso se realizan en centros nocturnos. Mujeres que utilizan su cuerpo para pintar, personas encerradas en cajas de vidrio como animales en un zoológico, y actos en los que lo circense se confunde con lo artístico. El body art también ha logrado impactar a las masas: cuerpos pintados, lacerados, retorcidos… Hay quien ha llevado el body art al extremo de realizar esculturas con cadáveres.
En el arte conceptual, los objetos son descontextualizados; en un museo la chatarra ya no es basura, ¿o sí? Los números callejeros no son perturbaciones a la paz pública, son performance… Ese es el problema del arte conceptual: sus límites son tan imprecisos que, muchas veces, se aprovecha de la ignorancia del espectador. Pero en medio de este mundo de refritos, pastiches y artistas con egos inconmensurables, es posible encontrar verdadera denuncia y crítica social. Incluso verdaderas obras de arte.

lunes, 6 de septiembre de 2010

Leonardo nunca pasa de moda


Hace algunos meses, fue hallado un enigmático retrato en la mansión de una familia en Salerno, Italia. Primero se creyó que representaba al astrónomo Galileo Galilei, pero poco tiempo después, los historiadores encargados del proyecto, Nicola Barbatelli y Alessandro Vezzosi, llegaron a la conclusión de que aquél era un retrato del genio renacentista Leonadro Da Vinci. Las pruebas del carbono 14 confirmaron que el óleo de 60 x 40 centímetros había sido pintado en la segunda mitad del siglo XV, periodo que coincide con la vida de Leonardo. Sin embargo, no ha podido confirmarse si se trata de un autorretrato, pues el análisis infrarrojo no ha revelado ningún dibujo o inscripción debajo de la capa pictórica, lo cual sería de mucha ayuda para resolver el misterio, ya que la caligrafía de Leonardo es inconfundible. Tomando como pretexto dicho hallazgo, y mientras se dilucida la autoría de la obra, me permito hacerle un pequeño homenaje a quien, a mi parecer, ha sido el hombre más brillante de la Historia.
Leonardo fue el hijo bastardo de un rico notario florentino y de una hermosa campesina. Gracias a las influencias de su padre, logró recibir una envidiable educación, no obstante, su sensibilidad se vio enriquecida por el esplendor de la campiña italiana. Lo maravillaban las nubes y sus extrañas formas, las gotas de rocío en la hierba y el sol saliendo entre las montañas... Todo despertaba una gran curiosidad en ese niño que quería conocer el absoluto. Pasaron los años y Leonardo comenzó a demostrar su talento en el arte pictórico. Si embargo, las circunstancias de la vida lo llevaron a trabajar en una taberna. Como un alquimista o un mago, Leonardo se deleitaba con los aromas y los sabores; le gustaba experimentar y crear belleza con los alimentos. Cuando aquella taberna quedó consumida por las llamas de un incendio, Leonardo y su buen amigo Boticcelli decidieron abrir su propio restaurante: “La enseña de las tres ranas”. Allí sentaron las bases de la nouvelle cuisine. Servían pequeñas porciones de comida bellamente dispuestas en los platos. Desafortunadamente, el pueblo no estaba listo para tanto refinamiento y la taberna tuvo que cerrar, lo que le permitió a Leonardo dedicarse de lleno a la pintura y a su investigación científica.
Pintor, arquitecto, ingeniero, alquimista, cocinero, astrónomo e inventor... El adjetivo de polifacético le queda corto a Leonardo. Siempre rebelde, siempre controversial, sus pinturas se encuentran llenas de símbolos y misterios. A pesar de que la mayoría de los encargos se los hacía la Iglesia de Roma, algunos piensan que Leonardo en realidad le rendía culto a San Juan Bautista y no a Cristo, pues en muchas de sus obras se encuentra el famoso gesto de Juan. También dicen que perteneció a la mítica sociedad del Priorato de Sión, que supuestamente resguarda antiguos documentos que hablan de la vida secreta de Jesús.
Inventó máquinas voladoras, un submarino, instrumentos musicales, carros de combate, utensilios de cocina, ametralladoras e ingeniosas catapultas, un puente plegable y un traje de buzo. Incluso ideó un vehículo autopropulsado hecho de madera que se considera el primer automóvil del mundo. En 2004 se construyó una réplica de dicho vehículo y se comprobó que funcionaba tal y como Leonardo había vaticinado. Su intelecto e imaginación no tenían límites... Se adelantó a su tiempo como ningún otro.
Murió en el castillo de Cloux, en los brazos del rey Francisco I de Francia. Alrededor de su lecho de muerte, se encontraban tres de sus obras: “San Juan Bautista”, “Santa Ana y el pequeño San Juan” y “La Mona Lisa”. Sus manuscritos le fueron confiados a su fiel discípulo Francesco Melzi, quien se encargó de ordenarlos y preservarlos, sin embargo, el tiempo terminaría por dispersar los valiosísimos dibujos y anotaciones de Leonardo por diferentes partes de Europa.
Leonardo, uno de los hombres más famosos y controversiales, un genio sin igual; profeta y visionario que cambió para siempre el rumbo de la Historia. Definitivamente, en estos tiempos de ignorancia y confusión, hace falta un Leonardo que venga a iluminar el mundo.

lunes, 30 de agosto de 2010

Viajes en el tiempo: ¿ciencia o ciencia ficción?


Un día alguien me regaló un libro fascinante. Se intitulaba La máquina del tiempo y relataba la historia de un científico que había ideado un artefacto que permitía retroceder en el tiempo o hacer viajes al futuro. Esta novela de H.G Wells es una joya que avivó el genio de muchos. Literatos y cineastas comenzaron a bombardear sus creaciones con elementos y personajes inspirados en la obra de Wells, considerado, junto a Julio Verne, uno de los padres de la ciencia ficción.

Es bien sabido que la realidad, en muchas ocasiones, supera a la fantasía. Actualmente es posible enviar misiones comandadas por robots a planetas inhóspitos o ir de paseo a la Luna, sin embargo, aún no desarrollamos la tecnología idónea para trasladarnos al futuro “más rápidamente”, ya que, bajo condiciones normales, viajamos al futuro a una velocidad de un día por un día. ¿Es posible hacer viajes en el tiempo? Antes de precipitarnos, debemos conocer las aportaciones de aquel físico alemán del peinado exuberante: Albert Einstein.

Cuando miramos un quasar que se encuentra a cinco mil millones de años luz de distancia, realmente lo estamos observando como fue hace cinco mil millones de años. Este fue el tiempo que la luz emitida por dicho quasar tardó en llegar hasta nosotros. El comportamiento de los objetos celestes está determinado por una serie de leyes naturales aparentemente inquebrantables. Einsten codificó estas reglas en su Teoría Especial de la Relatividad: la luz (reflejada o emitida) por un objeto se desplaza a idéntica velocidad tanto si el objeto se mueve como si está estacionario. “No sumarás tu velocidad a la velocidad de la luz (300,000 kilómetros por segundo), ni te desplazarás a la velocidad de la luz ni a velocidad superior” . Por más que intentemos rebasar este límite, nos será imposible, aunque si podemos acercarnos lo suficiente (99.9% de la velocidad de la luz). No existe nada en este universo que pueda desplazarse a una velocidad mayor que la de la luz.

Imagine que se encuentra en la máquina del tiempo de Wells. Mientras programa el excepcional artefacto, se pregunta con qué maravillas o personajes se enfrentará. Ha decidido viajar mil años hacia el futuro. A medida que se acerca a la velocidad de la luz, su masa corporal aumenta y siente que el tiempo corre cada vez con mayor lentitud. Comienza a encogerse debido a la dilatación temporal, el mundo se vuelve sumamente extraño: todo acaba comprimido en una especie de ventana circular.

Esto es lo que sucedería si lograra acercarse lo suficiente a la velocidad de la luz. Apenas envejecería, pero sus amigos y parientes, que se han quedado en la Tierra, seguirían envejeciendo a un ritmo normal. Un viaje a velocidad próxima a la de la luz es una especie de elixir de la vida. Puesto que el tiempo va más lento a una velocidad cercana a la de la luz. El tiempo no está completamente separado e independiente del espacio, sino que por el contrario, se combina con él para formar un objeto llamado espacio-tiempo.

La aceleración que caracteriza a la fuerza de gravedad es la que nos mantiene sobre la superficie de la Tierra. Se le denomina 1 g, donde g es la gravedad de la Tierra. Esta es la aceleración a la que estamos acostumbrados. Si viajáramos en una nave espacial que pudiese acelerar a 1 g, nos encontraríamos en un ambiente completamente cómodo y natural.

Uno de los aspectos más importantes de la Teoría General de la Relatividad, que Einstein desarrolló con posterioridad a su Teoría Especial, es la equivalencia entre las fuerzas gravitatorias y las fuerzas que sentiríamos en una nave intergaláctica en aceleración. Después de un año de estar en el espacio con una aceleración continua de 1 g, tendríamos una velocidad próxima a la de la luz.

Parece ser que los viajes al futuro no son tan inverosímiles, aunque es evidente que aún no estamos tecnológicamente maduros para cristalizarlos. De acuerdo a Juan Echeverría, astrónomo del Instituto de Astronomía de la Universidad Nacional Autónoma de México, actualmente somos capaces de alcanzar apenas el 0.01% de la velocidad de la luz. Cree que podríamos alcanzar hasta el 1%, no obstante, las economías de los países no cuentan con el presupuesto necesario para trabajar en los avances tecnológicos pertinentes: “gastamos el 80% de nuestros recursos en guerras, no tiene sentido planear viajes interestelares”, afirma. Para alcanzar dicho objetivo, las distintas asociaciones espaciales tendrían que aliarse, lo cual resulta sumamente improbable. En cuanto a los viajes al pasado, Echeverría opina que son imposibles: “lo que se puede hacer es viajar más rápido por el espacio, es decir, viajar más rápido al futuro”.

Otra alternativa podría ser la utilización de energía nuclear como combustible para acelerar las naves. Muchos hombres de ciencia coinciden en que la energía nuclear aumentaría considerablemente la velocidad de los cohetes. Desafortunadamente, aún nos encontramos muy lejos de poder manipular este tipo de energía. Nahieli Flores, al igual que Juan Echeverría, es astrónoma del Instituto de Astronomía de la UNAM. Afirma que la radiactividad no es del todo segura y que nuestro conocimiento acerca de la fusión y la fisión nuclear es muy limitado.

Juan Echeverría y Nahieli Flores concuerdan en que durante las décadas venideras lograremos realizar viajes interplanetarios tripulados. La tecnología avanza rápidamente y lo que puede parecer imposible ahora, será pan comido en un futuro no muy lejano. Según Echeverría: “en los próximos cien años vamos a tener pequeñas colonias en la Luna y en Marte, así como estaciones espaciales habitadas de manera regular, siempre y cuando no acabemos primero con el planeta”.

Es menester que las potencias del mundo reorganicen sus prioridades. La supervivencia de la especie humana depende directamente de la exploración espacial y de la investigación científica. La competencia tecnológica entre naciones no va a llevarnos a ninguna parte; el trabajo conjunto podría cumplir el sueño de una máquina del tiempo.

lunes, 23 de agosto de 2010

El Gran Hermano te vigila


"No es indicio de salud estar adaptado a una sociedad enferma".
J. Krishnamurti.

Seguramente ha oído hablar del Gran Hermano, del “Big Brother” que todo lo vigila. Pero tal vez desconozca que “Big Brother” no es un concepto creado por un genio de la industria del entretenimiento, sino por un escritor británico llamado Eric Arthur Blair, mejor conocido como George Orwell. Publicada en 1948, su novela Mil novecientos ochenta y cuatro debería encontrarse en el anaquel de los libros proféticos. Hoy vivimos en el mundo que Orwell imaginó hace más de sesenta años. Y no es un mundo feliz, temo decirle.
En la novela, el Gran Hermano es una figura mesiánica que representa los ideales de un partido político, el Socing, cuyos miembros son vigilados las veinticuatro horas. En sus casas se han instalado cámaras y micrófonos para controlar cada pensamiento y cada acción. Hay espías por todos lados; oídos en las calles y en las oficinas.
La Verdad es una sola, y quien se atreva a refutarla será torturado, en el mejor de los casos. La guerra es algo cotidiano como la lluvia; el Partido escribe la historia, redacta las noticias a su conveniencia y “desaparece” información comprometedora como por arte de magia.
La clase “educada” vive bajo el yugo del Gran Hermano; las masas son libres, pero ignorantes, de modo que nadie se atreve a hacer nada. ¿Aún no ha encontrado la relación entre esta novela y nuestro mundo? Bien, resulta ser que el gobierno (y no me refiero al de México específicamente) escribe la historia. Crea héroes a discreción; leyendas que se convierten en capítulos de enseñanza básica; mitos que se vuelven verdades indiscutibles… Pero el gobierno (y ahora sí me refiero al mexicano) también es controlado; no sólo por los Estados Unidos y otras potencias, sino por los medios masivos de comunicación: el cuarto poder, que hoy por hoy es quién decide qué es la Verdad. Si esta noche López Dóriga anunciara que hemos sido invadidos por una flota de naves extraterrestres y además le mostrara un video (muy bien producido, por cierto) del supuesto ataque, ¿usted le creería? Sólo basta recordar lo que sucedió en 1938, cuando Orson Welles narró por radio una adaptación de La guerra de los mundos aduciendo que se trataba de una noticia de última hora.
Otro elemento de la novela de Orwell que puede encontrar eco en la sociedad actual es el lenguaje. ¿Se ha dado cuenta de cómo el lenguaje se hace cada vez más sintético? Debido a los gadgets y a las redes sociales se ha generado una epidemia de “reduccionitis”. Se omiten letras en las palabras; las letras “q” se intercambian por “kas”, se hacen mescolanzas de idiomas (especialmente con el inglés), y nos comunicamos con símbolos que representan emociones. En Mil novecientos ochenta y cuatro, Orwell introduce una forma sintética de comunicación llamada “neolengua”. El objetivo era lograr que las palabras que resultaban inconvenientes para el Partido se fueran haciendo cada vez más pequeñas hasta desaparecer. Libertad, justicia o compasión… si estas palabras desaparecían, entonces no podrían ser pensadas por las personas y, por lo tanto, dichos valores dejarían de existir.
Pero espere, ahora viene la parte más aterradora. En teoría, nuestras computadoras, correos electrónicos y teléfonos deberían ser privados, sin embargo, la Agencia de Seguridad Nacional de los Estados Unidos, encargada de obtener y analizar información transmitida por cualquier medio de comunicación y de garantizar la seguridad de las comunicaciones del gobierno en relación con agencias homólogas de otros países, puede tener acceso a la información privada de cualquier persona del mundo. Entonces, ¿en dónde queda la libertad? Si el gobierno escribe la historia, un libro no es suficiente; y si los medios manipulan la información, no debemos conformarnos con el noticiario nocturno o con leer los encabezados del primer periódico que encontremos. Como decía Goethe: “Nadie es más esclavo que aquél que falsamente cree ser libre”.

domingo, 8 de agosto de 2010

Se solicitan maestros apasionados


El sistema educativo no ha cambiado mucho en las últimas décadas. Al menos en México, continúa siendo excesivamente discursivo. Los alumnos escuchan al profesor, toman notas, participan en clase para ganar puntos extra, y son evaluados con métodos que, en la mayoría de los casos, no demuestran nada. Exámenes confeccionados de manera que el alumno pueda aprenderse todo de memoria sin haber entendido un ápice; ensayos que muchas veces son inspirados por musas cibernéticas… Me parece que el problema radica en una falta de pasión por el estudio y, en muchos casos, por la enseñanza.
Aristóteles sí que era un maestro apasionado. Fundador de la Escuela Peripatética, que en griego significa “ambulante”, llevaba a sus discípulos no a un aula, sino a pasear por el bosque. Los alumnos escuchaban con atención las palabras del filósofo y, después de una larga caminata, todos se sentaban a la sombra de un árbol a debatir. El alumno no sólo ejercitaba su mente y su cuerpo, sino también su espíritu, al encontrarse en contacto directo con la naturaleza.
A diferencia del sistema tradicional de enseñanza, que se caracteriza por la memorización y el ambiente ligeramente militarizado, el método Montessori fomenta la experiencia del descubrimiento en lugar de la simple transmisión de información. De esta forma, el niño formula sus propios conceptos a través del material didáctico y sólo es orientado por el guía cuando es necesario. La enseñanza individualizada y el ambiente dentro del taller alientan la autodisciplina y la independencia. Los alumnos también realizan actividades en equipo, que van desde un proyecto de investigación hasta la limpieza del recinto de estudio.
La Bauhaus fue una escuela de arte en Alemania que se caracterizó por la originalidad de sus métodos de enseñanza, que incluían desde prácticas metafísicas hasta ejercicios dramáticos. Creó un estilo de vida estético; también cambió la forma de concebir al estudiante de arte. Lo liberó del academicismo clásico y respetó su individualidad creativa. Ya no había que estudiar a los escultores griegos y a los pintores renacentistas para empezar a crear. La enseñanza iniciaba en los talleres con los maestros artesanos. De la parte teórica se encargaban artistas como Kandinsky o Paul Klee. Los miembros de la Bauhaus llevaron el arte al ámbito de lo doméstico y del diseño gráfico. Fabricaban juguetes, ornamentos, juegos de ajedrez y utensilios de cocina… hermosos y matemáticamente perfectos. Producían sus productos en masa no para enriquecerse, sino para comunicar sus ideales de paz. Su fundador, Walter Gropius, soñaba con una escuela de arte que ayudara a cambiar al hombre. En un mundo entre guerras mundiales, la Bauhaus significó una bocanada de aire fresco.
Los pedagogos y demás profesionales de la educación pueden estar de acuerdo o no con estos métodos, sin embargo, creo que merecen reconocimiento por el solo hecho de haber intentado generar un cambio. Desde pequeños, los alumnos, en general, asocian la escuela con algo negativo: obligación, competencia, premio y castigo —así educan también a los animales. Tan sólo basta recordar a los perros de Pavlov—. Dicha asociación negativa se prolonga en el tiempo. Los alumnos asisten a la escuela, estudian y realizan sus tareas porque tienen que hacerlo; para estar en el cuadro de honor, para que el director no mande llamar a los padres. Simplemente para aprobar el curso y continuar en el sistema con la misma actitud robótica.
Lo que hace falta son maestros con vocación que transformen a sus alumnos en verdaderos apasionados. Maestros como Aristóteles que, lejos de buscar dinero y reconocimiento, se conformaba con encender la llama de la curiosidad en el corazón de sus discípulos. Como decía el escritor John Ruskin: “Educar a un joven no es hacerle aprender algo que no sabía, sino hacer de él alguien que no existía”.

lunes, 26 de julio de 2010

Historia del matrimonio


En India, las mujeres lucen complicados diseños de henna en el cuerpo el día de su boda. Deben aguardar hasta la ceremonia para conocer a su futuro esposo, ya que generalmente los matrimonios son arreglados por los padres de los novios. En las bodas chinas todo es rojo como el amor: el vestido de la novia, las tarjetas de invitación, los ornamentos... Una novia japonesa viste un kimono blanco que simboliza su virginidad, la pureza de su espíritu. En occidente las mujeres también usan ajuares blancos durante la ceremonia religiosa, que generalmente culmina con una lluvia de flores. Los ritos matrimoniales varían de acuerdo a la cultura de cada región, sin embargo, su propósito es el mismo: unir a una pareja para toda la vida... A menos que antes llegue el divorcio.

Modestino definió al matrimonio como “la unión de un hombre y de una mujer para toda la vida, según la ley divina y humana”. Como ahora, el propósito del matrimonio en la Roma antigua era el de formar un hogar, que en el caso de las clases acomodadas, podía incluir a cientos de personas: esposa, hijos, sirvientes, y esclavos... El pater o padre no formaba parte de la familia, ya que era su propietario.

Contrariamente a lo que después dictaría el cristianismo, el matrimonio romano no era indisoluble, simplemente implicaba la voluntad de constituir una sola unidad social, así como el uso de propiedades comunes. Lo que distinguía al matrimonio verdadero del concubinato era el honor matrimonii, la dignidad social y el decoro con que un marido debía tratar a su esposa, y que se manifestaba a través del amor (affectio maritalis). Para que el matrimonio tuviera validez legal, tenía que existir un mutuo consentimiento. Asimismo, debían llevarse a cabo diversos ritos: el compromiso, el acuerdo de la dote, la procesión ceremonial de la novia y de sus acompañantes a la casa del novio, el banquete de bodas, etc.

El matrimonio germánico, mientras tanto, era un acto social en el que bastaba la cohabitación de la pareja. Podía consumarse de tres formas: por compra de la novia, que consistía en una mera transacción comercial (la novia era la mercancía); por rapto o captura, que suponía un secuestro forzado (también es conocido como matrimonio por violación); y por mutuo consentimiento (el más civilizado de todos). Con la llegada del cristianismo, estas costumbres se fueron debilitando hasta desaparecer. Fue así como se logró regular el incesto y, por tanto, las malformaciones en los recién nacidos. Sin embargo, los derechos de los hijos ilegítimos se deterioraron enormemente, ya que el objetivo de la Iglesia era el de eliminar las relaciones irregulares.

La poliandria, por otro lado, es una desviación de la forma típica del matrimonio secular que consiste en la unión de una mujer con varios hombres al mismo tiempo. Ha sido practicada por numerosas tribus en distintos momentos: árabes, bretones, hindúes, tibetanos y neocelandeses, entre otros. Aunque la monogamia y la poligamia son mucho más comunes, existe un número considerable de relaciones poliandras, generalmente fraternas: los esposos de un grupo conyugal son todos hermanos. Cabe destacar que el primer marido tiene mayores derechos conyugales y domésticos que los otros, por lo que, en cierta manera, la poliandria tiende hacia la monogamia. La novia no se casa con un individuo, sino con una familia.

Durante cientos de años, el matrimonio en occidente significó un negocio. En Europa, los casamientos de los nobles eran todos arreglados, constituían una estrategia para hacer vínculos sólidos con otras naciones y así incrementar el poder y la riqueza del reino. Fue en el siglo XVIII cuando se pensó que el enamoramiento debía ser la razón principal para contraer matrimonio. La elección de una pareja dejó de basarse en intereses económicos y políticos, de forma que los sentimientos comenzaron a regir el rumbo de la búsqueda. Dicha concepción permaneció intacta hasta el siglo XX.
A comienzos de la década de los cincuenta, hombres y mujeres de todo el mundo soñaban con el día de su boda. El matrimonio se convirtió en un ideal romántico aprendido en televisión: el marido proveedor, el ama de casa, los hijos encantadores y un perro llamado “Spike” eran los protagonistas de las fantasías juveniles. Las personas se casaban antes de adquirir la madurez suficiente para asumir las responsabilidades que implicaba el matrimonio; es por ello que el índice de divorcios en los Estados Unidos aumentó en un 100% entre 1966 y 1977.

Las últimas décadas se han caracterizado por el debilitamiento de la institución del matrimonio. El secularismo, la inserción de las mujeres al ámbito profesional y una cultura individualista son algunas de las causas por las cuales el futuro del matrimonio, como lo conocemos hoy en día, se antoja incierto. De acuerdo con estadísticas del INEGI, en 2008, los matrimonios en México disminuyeron un 1.5% con respecto al año anterior, los divorcios aumentaron un 3.2%; mientras que dos de cada 10 personas con pareja viven en unión libre. Al parecer estamos volviendo al modelo germánico, en donde la cohabitación de la pareja era suficiente para justificar la formación de un hogar.

Tal vez lo importante no sea el documento que legitima la unión, sino la voluntad de las personas que han decidido unirse. Los matrimonios no se construyen con vestidos hermosos, promesas efímeras ni fiestas inolvidables, sino con amor, comprensión y elecciones conscientes. Idealizar al matrimonio, convertirlo en un cuento de hadas, puede llevarnos a ser infelices el resto de nuestras vidas.

lunes, 19 de julio de 2010

México: ¿qué tal un cambio de imagen?


Siempre es curioso conocer la imagen que en el extranjero tienen de nosotros. A veces, más bien, preocupante. He llegado a escuchar de todo: que si México forma parte de Estados Unidos, que si aquí hablamos portugués, que si conocemos el microondas… Otros imaginan que el país entero es un rancho colmado de gallinas y que el principal medio de transporte es el burro o el caballo. ¿Ignorancia?, ¿demasiadas películas de Pedro Infante? La realidad es que la imagen que proyectamos al mundo deja mucho que desear.
Hace una semana, me encontraba en un hotel en Zurich. Encendí la televisión y busqué algún canal en inglés (desafortunadamente, no hablo alemán y mucho menos el alemán de Suiza), así que me conformé con el noticiario de la BBC de Londres, que ese día presentaba un documental acerca de la corrupción en México. Vi los rostros de algunos gobernadores, granaderos, mexicanos quejándose de la situación económica y de la inseguridad; luego un par de periodistas ingleses se adentró en el ya gastado tema del narco. En ese momento, apagué la televisión y miré por la ventana: calles limpias y tranquilas, monumentos bien preservados y montañas espolvoreadas con casitas como sacadas de un cuento de hadas… ¡Nuestro país debe parecerles un infierno!
Pero pocos saben de la belleza del Centro Histórico, de Chapultepec y Tenochtitlán; del Paseo de la Reforma, de las muy primermundistas Santa Fe e Interlomas, del Jardín del Arte en San Jacinto, de la Colonia Condesa y la plaza de Coyoacán. Mucho menos de nuestros valiosísimos museos. Casi nadie ha oído hablar de Puebla de los Ángeles, con más trabajo de la pirámide de Cholula, de Tepoztlán o del Cerro de la Silla. De los ojos tapatíos, de nuestra gastronomía laureada internacionalmente, de la UNAM o de las inigualables playas mexicanas. ¿Cuántos han escuchado al auténtico mariachi? ¿Cuántos han admirado la variedad de nuestras artesanías? ¿Cuántos saben lo que significa el término pueblo mágico? Porque tenemos decenas…
Es verdad que el gobierno es corrupto, que el nivel de analfabetismo es elevado, que las calles son inseguras, que los cárteles son poderosos y que padecemos toda clase de carencias estructurales. Sin embargo, los aspectos negativos no tienen por qué anular nuestra parte luminosa. Tal vez si los medios de comunicación dejaran de cultivar tanto el género del “jodidismo”, las cosas serían diferentes. Debe ser terrible para un extranjero llegar a nuestro país, encender la televisión, y encontrarse con un reportaje sobre el crimen organizado o con un ridículo drama de Televisa. Voto por más contenidos culturales y por mejores estrategias de difusión turística. Aunque me parece que la mejor publicidad para México es la que le hacemos nosotros, los mexicanos.

lunes, 21 de junio de 2010

¡Muy mexicanos y a mucha honra! ¿Te cae?


Una cultura está condicionada por cierta estructura mental del hombre y los accidentes de su historia. En México no podemos hablar de una cultura original, ya que emergimos de los escombros de una y de las imposiciones de otra. En éste, el año del Bicentenario, vale la pena preguntarnos: ¿qué es la mexicanidad?
¡Muy mexicanos y a mucha honra! Hablamos maravillas de la herencia indígena, pero discriminamos a sus descendientes; criticamos a los gringos por habernos quitado la mitad de nuestra tierra; porque siempre meten la nariz en donde nos les llaman, porque estamos hartos de ser su patio trasero... Y, sin embargo, nos partimos el lomo para alcanzar el estilo de vida U.S.A. Por lo tanto, un primer elemento de la mexicanidad es la hipocresía.
Como diría Rodolfo Usigli, “éste es un país de gesticuladores.” Los fracasos de la cultura en nuestro país no han dependido de una deficiencia de ella misma, sino de un vicio en el sistema con que se ha aplicado. Tal sistema vicioso es la imitación. El mexicano se deslumbra fácilmente. Las bien organizadas ciudades del primer mundo; su arquitectura majestuosa y sus habitantes tan sofisticados, lo hacen sentir inferior. He ahí la raíz de nuestra larga historia de imitación: de afrancesamientos y “agringamientos”. Disfrazamos la cultura a tal grado, que resulta difícil vislumbrar la realidad que se esconde detrás de la máscara.
Es cierto que hubo un mestizaje, pero sólo de razas, ya que cuando los indígenas se pusieron en contacto con los colonizadores, su cultura quedó prácticamente destruida. No somos un pueblo de astrónomos y matemáticos; tampoco nos comunicamos en náhuatl o zapoteco. Hablamos español, la religión oficial de este país es la católica y vivimos a la occidental. O al menos eso intentamos.
México también es un país de perezosos. La mayoría navega por la vida con el imperativo del mínimo esfuerzo y la imagen del fracaso instalada en lo más profundo de la conciencia. Son pocos los científicos afamados, los escritores mundialmente reconocidos, y ni siquiera puede hablarse de una filosofía mexicana. Asumimos las ideas y teorías importadas de Europa sin un espíritu crítico verdadero. Porque si lo dicen ellos, “¡seguro es verdad!” No es de extrañarse, ya que los países jóvenes como el nuestro tienen que afianzar su estructura política y económica para luego enfocar su atención en cuestiones menos elementales como la ciencia, el arte y la filosofía.
Somos un pueblo guadalupano y “pambolero”; hospitalario y “apocadito”. En el extranjero nos identifican con sombreros, nopales y charros; tal vez alguno mencione a Pedro Infante o a Diego Rivera. Pero, ¿en qué radica nuestra identidad?, claro, si podemos hablar de una identidad mexicana. Sólo un 10% de la población habla lenguas indígenas, y sin embargo la Wikipedia y otros sitios web definen la mexicanidad como: “el carácter genérico de todos los pueblos indígenas que habitan dentro del país en relación con otros pueblos del mundo que se ha ido anexando al modo de ser de los mexicanos.”
En su ensayo “Máscaras mexicanas”, Octavio Paz define al mexicano como un “simulador”; un ser desconfiado, receloso y xenofóbico, que tiene una engreída manera de no ser. ¡Vaya que nos dio en la torre! Pero hay verdad en sus palabras. La mexicanidad es indeterminación, una identidad borrosa que sólo parece aclararse el 12 de diciembre y durante la Copa Mundial de Fútbol. También en este año de Bicentenario.

domingo, 13 de junio de 2010

Casas llenas, corazones vacíos


En este mundo de inmediatez, todo es síntesis: el lenguaje, las relaciones, el trabajo, la espiritualidad… Cuando la conciencia pide una pizca de reflexión o cuando el espíritu se deprime, simplemente se le sube el volumen a la vida: el objetivo de la industria del entretenimiento es mantenernos alejados de los pensamientos “peligrosos” (crisis existenciales o preguntas trascendentes que podrían sacarnos de nuestra zona de confort). Para casos más severos, como el “soma” en Un mundo feliz, se ingieren copiosas cantidades de alcohol. Si la soledad y el vacío espiritual se tornan insoportables, existen los estupefacientes. Los más cuerdos tal vez decidan recurrir a un profesional de la salud mental, los “curadores de almas” de la época posmoderna. Siempre es mejor que las drogas sean prescritas por un médico…
Este es el escenario de nuestros días. Las etapas de desarrollo no coinciden con los procesos biológicos. La niñez se interrumpe antes de que aparezcan los primeros signos de la pubertad; la adolescencia se alarga y la adultez es aborrecida. Se quiere vivir eternamente en la juventud, con una pantomima de espiritualidad, como si fuéramos simples cuerpos a la deriva de un mar furioso. Y, sin embargo, no somos felices.
Nuestros mecanismos son automáticos: estudiar, trabajar, fingir que todo está bien, platicar un par de minutos con el vecino que nos es indiferente; ver dos horas de televisión, perder otra más en internet. Luego llega el fin de semana de romper rutinas. Pero también tenemos una rutina para el fin de semana: viernes de fiesta, sábado de dominó, domingo de cine. Y, como sofisticados robots japoneses, volvemos a programarnos porque se acerca el lunes.
Es verdad que el silencio puede causar temor, porque entonces nos encontramos a solas con nuestros pensamientos, pero evadir la realidad, disfrazarla con llamativos colores, diluirla con actividades frívolas, no va hacernos más felices. A veces hay que desconectarse un rato, escuchar esa voz interior que clama por ser atendida: ¿qué me falta por hacer?, ¿lo que hago, lo hago por vocación?, ¿por qué, aunque estoy rodeado de personas, me siento tan solo?
Somos seres de consumo, pero, evidentemente, algo anda mal en este estilo de vida auspiciado por el capitalismo. Nuestras casas están llenas de objetos, pero, en nuestro interior, aletea un desencanto, un vacío espiritual imposible de llenar desde el exterior. Lo único que puede brindarnos un poco de consuelo es el autoconocimiento, que, desafortunadamente, no se vende en ninguna tienda departamental. Meditemos, escuchemos el silencio, empecemos haciéndonos una simple pregunta: ¿qué quiero realmente de la vida?

lunes, 7 de junio de 2010

Busque extraterrestres desde la comodidad de su hogar


Cuando escuchamos el término: “vida extraterrestre”, generalmente pensamos en películas y novelas de ciencia ficción. Sin embargo, la vida extraterrestre es un tema que muchos científicos abordan con gran seriedad. El proyecto SETI: Search for ExtraTerrestial Intelligence, o Búsqueda de Inteligencia Extraterrestre, nació en 1960, bajo el seno de la NASA. Su objetivo, encontrar formas de vida inteligente fuera del planeta Tierra. En 1993, el Congreso de los Estados Unidos eliminó el proyecto SETI del presupuesto de la Agencia Espacial Norteamericana, no obstante, cientos de radiotelescopios alrededor del mundo siguen monitoreando el Universo. Personajes como Steven Spielberg, y el cofundador de Microsoft, Paul Allen, junto con otros donadores privados, han hecho posible que la búsqueda continúe. Hoy, usted puede ayudar al proyecto SETI desde la comodidad de su hogar, y para ello no tiene más que bajar una especie de protector de pantalla de internet.
Los medios utilizados para intentar establecer contacto son las ondas de radio, ya que su producción tiene un bajo coste y se propagan a la velocidad de la luz. Uno de los objetivos es enviar señales desde la Tierra; el otro, escuchar con atención. Suponiendo que los alienígenas también estarán mandando señales de radio al espacio, los científicos del proyecto SETI buscan captar señales anómalas provenientes de planetas lejanos.
Independientemente de la emisión de mensajes intencionados, desde hace más de setenta años los programas de radio y televisión viajan por el espacio sideral. El discurso de Hitler para inaugurar los Juegos Olímpicos de 1936 fue la primera transmisión cuya potencia fue lo suficientemente grande para que llegara al Universo. En la película Contacto, basada en la novela homónima del célebre astrónomo Carl Sagan, hay una escena en la que se plantea que una civilización extraterrestre captó el mensaje de Hitler, que había tardado veintinueve años luz en llegar hasta ellos, y lo había mandado de vuelta a la Tierra en señal de recibido. Y aunque esto sólo es ficción, es una ficción que no tiene nada de inverosímil.
En 1977 se envió un mensaje de paz a las posibles civilizaciones extraterrestres del Universo: un disco de oro que, junto con el sistema de escucha y las correspondientes instrucciones, se introdujo en la sonda Voyager 2. El contenido del disco fue confeccionado por Carl Sagan y significó una medida de relaciones públicas por parte de la NASA. Incluía, entre otras cosas, un saludo en cincuenta y cinco idiomas, el llanto de un bebé, el encefalograma de los impulsos eléctricos de una mujer enamorada, noventa minutos de música de todo el mundo y un mensaje de paz. Sin embargo, escuchar resulta mucho más prometedor que enviar mensajes al espacio.
El radiotelescopio de Arecibo, en Puerto Rico; el radiotelescopio Parkes en Australia, y el Green Bank, en Estados Unidos, buscan señales artificiales en el entorno de unas mil estrellas similares al Sol en un círculo de doscientos años luz alrededor de la Tierra. Para poder analizar la enorme cantidad de datos captada por los radiotelescopios, se creó una red informática mundial conformada por varios millones de computadoras pertenecientes a personas como usted y como yo. El proyecto SETI@home permite bajar una especie de protector de pantalla que comienza a funcionar cuando no se está utilizando la computadora y termina cuando el usuario vuelve al trabajo. Entretanto, SETI utiliza la computadora para buscar inteligencia extraterrestre analizando los datos recogidos por el radiotelescopio de Arecibo. Cinco millones de usuarios en más de 200 países han contribuido con 19, 000 millones de horas computadora. Sin embargo, hasta el momento, SETI@home no ha encontrado nada inusual. De hecho, desde que comenzó a monitorearse el Universo, sólo se ha recibido una señal sospechosa. Conocida como Señal Wow!, fue emitida desde la zona oeste de la Constelación de Sagitario y recibida en 1977 por un profesor de la Universidad de Ohio, en Estados Unidos. Los astrónomos del mundo festejaron en grande, aunque todavía no ha podido comprobarse si la señal fue emitida o no por seres extraterrestres.
Ingrese a hispaseti.org, el sitio en español, y baje de forma gratuita el programa. Colabore con la ciencia sin mover un dedo. ¿Quién sabe? Ir por un café después de una larga jornada de trabajo podría convertirse en la proeza más grande de su vida. En su ausencia, una señal extraterrestre podría ser captada por su computadora. Y entonces, casi sin darse cuenta, habrá cambiado para siempre la concepción del hombre y del Universo.

lunes, 31 de mayo de 2010

Let the music be


Debo confesar que cuando mi papá me dijo que había comprado boletos para el concierto de Paul McCartney no me emocioné demasiado. Conocía algunas canciones, las que todo el mundo se sabe: los clásicos de hoy y siempre que pasan por Radio Universal. Crecí escuchando a Creedence y a los Rolling Stones. Bailaba al ritmo de “You really got me” y recuerdo que cierta canción del cuarteto de Liverpool me hacía vibrar como ninguna otra. “¿Qué quieres escuchar, hija?”, me decía mi papá cuando paseábamos en coche. Y la respuesta siempre era la misma: “Help!”. “¡Pon a los ‘bitls’, papi!” El pobre tenía que chutársela cinco, diez veces… Ya más grandecita, empecé a explorar. Mtv era mi enciclopedia y, prácticamente, el único canal de televisión que me interesaba. Olvidé a los Beatles y a los grupos de los tiempos de mi señor padre, y me enfrasqué en géneros más contemporáneos que me parecían muy cool. Sin embargo, y para mi sorpresa, el concierto de Sir Paul resultó ser toda una revelación. Me di cuenta de que la música puede cambiar al mundo, nada más y nada menos.
Mi papá, mi primo Eugenio y yo entramos al Foro Sol junto con otras 50, 000 personas. Cuando ocupamos nuestros lugares, empezó a llover. Nos pusimos las capitas de plástico de a diez pesos que habíamos comprado afuera y me dije: “Diablos, segurito me voy a enfermar, falté a clase por venir a ver a este señor y ni siquiera me gusta tanto”. Encendieron las luces del escenario, se escucharon gritos histéricos, chiflidos. Las expresiones eran desaforadas. Entonces lo vimos entrar como toda una leyenda, vestido con un traje estilo Sargent Pepper.
No conocía la mayor parte de las canciones, pero me dejé seducir rápidamente. Al poco tiempo, Eugenio y yo bailábamos como dos hippies. Se escucharon los primeros acordes de “Hey Jude” y nos miramos con los ojos desorbitados. Esa sí la conocíamos. 50, 000 personas con las manos levantadas, prendiendo y apagando encendedores al ritmo de la música con tal sincronía, que parecía que habían ensayado el acto por meses. Ya no éramos miles de desconocidos en un recinto, éramos uno solo viviendo una experiencia que, me atrevo a decir, fue mística.
De acuerdo con la física cuántica, todo lo que existe en este planeta y fuera de él es energía. El doctor Masaru Emoto descubrió que la estructura molecular del agua, sometida a vibraciones como el sonido de la música o la influencia de palabras positivas, adopta increíbles formas simétricas. Según él: “La más poderosa combinación de pensamientos en términos de capacidad de transformación y de sanación son ’amor’ y ‘gratitud’, ya que al emitir estas palabras sus vibraciones hacen que los cristales aparezcan hermosos y armónicos”. Las ideas y los estímulos positivos como la música armoniosa; o negativos como los sonidos estridentes, son capaces de transformar la materia, incluidos los cristales de agua; y, dado que los seres humanos somos 70% agua, imagine lo que dichas vibraciones pueden producir en nosotros. Así que mejor tenga cuidado con lo que piensa y con lo que escucha.
El pasado 27 de mayo, formé parte de un cambio molecular masivo. Estoy segura de que, mientras coreábamos “Yesterday” o “Let it be”, los cristales de nuestra agua interior crearon formas muy bellas. John Lennon decía que “la música nos pertenece a todos”; Platón, que “la música es para el alma, lo que la gimnasia para el cuerpo”. Yo digo que la música estimula nuestro ser más primario y es lo más cercano a lo sublime…

lunes, 24 de mayo de 2010

Generación Y: ¿Generación desperdicio?


El otro día, mientras veía un documental sobre el movimiento hippie, imaginé lo que dirían los documentales del futuro acerca de mi generación. Los “chicos Y”, nacidos entre 1982 y 1992, también conocidos como “Internet generation”, “Google generation”, “Millenials” o “Generación Why”, encontraron un mundo que empezaba a llenarse de cables, monitores, teléfonos celulares y gadgets de todo tipo. Desde muy pequeños aprendieron a usar la computadora y, en casa, eran los encargados de instalar videocaseteras y estéreos que resultaban demasiado sofisticados para los románticos de sus padres, que se aferraban al viejo tocadiscos y a sus películas Betamax.
Los “yes” pasaron la mayor parte de su infancia bajo los cuidados de “mamá televisión”. Cuando mamá se ponía aburrida, siempre podían refugiarse en los controles de “papá videojuego.” Y, cuando buscaban una experiencia más sensible, se tiraban en el piso a jugar con sus tazos. Esos debieron haber sido los años más felices del buen señor Sabritas. Luego llegó el internet.
La vida nunca volvería a ser la misma. Las pláticas telefónicas fueron sustituidas por eternas conversaciones virtuales en chats y en ICQ, descanse en paz. El Messenger sí llegó para quedarse. Hasta papás y tíos terminaron por agarrarle la onda (después de un tiempo). Y qué decir de las redes sociales y su atracción fatal. No me extrañaría que la primera palabra de mi sobrinito sea: “Facebook”.
En este mundo controlado por el “dios tecnología”, el placer inmediato es lo más importante. A muy pocos les importa la capa de ozono o que la ballena azul esté en peligro de extinción. El dinero es el impulso vital. Dinero para vivir con mayor confort, para comprar más tecnología. Si no, ¿para qué diablos existe el trabajo?
Los “chicos Y” ya no le compran el speech a la Iglesia. Muchos son ateos, agnósticos, pseudo budistas o “new ageeros”. El resto, simplemente, piensa que la espiritualidad está pasada de moda. Para llenar ese vacío existencial está el alcohol (que empieza a consumirse antes de los 15 años), las drogas y el sexo casual. La mayoría cree que la institución del matrimonio es obsoleta, también esa cosa extraña llamada noviazgo. Cualquier forma de compromiso es más temida que el ántrax.
Debe haber neblina en la conciencia, ruido, y los audífonos del Ipod siempre a la mano para mitigar cualquier pensamiento desagradable: “¿la vida tiene sentido?”, “¿existe el amor?”, “¿con la muerte se acaba todo?” “Eeeeequis, voy a comprar la nueva rola de Lady Gaga por internet. Ahh, ¡pero qué chida es esa vieja!”
Los menos apáticos son los outsiders, aquellos que no se conforman con este estilo de vida. Se unen a grupos defensores de los derechos humanos o a Greenpeace. Discuten sobre problemas de interés mundial y sobre religión. Hacen frente a sus dudas existenciales y buscan una forma de espiritualidad que satisfaga su personalidad escéptica. Estos pobres son los que más sufren, porque tienen la conciencia desgarrada. Se encuentran insertos en un mundo de relaciones impersonales, materialismo y culto al cuerpo, pero añoran una vida no vivida: más cercana a las personas y a la naturaleza; una vida en la que el trabajo se haga por pasión y no por dinero. Pero la realidad interior y la realidad exterior parecen irreconciliables.
En ese documental del futuro no se hablará de grandes movimientos sociales ni de verdaderas contraculturas. Portadores de la información, que nos llega más rápido que si hubiéramos contratado los servicios de Hermes, el mensajero de los dioses, decidimos hacer casi nada con ella. Tal vez nos llamen la “Generación desperdicio”. “Tenían todo lo que cualquiera hubiera deseado para generar un cambio, pero estaban demasiado distraídos como para hacer uso de su poder y libertad.”

lunes, 17 de mayo de 2010

Crimen y paternidad


"El porvenir de un hijo depende de su madre"

Napoleón Bonaparte.


La personalidad comienza a forjarse durante los primeros años de la infancia. En este periodo, todo es increíblemente significativo: un paseo, un juguete, un premio o un regaño. Los cimientos del edificio de la mente comienzan a levantarse. Y en este proceso, mucho tienen que ver los padres. Si son amorosos o desapegados; si están presentes o ausentes; si son funcionales o disfuncionales. Tener un hijo por tenerlo, por mera convención social, sin verdadera convicción, es la peor de las irresponsabilidades. No sólo para con el niño, sino para con la sociedad y, a veces, el mundo entero.
Jim Jones nació en un tranquilo pueblo de Indiana en 1931. Sus padres, ausentes la mayor parte del tiempo, se encargaron de que su infancia fuera fría, violenta y solitaria. Refugiado en la casa de una tía muy religiosa, encontró en la Biblia el consuelo perfecto para su desencanto. Jugaba al predicador con sus amigos o leía capítulos del Antiguo Testamento en las esquinas y los parques. Se convirtió en un joven generoso y admirado por la comunidad. No obstante, quienes lo conocían bien, confesaban que había algo extraño, una cierta perversidad, un rencor en sus ojos. A los veinticinco años de edad fundó la secta del Templo del Pueblo y, lo que empezó como un proyecto altruista, se convirtió en una espeluznante tragedia. En 1978, paranoico y enfermo de poder, Jim Jones convocó a uno de los suicidios colectivos más grandes de la historia. Mil personas murieron esa noche de noviembre. Él mismo se quitó la vida, o quizás alguien, cansado de sus abusos y manipulaciones, decidió volarle los sesos con una escopeta.
Todos conocemos los crímenes de Charles Manson, pero ¿conoce usted la historia de su infancia? Hijo de una prostituta de dieciséis años, Manson asegura que lo único que su madre le enseñó es que todas las personas dicen mentiras y que es imposible confiar en alguien. "Cuentan que mamá estaba en un café una tarde. Yo estaba en su regazo. La camarera, entre bromas, dijo que me compraría. 'Una jarra de cerveza y es tuyo', dijo mamá. La camarera trajo la cerveza y mamá salió del lugar sin mí. Días después, mi tía tuvo que buscar a la camarera por todo el pueblo para traerme de regreso".
Ahora veamos el caso de Afolf Hitler. Su padre era un funcionario de aduanas, violento, alcohólico y mujeriego que golpeaba a sus hijos y a su esposa, que murió en un manicomio. La suya es una historia de soledad y rencor contenido que provocó nada más y nada menos que el Holocausto.
Detrás de todo criminal, generalmente hay una historia de abandono y violencia. Es verdad que la predisposición genética al crimen es un factor importante, pero, en muchos casos, una vida familiar amorosa y una educación responsable pueden impedir que dichos detonantes se activen. Los padres son los primeros escultores de la personalidad, por ello no deben tomarse a la ligera la crianza de sus hijos. Como bien decía Goethe: “Podrían engendrarse hijos educados, si lo estuvieran sus padres”.

lunes, 10 de mayo de 2010

Robots más humanos: humanos más robóticos


Hace sesenta años, Isaac Asimov vislumbró un mundo lleno de robots, edificios inteligentes y redes de computadoras capaces de intercambiar información. En muchas de sus novelas y cuentos, el autor de ciencia ficción habla de sociedades sometidas por las máquinas, aparentemente invencibles. Ante la realidad de nuestro tiempo, Isaac Asimov podría llegar a convertirse en un profeta. Hoy existe una red mundial de información, robots capaces de emular el comportamiento humano e incluso casas inteligentes gobernadas no por sus dueños, sino por una computadora.
Los robots no humanoides tienen una historia de varias décadas. En el ámbito de la industria, empezaron a utilizarse hace más de treinta años. Se trataba de simples brazos multiarticulados capaces de realizar tareas programadas, como la pintura, la soldadura o la carga de maquinaria.
En la actualidad, la vida sin robots resulta inconcebible: exploran lugares inhóspitos de la Tierra y el Sistema Solar, realizan tareas domésticas, e incluso auxilian a los médicos en delicadas cirugías. Los robots pueden tener la fría forma de una máquina, o un aspecto humanoide, como los robots bípedos que sortean obstáculos y juegan fútbol. ¿Sirvientes o simples curiosidades? El catálogo es variado. Sin embargo, ningún esfuerzo en investigación robótica es inútil. Al parecer, nos encontramos en los albores de una era protagonizada por la inteligencia artificial. Y para muestra, basta un botón.
Microsoft, la compañía multinacional líder en la fabricación de software, ha construido la casa más inteligente del mundo. Ubicada en Redmond, Washington, la casa parece el escenario de un cuento de Asimov: el visitante es recibido por Grace, la computadora que lleva las riendas de la casa. Con sólo pedirlo, Grace enciende o apaga las luces; en la pared, proyecta información sobre la temperatura y los mensajes recibidos durante el día. El mostrador de la cocina despliega un menú de opciones para preparar toda clase de recetas; el refrigerador hace las compras vía Internet, mientras Grace le recuerda a su amo que es hora de tomar su medicina.
La decoración de los cuartos se proyecta en las paredes y puede cambiarse a discreción: fotografías, imágenes móviles, floreros y paisajes… De hecho, se puede interactuar con casi cualquier objeto de la casa. Flora Peabody, gerente de Programas Redmond, dice que el objetivo es humanizar la tecnología, y espera que en unos diez años la casa del futuro deje de ser una curiosidad tecnológica para convertirse en una realidad práctica.
Pero esto no es todo. Hoy en día, los científicos trabajan en robots capaces de aprender de los humanos. El robot observa como usted sirve una taza de café y, paso seguido, reproduce la acción. Por maravilloso que esto parezca, emular el comportamiento humano puede convertirse en algo muy peligroso. El robot puede aprender a servir una taza de café, pero también puede aprender a cometer crímenes.
Otros robots parecen totalmente inofensivos y son el sueño de cualquier ama de casa: barren, trapean, sacuden el polvo y planchan la ropa. Lucen como simples electrodomésticos, pero se diferencian de ellos porque tienen “inteligencia”. Son capaces de detectar cambios en el entorno y de actuar en función de lo que perciben. Robotina se quedaría corta a lado de uno de estos encantos del siglo XXI.
No obstante, existen robots que no sólo son capaces de aprender, sino también de evolucionar. Éste es el gran peligro del que hablaba Asimov: temía que la inteligencia artificial desarrollara autonomía y dejara de obedecer al hombre, que podía llegar a ser rebasado por su creación.
Kim Jong-Hwan, director del Centro de Investigación para la Creación de Robots Inteligentes de Corea del Sur, dice haber diseñado un androide con catorce cromosomas artificiales que le permiten tener personalidad, razonar, sentir pasión e incluso reproducirse. Esta “nueva especie de inteligencia artificial” es capaz de reaccionar ante 47 órdenes distintas; de sentir felicidad, tristeza, hambre y sueño. Hwan considera que su creación guarda grandes similitudes con los androides que protagonizan los relatos de “Yo Robot”, y confiesa que: “esto podría ser muy peligroso para la humanidad, pero si dotamos a los robots de cromosomas artificiales buenos, no existirá tal amenaza”.
La bioética está muy de moda, pero ¿qué sucede con la inteligencia artificial?, ¿quién la regula? Por el momento, parece un mundo de anarquía. Un robot con autonomía y capaz de evolucionar puede volverse impredecible. Y esto sólo significa una cosa: La pérdida de control del hombre sobre la máquina.
Hoy creemos estar en la era de oro de la tecnología, pero también es verdad que somos más dependientes de las máquinas, más apáticos e inútiles que nunca. Posiblemente muy pronto no podamos pensar por nosotros mismos; quizás en un futuro no muy lejano el mundo sea gobernado por los robots. Ellos, cada vez más humanos; nosotros, cada vez más robóticos. Aunque todavía estamos a tiempo de defender nuestra autonomía y libertad.

lunes, 3 de mayo de 2010

La risa: remedio infalible


Reír es tan fácil. Yo no sé porque a algunas personas les cuesta tanto trabajo soltar una buena carcajada. Carreño decía que la risa discreta era símbolo de distinción. Que las damas debían reír con musicalidad y escondiendo los dientes detrás de un abanico; y los caballeros emitiendo rítmicos espasmos mientras daban palmaditas a su interlocutor. Señor Carreño, habrá de disculparme, pero la risa es la antítesis del método científico. Es sinónimo de espontaneidad, una explosión parecida a un orgasmo, una señal de alegría; es situarse en el tiempo presente. Es ser humano.
Las hay de varios tipos: la risita nerviosa, la carcajada, el cascabeleo, el hipido, la risa malévola y la risotada. Todas ellas muy buenas para la salud. Hunter “Patch” Adams, médico, activista, diplomático, actor y payaso profesional, es el inventor de la llamada risoterapia, que utiliza técnicas como la expresión corporal, el juego y la danza para lograr la relajación y, finalmente, la carcajada. Pero la terapia de la risa no es algo nuevo: hace más de 4, 000 años, en el antiguo imperio chino, las personas se reunían en templos exclusivamente para reír. Por otro lado, en ciertas tribus ancestrales, existía la figura del “doctor payaso” o “payaso sagrado”, hilarante hechicero que se encargaba de curar a las personas a través del poder de la risa.
Se ha comprobado que la risa sincera rejuvenece, elimina el estrés; reduce los niveles de ansiedad, depresión y colesterol; ayuda a bajar de peso, combate el insomnio y aminora los síntomas de cualquier enfermedad. Ayuda a desbloquear las emociones y es el camino perfecto para el autoconocimiento y el desarrollo espiritual. La risa conduce al éxtasis: estado en que el alma se encuentra completamente embargada por un sentimiento de admiración. Freud pensaba que las carcajadas liberaban al organismo de las energías negativas. Y no estaba equivocado: la corteza cerebral libera impulsos eléctricos negativos un segundo después de que se ha comenzado a reír.
Pero tenga cuidado, el poder de la risa es tan grande, que incluso puede llegar a matar. En el año 398 a. C, el pintor griego Zeuxis murió de risa mientras pintaba una escena cómica. En el siglo III antes de nuestra era, el filósofo heleno Crisipo murió de un ataque de risa después de haberle dado a tomar vino a su burro y ver como el pobre animal intentaba bajarse la borrachera comiendo un trozo de cactus. Se dice que en 1660, el aristócrata escocés Thomas Urquhart, primer traductor de Rabelais al inglés, murió de risa al enterarse de que Carlos II de Inglaterra había ascendido al trono. El 24 de marzo de 1975, Alex Mitchell, un albañil de cincuenta años de edad de King's Lynn, Inglaterra, se murió de risa mientras miraba un episodio de la serie The Goodies. Después de veinticinco minutos de risa continuada, Mitchell finalmente se derrumbó en el sofá y murió de un ataque cardíaco. Su viuda le envió una carta a los Goodies agradeciéndoles por haber hecho que los últimos momentos de la vida de su esposo hubieran sido tan agradables. Así que, por lo que más quiera, nunca diga la frase “me muero de risa”, tampoco le recomiendo darle de beber a su burro o mofarse de la realeza de la Gran Bretaña.
Todo exceso es malo, pero una buena dosis de risa diaria es indispensable para la buena salud. Hunter “Patch” Adams ha salvado vidas con su terapia y ha aliviado el sufrimiento de cientos de personas. Su trayectoria de “médico payaso” comenzó en Rusia, en un hospital donde no se permitía el suministro de sedantes. Ahí conoció a una madre, cuyo hijo, enfermo de cáncer de médula ósea, llevaba seis meses gritando de dolor. “Me fui a hacerle muecas y piruetas y, durante la hora y media que estuve con él, los gritos se acabaron”.
Aristóteles describía a la risa como “un ejercicio corporal valioso para la salud”, y la medicina psicosomática se ha cansado de demostrarlo. Nunca hay que olvidar el proverbio del rey Salomón: “Un corazón alegre nos hace tanto bien como una medicina, mientras un espíritu quebrantado nos seca hasta los huesos”.

lunes, 26 de abril de 2010

El efecto Pigmalión


En su libro Las metamorfosis, Ovidio escribió el mito de Pigmalión, antiguo rey de Chipre que en lugar de buscar una esposa que le diera descendencia, se pasaba los días trabajando en esculturas de marfil que representaban a hermosas mujeres. Pigmalión se enamoró de una de sus creaciones, que bautizó con el nombre de Galatea. La admiraba día y noche; sufría porque ella no era más que una fría estatua de marfil. Pero la diosa del amor se compadeció del miserable Pigmalión y convirtió a Galatea en una mujer de carne y hueso. Ahora imagine que usted es una estatua. Puede ser siempre de marfil, pero si alguien cree y espera que cobre vida, muy probablemente lo hará. Esto es lo que en psicología se conoce como efecto Pigmalión.

Muchas veces el éxito o fracaso depende de las expectativas que los demás ponen en nosotros. Supongamos que tiene un jefe que lo subestima. No importa cuánto se esfuerce, nada parece ser suficiente para él. Nunca pierde oportunidad para ponerlo en ridículo. Al hombre, simplemente, le encanta exhibir su maestría en las artes de la prepotencia. Usted, como es de esperarse, siente que cada jornada laboral es una tortura, pierde la motivación, lentamente se convierte en lo que su jefe había pronosticado. Tal vez renuncie pensando que es un bueno para nada. Pero esto no es necesariamente cierto.

En 1968, el Dr. Robert Rosenthal, reconocido investigador de la Universidad de Harvard, dio a conocer los resultados de un experimento bautizado como “Pigmalión en el aula”. Poco antes de que iniciara el ciclo escolar, se le informó a un grupo de profesores de primaria que algunos alumnos de nuevo ingreso habían obtenido niveles sobresalientes en sus pruebas de inteligencia. Asimismo, se les advirtió que no se dejaran llevar por las apariencias, ya que aunque parecieran ser chicos muy normales, en realidad estarían tratando con auténticos genios. La verdad era que los supuestos alumnos brillantes, no eran más que niños comunes que habían sido elegidos al azar.

A lo largo del año escolar, los profesores le brindaron especial atención a las presumibles lumbreras. Dichos alumnos mejoraron su rendimiento enormemente, su autoestima se vio fortalecida y se mostraron participativos y entusiastas durante las lecciones. De hecho, por increíble que parezca, su coeficiente intelectual se elevó algunos puntos.

El efecto Pigmalión tiene una explicación científica: cuando alguien confía en nosotros y nos lo hace saber, el sistema límbico acelera la velocidad del pensamiento, incrementa la lucidez y la energía; favorece nuestra capacidad de atención, la eficacia y la eficiencia.

Las profecías tienden a cristalizarse cuando hay un fuerte deseo que las impulsa. Del mismo modo que el miedo tiende a provocar que se produzca lo que se teme, la confianza en uno mismo, aunque sea contagiada por un tercero, puede darnos alas. Pero también existe la auto motivación. No es necesario que alguien más nos diga que somos capaces de alcanzar nuestros anhelos para que así sea. Los pensamientos positivos atraen cosas buenas y viceversa. Lo semejante atrae a lo semejante. Esta es la ley de la atracción: el secreto está en nuestra mente.

viernes, 23 de abril de 2010

La fascinante historia del perfume




Desde tiempos remotos, hombres y mujeres se han perfumado. El olor de las flores, la madera, las frutas o las especias era tan placentero que los miembros de las altas jerarquías de la antigüedad quisieron atraparlo en un pequeño frasco de cristal. Les gustaba ser sorprendidos por los aromas e imaginarse que sus palacios estaban tapizados con flores y maderas orientales. Cuando los egipcios asistían a una cena real, recibían guirnaldas perfumadas en la puerta. El suelo y las paredes eran cubiertos con flores y pétalos que perfumaban la habitación en donde habría de llevarse a cabo el banquete. Sin embargo, en un principio los perfumes no se usaban para el deleite humano, sino para agradar a los dioses.

El perfume nació en Mesopotamia con la forma de un incienso que era ofrecido a las deidades para endulzar el olor de la carne animal quemada en los sacrificios. En lo alto de la torre de Babel, los sacerdotes quemaban piras de incienso para que el aroma llegara más allá de las nubes, a la residencia de los dioses. Posteriormente se permitió el uso del perfume a los sacerdotes, después a los reyes, que encarnaban a la deidad en la Tierra, luego a los otros líderes, a sus sirvientes, y así sucesivamente hasta alcanzar la base de la pirámide social.

La primera civilización que utilizó perfume regularmente fue Egipto. Se volvió una obsesión nacional hacia el año 1558 a.C., durante el reinado de la reina Hatshepsut, quien hizo plantar grandes jardines adornados de flores y mandó quemar incienso en las terrazas para que el aroma inundara cada rincón de su palacio. No obstante, Cleopatra fue la quintaesencia de los artistas del perfume. Se dice que recibió a Marco Antonio en una habitación repleta de velas perfumadas. Ella misma se había bañado en perfume para hacer desfallecer a su amante.
Los egipcios empleaban inciensos y perfumes durante sus rituales de adoración y embalsamamiento, sin embargo el perfume también tenía un valor estético y sensual. Se untaban esencias en el cuerpo para protegerse de hechizos o para curar dolencias, igualmente para despedir un aroma agradable y sentirse irresistibles, pues apreciaban sobremanera el contacto de una piel tersa y perfumada. Fueron los egipcios los que descubrieron el método de extracción de la fragancia de las flores; asimismo crearon preciosos frascos de cristal para contener la valiosa y aromática sustancia. Las damas del antiguo Egipto que asistían a una fiesta llevaban un cono de cera perfumada en lo alto de la cabeza; con el paso del tiempo la cera iría derritiéndose cubriendo la cara y los hombros de las mujeres con un perfume meloso y caliente. De la civilización egipcia también proviene la aromaterapia: después del baño, seguía un masaje con aceites aromáticos para relajar los músculos y tranquilizar el espíritu. Originalmente, esta técnica se utilizaba en el embalsamamiento de los cadáveres.

Los hombres más poderosos de la antigüedad se perfumaban con aromas florales. El perfume anunciaba su presencia, extendía su territorio. En la cultura pregriega de Creta, los atletas se bañaban en aceites aromáticos antes de los juegos. Las fuentes en los palacios manaban agua perfumada y las estatuas arrojaban perfume por la boca. Alejandro Magno era un gran devoto de los perfumes y los inciensos, y hacía empapar sus túnicas con esencia de azafrán para dejar una estela aromática por donde quiera que pasase. Los gladiadores, antes de salir a combate, perfumaban cada parte de su cuerpo con una loción aromática diferente. En la antigua Roma la obsesión llegó a ser tal, que tanto hombres como mujeres tomaban baños de perfume.

Con la llegada del cristianismo, el furor comenzó a disiparse, sin embargo no tardaría en renacer. Al volver de la guerra, los cruzados trajeron a occidente el agua de rosas. Desde la Edad Media hasta cerca del fin del siglo XVII, los hombres fueron sucios, pero perfumados. Luis XIV mantenía una cuadrilla de sirvientes dedicada a perfumar sus aposentos con agua de rosas e insistía en que todos los días se creara un nuevo perfume para él. En el palacio de Luis XV, los criados bañaban a las palomas en distintos perfumes y las dejaban libres durante las fiestas, para que esparcieran los aromas cuando volaban por los salones y pasillos. Las mujeres del siglo XVIII espolvoreaban sus cabellos con talco perfumado. La ropa se planchaba con aromas calientes, cada rincón del cuerpo era cuidadosamente perfumado y entre el vestido y la piel se ponían algodones empapados de perfume. Napoleón, antes de salir a la guerra, rociaba sus ropas y sus guantes con agua de colonia hecha de neroli. Isabel I de Inglaterra perfumaba sus guantes con ámbar gris. Asimismo, exigía que sus damas de compañía estuvieran perfumadas para sentir que estaba rodeada de flores. El Corán promete a los más devotos el mismísimo cielo, en donde habrán de ser recibidos por hermosas mujeres de ojos negros hechas de sándalo: mujeres de perfume puro.

Hoy la pasión por los perfumes continúa, y aunque en su mayoría ya no están hechos con esencias de rosas o violetas reales, siguen embriagando nuestros sentidos y excitando la imaginación. Los aromas curan y relajan; se dice que el olor de las manzanas puede reducir la presión sanguínea en personas que sufren de estrés; la lavanda acelera el metabolismo y aumenta la concentración. Nunca subestime el poder de un aroma. Un olor puede traer a la memoria un recuerdo que parecía quedado en el olvido o llevarnos a una tierra lejana al otro lado del mar. Los perfumes nos fascinan porque interrumpen la monotonía de la ciudad con olores propios del campo y la magia. Las palabras se desvanecen, las imágenes se disipan con el tiempo... Un aroma es para siempre.