
Hace sesenta años, Isaac Asimov vislumbró un mundo lleno de robots, edificios inteligentes y redes de computadoras capaces de intercambiar información. En muchas de sus novelas y cuentos, el autor de ciencia ficción habla de sociedades sometidas por las máquinas, aparentemente invencibles. Ante la realidad de nuestro tiempo, Isaac Asimov podría llegar a convertirse en un profeta. Hoy existe una red mundial de información, robots capaces de emular el comportamiento humano e incluso casas inteligentes gobernadas no por sus dueños, sino por una computadora.
Los robots no humanoides tienen una historia de varias décadas. En el ámbito de la industria, empezaron a utilizarse hace más de treinta años. Se trataba de simples brazos multiarticulados capaces de realizar tareas programadas, como la pintura, la soldadura o la carga de maquinaria.
En la actualidad, la vida sin robots resulta inconcebible: exploran lugares inhóspitos de la Tierra y el Sistema Solar, realizan tareas domésticas, e incluso auxilian a los médicos en delicadas cirugías. Los robots pueden tener la fría forma de una máquina, o un aspecto humanoide, como los robots bípedos que sortean obstáculos y juegan fútbol. ¿Sirvientes o simples curiosidades? El catálogo es variado. Sin embargo, ningún esfuerzo en investigación robótica es inútil. Al parecer, nos encontramos en los albores de una era protagonizada por la inteligencia artificial. Y para muestra, basta un botón.
Microsoft, la compañía multinacional líder en la fabricación de software, ha construido la casa más inteligente del mundo. Ubicada en Redmond, Washington, la casa parece el escenario de un cuento de Asimov: el visitante es recibido por Grace, la computadora que lleva las riendas de la casa. Con sólo pedirlo, Grace enciende o apaga las luces; en la pared, proyecta información sobre la temperatura y los mensajes recibidos durante el día. El mostrador de la cocina despliega un menú de opciones para preparar toda clase de recetas; el refrigerador hace las compras vía Internet, mientras Grace le recuerda a su amo que es hora de tomar su medicina.
La decoración de los cuartos se proyecta en las paredes y puede cambiarse a discreción: fotografías, imágenes móviles, floreros y paisajes… De hecho, se puede interactuar con casi cualquier objeto de la casa. Flora Peabody, gerente de Programas Redmond, dice que el objetivo es humanizar la tecnología, y espera que en unos diez años la casa del futuro deje de ser una curiosidad tecnológica para convertirse en una realidad práctica.
Pero esto no es todo. Hoy en día, los científicos trabajan en robots capaces de aprender de los humanos. El robot observa como usted sirve una taza de café y, paso seguido, reproduce la acción. Por maravilloso que esto parezca, emular el comportamiento humano puede convertirse en algo muy peligroso. El robot puede aprender a servir una taza de café, pero también puede aprender a cometer crímenes.
Otros robots parecen totalmente inofensivos y son el sueño de cualquier ama de casa: barren, trapean, sacuden el polvo y planchan la ropa. Lucen como simples electrodomésticos, pero se diferencian de ellos porque tienen “inteligencia”. Son capaces de detectar cambios en el entorno y de actuar en función de lo que perciben. Robotina se quedaría corta a lado de uno de estos encantos del siglo XXI.
No obstante, existen robots que no sólo son capaces de aprender, sino también de evolucionar. Éste es el gran peligro del que hablaba Asimov: temía que la inteligencia artificial desarrollara autonomía y dejara de obedecer al hombre, que podía llegar a ser rebasado por su creación.
Kim Jong-Hwan, director del Centro de Investigación para la Creación de Robots Inteligentes de Corea del Sur, dice haber diseñado un androide con catorce cromosomas artificiales que le permiten tener personalidad, razonar, sentir pasión e incluso reproducirse. Esta “nueva especie de inteligencia artificial” es capaz de reaccionar ante 47 órdenes distintas; de sentir felicidad, tristeza, hambre y sueño. Hwan considera que su creación guarda grandes similitudes con los androides que protagonizan los relatos de “Yo Robot”, y confiesa que: “esto podría ser muy peligroso para la humanidad, pero si dotamos a los robots de cromosomas artificiales buenos, no existirá tal amenaza”.
La bioética está muy de moda, pero ¿qué sucede con la inteligencia artificial?, ¿quién la regula? Por el momento, parece un mundo de anarquía. Un robot con autonomía y capaz de evolucionar puede volverse impredecible. Y esto sólo significa una cosa: La pérdida de control del hombre sobre la máquina.
Hoy creemos estar en la era de oro de la tecnología, pero también es verdad que somos más dependientes de las máquinas, más apáticos e inútiles que nunca. Posiblemente muy pronto no podamos pensar por nosotros mismos; quizás en un futuro no muy lejano el mundo sea gobernado por los robots. Ellos, cada vez más humanos; nosotros, cada vez más robóticos. Aunque todavía estamos a tiempo de defender nuestra autonomía y libertad.


Que miedo :(
ResponderEliminargran articulo! me ha gustado mucho! aunque en cierta forma, yo no creo que los robots sobrepasen al ser humano, lo que principalmente "suele asustar" de los robots es su forma humanoide, sin embargo si dieramos la misma inteligencia de un robot humanoide a una simple computadora (pc) ni siquiera nos causaria conmoción. Por otra parte, si incrustan cromosomas artificiales porque nunca han querido aplicar las tres leyes de la robotica (implantadas por Isaac Asimov) en un robot real? seria interesante ver como reacciona... sin duda espero con ansias ese futuro lleno de robots humanoides, para mi, se converitirian en los nuevos compañeros del hombre <3
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