Nick Bradbury


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lunes, 30 de agosto de 2010

Viajes en el tiempo: ¿ciencia o ciencia ficción?


Un día alguien me regaló un libro fascinante. Se intitulaba La máquina del tiempo y relataba la historia de un científico que había ideado un artefacto que permitía retroceder en el tiempo o hacer viajes al futuro. Esta novela de H.G Wells es una joya que avivó el genio de muchos. Literatos y cineastas comenzaron a bombardear sus creaciones con elementos y personajes inspirados en la obra de Wells, considerado, junto a Julio Verne, uno de los padres de la ciencia ficción.

Es bien sabido que la realidad, en muchas ocasiones, supera a la fantasía. Actualmente es posible enviar misiones comandadas por robots a planetas inhóspitos o ir de paseo a la Luna, sin embargo, aún no desarrollamos la tecnología idónea para trasladarnos al futuro “más rápidamente”, ya que, bajo condiciones normales, viajamos al futuro a una velocidad de un día por un día. ¿Es posible hacer viajes en el tiempo? Antes de precipitarnos, debemos conocer las aportaciones de aquel físico alemán del peinado exuberante: Albert Einstein.

Cuando miramos un quasar que se encuentra a cinco mil millones de años luz de distancia, realmente lo estamos observando como fue hace cinco mil millones de años. Este fue el tiempo que la luz emitida por dicho quasar tardó en llegar hasta nosotros. El comportamiento de los objetos celestes está determinado por una serie de leyes naturales aparentemente inquebrantables. Einsten codificó estas reglas en su Teoría Especial de la Relatividad: la luz (reflejada o emitida) por un objeto se desplaza a idéntica velocidad tanto si el objeto se mueve como si está estacionario. “No sumarás tu velocidad a la velocidad de la luz (300,000 kilómetros por segundo), ni te desplazarás a la velocidad de la luz ni a velocidad superior” . Por más que intentemos rebasar este límite, nos será imposible, aunque si podemos acercarnos lo suficiente (99.9% de la velocidad de la luz). No existe nada en este universo que pueda desplazarse a una velocidad mayor que la de la luz.

Imagine que se encuentra en la máquina del tiempo de Wells. Mientras programa el excepcional artefacto, se pregunta con qué maravillas o personajes se enfrentará. Ha decidido viajar mil años hacia el futuro. A medida que se acerca a la velocidad de la luz, su masa corporal aumenta y siente que el tiempo corre cada vez con mayor lentitud. Comienza a encogerse debido a la dilatación temporal, el mundo se vuelve sumamente extraño: todo acaba comprimido en una especie de ventana circular.

Esto es lo que sucedería si lograra acercarse lo suficiente a la velocidad de la luz. Apenas envejecería, pero sus amigos y parientes, que se han quedado en la Tierra, seguirían envejeciendo a un ritmo normal. Un viaje a velocidad próxima a la de la luz es una especie de elixir de la vida. Puesto que el tiempo va más lento a una velocidad cercana a la de la luz. El tiempo no está completamente separado e independiente del espacio, sino que por el contrario, se combina con él para formar un objeto llamado espacio-tiempo.

La aceleración que caracteriza a la fuerza de gravedad es la que nos mantiene sobre la superficie de la Tierra. Se le denomina 1 g, donde g es la gravedad de la Tierra. Esta es la aceleración a la que estamos acostumbrados. Si viajáramos en una nave espacial que pudiese acelerar a 1 g, nos encontraríamos en un ambiente completamente cómodo y natural.

Uno de los aspectos más importantes de la Teoría General de la Relatividad, que Einstein desarrolló con posterioridad a su Teoría Especial, es la equivalencia entre las fuerzas gravitatorias y las fuerzas que sentiríamos en una nave intergaláctica en aceleración. Después de un año de estar en el espacio con una aceleración continua de 1 g, tendríamos una velocidad próxima a la de la luz.

Parece ser que los viajes al futuro no son tan inverosímiles, aunque es evidente que aún no estamos tecnológicamente maduros para cristalizarlos. De acuerdo a Juan Echeverría, astrónomo del Instituto de Astronomía de la Universidad Nacional Autónoma de México, actualmente somos capaces de alcanzar apenas el 0.01% de la velocidad de la luz. Cree que podríamos alcanzar hasta el 1%, no obstante, las economías de los países no cuentan con el presupuesto necesario para trabajar en los avances tecnológicos pertinentes: “gastamos el 80% de nuestros recursos en guerras, no tiene sentido planear viajes interestelares”, afirma. Para alcanzar dicho objetivo, las distintas asociaciones espaciales tendrían que aliarse, lo cual resulta sumamente improbable. En cuanto a los viajes al pasado, Echeverría opina que son imposibles: “lo que se puede hacer es viajar más rápido por el espacio, es decir, viajar más rápido al futuro”.

Otra alternativa podría ser la utilización de energía nuclear como combustible para acelerar las naves. Muchos hombres de ciencia coinciden en que la energía nuclear aumentaría considerablemente la velocidad de los cohetes. Desafortunadamente, aún nos encontramos muy lejos de poder manipular este tipo de energía. Nahieli Flores, al igual que Juan Echeverría, es astrónoma del Instituto de Astronomía de la UNAM. Afirma que la radiactividad no es del todo segura y que nuestro conocimiento acerca de la fusión y la fisión nuclear es muy limitado.

Juan Echeverría y Nahieli Flores concuerdan en que durante las décadas venideras lograremos realizar viajes interplanetarios tripulados. La tecnología avanza rápidamente y lo que puede parecer imposible ahora, será pan comido en un futuro no muy lejano. Según Echeverría: “en los próximos cien años vamos a tener pequeñas colonias en la Luna y en Marte, así como estaciones espaciales habitadas de manera regular, siempre y cuando no acabemos primero con el planeta”.

Es menester que las potencias del mundo reorganicen sus prioridades. La supervivencia de la especie humana depende directamente de la exploración espacial y de la investigación científica. La competencia tecnológica entre naciones no va a llevarnos a ninguna parte; el trabajo conjunto podría cumplir el sueño de una máquina del tiempo.

1 comentario:

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