Nick Bradbury


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lunes, 21 de junio de 2010

¡Muy mexicanos y a mucha honra! ¿Te cae?


Una cultura está condicionada por cierta estructura mental del hombre y los accidentes de su historia. En México no podemos hablar de una cultura original, ya que emergimos de los escombros de una y de las imposiciones de otra. En éste, el año del Bicentenario, vale la pena preguntarnos: ¿qué es la mexicanidad?
¡Muy mexicanos y a mucha honra! Hablamos maravillas de la herencia indígena, pero discriminamos a sus descendientes; criticamos a los gringos por habernos quitado la mitad de nuestra tierra; porque siempre meten la nariz en donde nos les llaman, porque estamos hartos de ser su patio trasero... Y, sin embargo, nos partimos el lomo para alcanzar el estilo de vida U.S.A. Por lo tanto, un primer elemento de la mexicanidad es la hipocresía.
Como diría Rodolfo Usigli, “éste es un país de gesticuladores.” Los fracasos de la cultura en nuestro país no han dependido de una deficiencia de ella misma, sino de un vicio en el sistema con que se ha aplicado. Tal sistema vicioso es la imitación. El mexicano se deslumbra fácilmente. Las bien organizadas ciudades del primer mundo; su arquitectura majestuosa y sus habitantes tan sofisticados, lo hacen sentir inferior. He ahí la raíz de nuestra larga historia de imitación: de afrancesamientos y “agringamientos”. Disfrazamos la cultura a tal grado, que resulta difícil vislumbrar la realidad que se esconde detrás de la máscara.
Es cierto que hubo un mestizaje, pero sólo de razas, ya que cuando los indígenas se pusieron en contacto con los colonizadores, su cultura quedó prácticamente destruida. No somos un pueblo de astrónomos y matemáticos; tampoco nos comunicamos en náhuatl o zapoteco. Hablamos español, la religión oficial de este país es la católica y vivimos a la occidental. O al menos eso intentamos.
México también es un país de perezosos. La mayoría navega por la vida con el imperativo del mínimo esfuerzo y la imagen del fracaso instalada en lo más profundo de la conciencia. Son pocos los científicos afamados, los escritores mundialmente reconocidos, y ni siquiera puede hablarse de una filosofía mexicana. Asumimos las ideas y teorías importadas de Europa sin un espíritu crítico verdadero. Porque si lo dicen ellos, “¡seguro es verdad!” No es de extrañarse, ya que los países jóvenes como el nuestro tienen que afianzar su estructura política y económica para luego enfocar su atención en cuestiones menos elementales como la ciencia, el arte y la filosofía.
Somos un pueblo guadalupano y “pambolero”; hospitalario y “apocadito”. En el extranjero nos identifican con sombreros, nopales y charros; tal vez alguno mencione a Pedro Infante o a Diego Rivera. Pero, ¿en qué radica nuestra identidad?, claro, si podemos hablar de una identidad mexicana. Sólo un 10% de la población habla lenguas indígenas, y sin embargo la Wikipedia y otros sitios web definen la mexicanidad como: “el carácter genérico de todos los pueblos indígenas que habitan dentro del país en relación con otros pueblos del mundo que se ha ido anexando al modo de ser de los mexicanos.”
En su ensayo “Máscaras mexicanas”, Octavio Paz define al mexicano como un “simulador”; un ser desconfiado, receloso y xenofóbico, que tiene una engreída manera de no ser. ¡Vaya que nos dio en la torre! Pero hay verdad en sus palabras. La mexicanidad es indeterminación, una identidad borrosa que sólo parece aclararse el 12 de diciembre y durante la Copa Mundial de Fútbol. También en este año de Bicentenario.

domingo, 13 de junio de 2010

Casas llenas, corazones vacíos


En este mundo de inmediatez, todo es síntesis: el lenguaje, las relaciones, el trabajo, la espiritualidad… Cuando la conciencia pide una pizca de reflexión o cuando el espíritu se deprime, simplemente se le sube el volumen a la vida: el objetivo de la industria del entretenimiento es mantenernos alejados de los pensamientos “peligrosos” (crisis existenciales o preguntas trascendentes que podrían sacarnos de nuestra zona de confort). Para casos más severos, como el “soma” en Un mundo feliz, se ingieren copiosas cantidades de alcohol. Si la soledad y el vacío espiritual se tornan insoportables, existen los estupefacientes. Los más cuerdos tal vez decidan recurrir a un profesional de la salud mental, los “curadores de almas” de la época posmoderna. Siempre es mejor que las drogas sean prescritas por un médico…
Este es el escenario de nuestros días. Las etapas de desarrollo no coinciden con los procesos biológicos. La niñez se interrumpe antes de que aparezcan los primeros signos de la pubertad; la adolescencia se alarga y la adultez es aborrecida. Se quiere vivir eternamente en la juventud, con una pantomima de espiritualidad, como si fuéramos simples cuerpos a la deriva de un mar furioso. Y, sin embargo, no somos felices.
Nuestros mecanismos son automáticos: estudiar, trabajar, fingir que todo está bien, platicar un par de minutos con el vecino que nos es indiferente; ver dos horas de televisión, perder otra más en internet. Luego llega el fin de semana de romper rutinas. Pero también tenemos una rutina para el fin de semana: viernes de fiesta, sábado de dominó, domingo de cine. Y, como sofisticados robots japoneses, volvemos a programarnos porque se acerca el lunes.
Es verdad que el silencio puede causar temor, porque entonces nos encontramos a solas con nuestros pensamientos, pero evadir la realidad, disfrazarla con llamativos colores, diluirla con actividades frívolas, no va hacernos más felices. A veces hay que desconectarse un rato, escuchar esa voz interior que clama por ser atendida: ¿qué me falta por hacer?, ¿lo que hago, lo hago por vocación?, ¿por qué, aunque estoy rodeado de personas, me siento tan solo?
Somos seres de consumo, pero, evidentemente, algo anda mal en este estilo de vida auspiciado por el capitalismo. Nuestras casas están llenas de objetos, pero, en nuestro interior, aletea un desencanto, un vacío espiritual imposible de llenar desde el exterior. Lo único que puede brindarnos un poco de consuelo es el autoconocimiento, que, desafortunadamente, no se vende en ninguna tienda departamental. Meditemos, escuchemos el silencio, empecemos haciéndonos una simple pregunta: ¿qué quiero realmente de la vida?

lunes, 7 de junio de 2010

Busque extraterrestres desde la comodidad de su hogar


Cuando escuchamos el término: “vida extraterrestre”, generalmente pensamos en películas y novelas de ciencia ficción. Sin embargo, la vida extraterrestre es un tema que muchos científicos abordan con gran seriedad. El proyecto SETI: Search for ExtraTerrestial Intelligence, o Búsqueda de Inteligencia Extraterrestre, nació en 1960, bajo el seno de la NASA. Su objetivo, encontrar formas de vida inteligente fuera del planeta Tierra. En 1993, el Congreso de los Estados Unidos eliminó el proyecto SETI del presupuesto de la Agencia Espacial Norteamericana, no obstante, cientos de radiotelescopios alrededor del mundo siguen monitoreando el Universo. Personajes como Steven Spielberg, y el cofundador de Microsoft, Paul Allen, junto con otros donadores privados, han hecho posible que la búsqueda continúe. Hoy, usted puede ayudar al proyecto SETI desde la comodidad de su hogar, y para ello no tiene más que bajar una especie de protector de pantalla de internet.
Los medios utilizados para intentar establecer contacto son las ondas de radio, ya que su producción tiene un bajo coste y se propagan a la velocidad de la luz. Uno de los objetivos es enviar señales desde la Tierra; el otro, escuchar con atención. Suponiendo que los alienígenas también estarán mandando señales de radio al espacio, los científicos del proyecto SETI buscan captar señales anómalas provenientes de planetas lejanos.
Independientemente de la emisión de mensajes intencionados, desde hace más de setenta años los programas de radio y televisión viajan por el espacio sideral. El discurso de Hitler para inaugurar los Juegos Olímpicos de 1936 fue la primera transmisión cuya potencia fue lo suficientemente grande para que llegara al Universo. En la película Contacto, basada en la novela homónima del célebre astrónomo Carl Sagan, hay una escena en la que se plantea que una civilización extraterrestre captó el mensaje de Hitler, que había tardado veintinueve años luz en llegar hasta ellos, y lo había mandado de vuelta a la Tierra en señal de recibido. Y aunque esto sólo es ficción, es una ficción que no tiene nada de inverosímil.
En 1977 se envió un mensaje de paz a las posibles civilizaciones extraterrestres del Universo: un disco de oro que, junto con el sistema de escucha y las correspondientes instrucciones, se introdujo en la sonda Voyager 2. El contenido del disco fue confeccionado por Carl Sagan y significó una medida de relaciones públicas por parte de la NASA. Incluía, entre otras cosas, un saludo en cincuenta y cinco idiomas, el llanto de un bebé, el encefalograma de los impulsos eléctricos de una mujer enamorada, noventa minutos de música de todo el mundo y un mensaje de paz. Sin embargo, escuchar resulta mucho más prometedor que enviar mensajes al espacio.
El radiotelescopio de Arecibo, en Puerto Rico; el radiotelescopio Parkes en Australia, y el Green Bank, en Estados Unidos, buscan señales artificiales en el entorno de unas mil estrellas similares al Sol en un círculo de doscientos años luz alrededor de la Tierra. Para poder analizar la enorme cantidad de datos captada por los radiotelescopios, se creó una red informática mundial conformada por varios millones de computadoras pertenecientes a personas como usted y como yo. El proyecto SETI@home permite bajar una especie de protector de pantalla que comienza a funcionar cuando no se está utilizando la computadora y termina cuando el usuario vuelve al trabajo. Entretanto, SETI utiliza la computadora para buscar inteligencia extraterrestre analizando los datos recogidos por el radiotelescopio de Arecibo. Cinco millones de usuarios en más de 200 países han contribuido con 19, 000 millones de horas computadora. Sin embargo, hasta el momento, SETI@home no ha encontrado nada inusual. De hecho, desde que comenzó a monitorearse el Universo, sólo se ha recibido una señal sospechosa. Conocida como Señal Wow!, fue emitida desde la zona oeste de la Constelación de Sagitario y recibida en 1977 por un profesor de la Universidad de Ohio, en Estados Unidos. Los astrónomos del mundo festejaron en grande, aunque todavía no ha podido comprobarse si la señal fue emitida o no por seres extraterrestres.
Ingrese a hispaseti.org, el sitio en español, y baje de forma gratuita el programa. Colabore con la ciencia sin mover un dedo. ¿Quién sabe? Ir por un café después de una larga jornada de trabajo podría convertirse en la proeza más grande de su vida. En su ausencia, una señal extraterrestre podría ser captada por su computadora. Y entonces, casi sin darse cuenta, habrá cambiado para siempre la concepción del hombre y del Universo.