Nick Bradbury


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lunes, 24 de mayo de 2010

Generación Y: ¿Generación desperdicio?


El otro día, mientras veía un documental sobre el movimiento hippie, imaginé lo que dirían los documentales del futuro acerca de mi generación. Los “chicos Y”, nacidos entre 1982 y 1992, también conocidos como “Internet generation”, “Google generation”, “Millenials” o “Generación Why”, encontraron un mundo que empezaba a llenarse de cables, monitores, teléfonos celulares y gadgets de todo tipo. Desde muy pequeños aprendieron a usar la computadora y, en casa, eran los encargados de instalar videocaseteras y estéreos que resultaban demasiado sofisticados para los románticos de sus padres, que se aferraban al viejo tocadiscos y a sus películas Betamax.
Los “yes” pasaron la mayor parte de su infancia bajo los cuidados de “mamá televisión”. Cuando mamá se ponía aburrida, siempre podían refugiarse en los controles de “papá videojuego.” Y, cuando buscaban una experiencia más sensible, se tiraban en el piso a jugar con sus tazos. Esos debieron haber sido los años más felices del buen señor Sabritas. Luego llegó el internet.
La vida nunca volvería a ser la misma. Las pláticas telefónicas fueron sustituidas por eternas conversaciones virtuales en chats y en ICQ, descanse en paz. El Messenger sí llegó para quedarse. Hasta papás y tíos terminaron por agarrarle la onda (después de un tiempo). Y qué decir de las redes sociales y su atracción fatal. No me extrañaría que la primera palabra de mi sobrinito sea: “Facebook”.
En este mundo controlado por el “dios tecnología”, el placer inmediato es lo más importante. A muy pocos les importa la capa de ozono o que la ballena azul esté en peligro de extinción. El dinero es el impulso vital. Dinero para vivir con mayor confort, para comprar más tecnología. Si no, ¿para qué diablos existe el trabajo?
Los “chicos Y” ya no le compran el speech a la Iglesia. Muchos son ateos, agnósticos, pseudo budistas o “new ageeros”. El resto, simplemente, piensa que la espiritualidad está pasada de moda. Para llenar ese vacío existencial está el alcohol (que empieza a consumirse antes de los 15 años), las drogas y el sexo casual. La mayoría cree que la institución del matrimonio es obsoleta, también esa cosa extraña llamada noviazgo. Cualquier forma de compromiso es más temida que el ántrax.
Debe haber neblina en la conciencia, ruido, y los audífonos del Ipod siempre a la mano para mitigar cualquier pensamiento desagradable: “¿la vida tiene sentido?”, “¿existe el amor?”, “¿con la muerte se acaba todo?” “Eeeeequis, voy a comprar la nueva rola de Lady Gaga por internet. Ahh, ¡pero qué chida es esa vieja!”
Los menos apáticos son los outsiders, aquellos que no se conforman con este estilo de vida. Se unen a grupos defensores de los derechos humanos o a Greenpeace. Discuten sobre problemas de interés mundial y sobre religión. Hacen frente a sus dudas existenciales y buscan una forma de espiritualidad que satisfaga su personalidad escéptica. Estos pobres son los que más sufren, porque tienen la conciencia desgarrada. Se encuentran insertos en un mundo de relaciones impersonales, materialismo y culto al cuerpo, pero añoran una vida no vivida: más cercana a las personas y a la naturaleza; una vida en la que el trabajo se haga por pasión y no por dinero. Pero la realidad interior y la realidad exterior parecen irreconciliables.
En ese documental del futuro no se hablará de grandes movimientos sociales ni de verdaderas contraculturas. Portadores de la información, que nos llega más rápido que si hubiéramos contratado los servicios de Hermes, el mensajero de los dioses, decidimos hacer casi nada con ella. Tal vez nos llamen la “Generación desperdicio”. “Tenían todo lo que cualquiera hubiera deseado para generar un cambio, pero estaban demasiado distraídos como para hacer uso de su poder y libertad.”

4 comentarios:

  1. Probablemente nadie vaya a ver ese documental, probablemente prefieran ver la nueva pelìcula con actores animados del momento, en esta Brad Pitt y James Dean interpretan a un par de policías rebeldes o algo así.

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  2. Como siempre, tus comentarios excelentes y directamente al punto Ana (pensé que te llamabas Leeana, pobre de mí :-)), también solo para complementar creo que otro de los problemas principales de ésta que denominas "generación Y" es el enorme flujo de información (normalmente no corroborada o de fuentes no identificables dada la enorme tendencia para el “copy/paste” en Internet) y para la cual todavía mucha gente cree a pies juntillas… definitivamente vivimos hoy en día prácticamente pegados a la computadora, o iPod, o cualquier dispositivo electrónico que se conecte a la red… los usamos desde para checar el correo o para como bien dices chatear, postear blogs, mandar correos o fotos entre los "amigos" (quienes aparentemente se multiplican según la cuenta del Facebook...) y mientras, los libros siguen empolvándose en el librero o sosteniendo alguna mesa que se mueve si no esta ahí... para los que nos tocó investigar en las bibliotecas y buscando fichas bibliográficas (saliendo de la comodidad de nuestras casas) … tal vez ya solo somos un viejo recuerdo de tiempos pasados …

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  3. Felicidades por este Post.
    Particularmente a mí, leyendo este post me transporte al tiempo más adelante y por un lado quisiera estar ahi y por el otro no.

    Cambiando el tema, te falto los BB que he visto hasta niños de 8 a 10 ya con uno.
    Que será de nuestra generación!!!!

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  4. Es la primera vez que te leo (he llegado un poco de casualidad a tu blog) pero es muy interesante todo lo q escribes (ya q es la cruda realidad.

    Me gustará ver la cara de la Generación Y el dia q haya problemas con internet y desaparezca (aunq solo sea una semana)

    Por otro lado, lo q se hablará en el fututro de esta época será el desarrollo de China, así que todos a estudiar mandarín!!

    Un saludo!

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