Nick Bradbury


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sábado, 22 de enero de 2011

Curiosidades rosas


Millones de mujeres responden al nombre de Rosa. Otras más al de Rosalía, Rosita o Rosamunda, inspirados en el nombre de esta flor que ha cosechado pasiones por todas partes. La rosa ya era considerada antigua cuando el botánico griego Teofrasto escribió sobre la «rosa de cien pétalos», en el año 270 a.C. Basta decir que se han encontrado rosas fosilizadas que datan de cuarenta millones de años. El espectro parece interminable, veinte mil variedades de rosas esparcen su perfume hoy día. Hay rosas en la cocina, en las iglesias, en los perfumes, en el cabello de las mujeres e incluso en algunos rosarios que, originalmente, constaban de ciento sesenta y cinco pétalos de rosa secos y cuidadosamente enrollados. Pero no sólo las flores son prolíficas en el mundo; en la paleta de un pintor pueden encontrarse hasta 50 tonos de rosa: begonia, color piel, rosa persa, salmón, malva, rosa antiguo y rosa bebé…
Ningún pueblo estuvo tan obsesionado con las rosas como el romano. De la fuente del emperador manaba agua de rosas; se usaban pétalos de rosa como relleno de almohadas y como ingrediente de medicinas, pociones de amor y afrodisiacos. En las bacanales no sólo había exceso de comida y bebida, también había exceso de rosas. Para el deleite de sus invitados, Nerón llegó a gastar el equivalente a ciento sesenta y cinco mil dólares en rosas —cabe mencionar que uno de sus invitados murió asfixiado bajo una ducha de pétalos—. La devoción de los romanos por esta flor era tal, que incluso crearon una festividad para ella: la Rosalia.
Para la cultura islámica, la rosa tiene un valor más espiritual. Se dice que cada vez que alguien aspira su perfume, resuena el nombre de Alá. Las rosas se mezclan bien con el agua, por lo que son ideales para preparar helados y pasteles; de hecho, la rosa se ha convertido en ingrediente emblemático de la gastronomía islámica, además de ser muy usada como perfume corporal. La hospitalidad sigue exigiendo que en una casa islámica un invitado sea rociado con agua de rosas al momento de entrar.
A comienzos del siglo XIX, las elegantes rosas de té chinas, que olían como hojas de té frescas cuando se machacaban, provocaron furor en Europa. La cruza de especies chinas y europeas trajo como resultado las llamadas “rosas de té híbridas”. Pétalos amplios o alargados: rojos, amarillos, blancos y hasta violetas; perfumes embriagantes, sobrios o tímidos como adolescentes. Hubo un momento en que el perfume de la rosa estuvo a punto de perderse debido al exceso de hibridación. La especie híbrida de rosa de té más popular del mundo es «Peace», una flor que deslumbra por su colorido múltiple y que refleja todos los espectros de la luz. Fue bautizada con ese nombre el 2 de mayo de 1945, cuando Berlín fue derrotada y se hizo la paz.
Todas las cualidades de la rosa se consideran típicamente femeninas. La rosa simboliza la fuerza de los débiles, como el encanto y la amabilidad. En Romeo y Julieta, de Shakespeare, se lee: I´m the very pink of courtesy —“Soy tan cortés como el color rosa”. El rosa es y ha sido en todos los siglos el color típico de la cortesía y la amabilidad. Es verdad que el rosa es un color suave, tierno y delicado, pero también nos hace pensar en la piel, en un cuerpo desnudo, lo que lo convierte en un color erótico. Junto al blanco, el rosa parece un color completamente inocente, sin embargo, con el violeta y el negro forma el acorde cromático de la seducción y el erotismo. El rosa es como una nube aterciopelada que puede convertirse en tormenta: oscila entre el bien y el mal.
Pero el rosa no siempre fue el color típicamente femenino. El diario financiero más famoso del mundo, The Financial Times, se imprime desde 1888 en papel rosado. También la Gazzeta dello Sport, diario deportivo italiano leído casi exclusivamente por hombres, se imprime en papel rosado. La convención de “rosa para las niñas, azul celeste para los niños” parece tan antigua como los cantos gregorianos. Sin embargo, esta moda nació hace poco, en 1920, y contradice el simbolismo milenario que dicta que el color rojo es masculino; y el rosa, el pequeño rojo, el color de los niños varones. Por ello, desde la Edad Media hasta bien entrado el siglo XIX, se solía representar al Niño Jesús vestido de color rosa.
El rosa es también el color de las ilusiones y los milagros. Ilusionarse equivale a dormir en una balsa que navega en el cielo, sobre un mar de nubes rosas. Todo lo vemos “color de rosa”. El séptimo cielo es rosa; y, cuando la vida es como un sueño: C’est la vie en rose, dicen los franceses. A los antidepresivos se les llama “píldoras rosas”. El rosa se encuentra en todas las ensoñaciones, es el color de la irrealidad, del romanticismo y el deleite.
Rosella, Rhoda, Rosika, Rosina, Rose, Rosalie, Rosetta, Rosi… El nombre Rosa es uno de los más populares del mundo; el 3% de las mujeres lo nombra como color favorito; la flor que lleva este mismo nombre es la más vendida y poetizada. No obstante, hay que tener cuidado: el color es sugestivo, y por tanto peligroso; las rosas tienen espinas... las mujeres también.

martes, 11 de enero de 2011

Twitteratura


Imagine leer un libro tan rebosante como La Divina Comedia en miserables diez minutos. Reducir las aventuras de Odiseo a un puñado de palabras. Callar la voz de Hamlet con unos cuantos aforismos. Pues bien, resulta que dos estudiantes de la Universidad de Chicago creen haber tenido una revelación que los hará millonarios y, de paso, ayudará a difundir los clásicos a cada rincón del planeta.
Alexander Aciman y Emmet Rensin, de 19 años de edad, propusieron a la editorial Penguin books reducir los clásicos de la literatura a 20 tweets, es decir, a no más de 2, 800 caracteres. Eso es la Twitteratura: versiones minúsculas de grandes libros para la agitada vida de nuestro tiempo. Permítame narrarle el clásico de Antoine de Saint-Exupéry, El principito, en versión “twitteraria”: El_Aviador le dice @El_Principito: “¿De dónde vienes hombrecito?, ¿dónde queda tu casa?, ¿a dónde quieres llevar mi cordero?” El_Principito le dice @El_Aviador: “Lo bueno de la caja que me has regalado es que por la noche le servirá de casa”. El_Aviador le dice @El_Principito: “Los baobabs no son arbustos, son árboles grandes como iglesias”. El_Principito le dice @El_Aviador: “Los baobabs son muy pequeños, si no se arrancan a tiempo, ¡cubren todo el planeta hasta hacerlo estallar!” El principito: “He llegado a un planeta muy curioso. Es el más pequeño de todos”... Añada 15 tweets y tendrá un bonito poema dadaísta.
En mi opinión, la Twitteratura es la antítesis de la literatura, que significa hacer arte con palabras. Un libro descuartizado es como un jarrón hecho añicos: se puede vislumbrar la armonía y la belleza que alguna vez tuvo, pero ya no es un jarrón.
Un libro es un conjunto de palabras, sí, pero cada palabra es seleccionada amorosamente por el autor para cumplir una función específica: aderezar un paisaje, intensificar una atmósfera, atar un cabo, darle credibilidad a un personaje, resolver un misterio… Un libro de 600 páginas reducido a 2, 800 caracteres no es más que una sombra débil de algo que quizá fue hermoso.
Ahora que utilizar Twitter para escribir mini ficciones es muy distinto. “Coleccionaba ventanas. Era su manera de asegurarse de tener siempre un lugar por donde huir” (mini ficción sacada de Twitter). Hay incluso quién está escribiendo una novela a través de esta red social. Jordi Cervera escribe diariamente cinco microrelatos en catalán y español que, lentamente, le dan forma a su novela Serial Chiken: la historia de una gallina sospechosa de asesinato. No es nada personal, Jordi, pero creo que seguiré leyendo mi libro de Vladimir Nabokov.

lunes, 3 de enero de 2011

Repostería sagrada


Cada año, si los familiares y amigos se ponen monos, soplamos las velas de un pastel para celebrar que seguimos vivos. Entre “Las mañanitas” y el “¡mordida, mordida!”, realizamos un ritual cuyos orígenes se remontan a la Antigua Grecia o, según algunos estudiosos de la historia de los alimentos, al Antiguo Egipto.
Los egipcios demostraron ser verdaderos maestros panaderos. Los primeros pasteles fueron grandes y redondos panes, cubiertos con miel y adornados con nueces y frutas secas, que se preparaban para celebrar el cumpleaños de los varones egipcios. Pero el típico pastel circular y brillante por la luz de las velas nació en la tierra de los dioses del Olimpo. Los griegos horneaban pasteles redondos como la luna para honrar a Artemisa, diosa virgen de la caza y del astro de la noche. Las velas en el pastel representaban los resplandores de la luna. Una vez en el templo de Artemisa, se soplaban las velas con la esperanza de que el humo llevara las plegarias hasta la morada de los dioses. Hoy pedimos deseos antes de soplar las velas, pensamiento místico que proviene de una tradición pagana.
Algunos colocan objetos dentro del pastel: monedas, anillos o dedales que, de ser encontrados, son presagios de riqueza, matrimonio o mala suerte. Esta tradición medieval inglesa nos hace pensar en la rosca de Reyes que partimos cada 6 de enero: un bollo dulce, propio de la repostería española, adornado con rodajas de fruta cristalizada y que semeja la corona real. El origen de la rosca no tiene nada que ver con la historia de los Reyes Magos y mucho con las saturnalias romanas, fiestas dedicadas al dios Saturno para celebrar los días más largos que suceden al solsticio de invierno. Durante estas fiestas, un pan redondo hecho con higos, dátiles y miel era la delicia de plebeyos y esclavos. A partir del siglo III, comenzó a esconderse un haba seca en el interior del pan. Quien la encontrara, era nombrado “Rey de reyes”, aunque la gloria duraba un cortísimo periodo de tiempo.
En algunos países se esconden monedas y otros objetos de valor dentro de la rosca. En España continúa la tradición del haba, con la diferencia de que quien la encuentra debe pagar la rosca; lo que se espera es encontrar una figurilla que convierte al comensal en el coronado de la noche. En México no escondemos monedas ni habas en el interior de la rosca, sino uno o varios muñecos que representan al Niño Jesús. Antes, los muñecos eran verdaderos regalos hechos de porcelana o cerámica; actualmente son de plástico con rebaba y más bien parecen pequeños premios Oscar. Se acostumbra sopear el pan en chocolate, y el que encuentra el muñeco —aunque nunca falta el salado que se lleva toda una colección a casa— debe costear la tamaliza el Día de la Candelaria. No sé a ustedes, pero a mí nunca me han invitado a la dichosa tamaliza. Más vale que los tres deseos que pedí en mi cumpleaños se hagan realidad. Cabe mencionar que mi último pastel de cumpleaños fue redondo y blanco como la luna.