Nick Bradbury


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miércoles, 29 de septiembre de 2010

Atlántida: la búsqueda continúa


Una hermosa ciudad con palacios de marfil, oro y plata se levanta en mitad del Océano Atlántico. Rodeada por enormes puentes de tierra y canales concéntricos de agua, la capital de la Atlántida es sin duda la más hermosa del mundo. Sus pobladores se trasladan en barcos por el mar y en vehículos flotantes por la tierra. Esta es una civilización muy avanzada, que conoce el principio de la electricidad y sabe como controlar la fuerza vital de los ríos y los árboles. Los atlantes viven en un paraíso adornado con plantas exuberantes y animales de todo tipo. Sin embargo, su arrogancia los conducirá a la destrucción de su imperio.

Platón reveló la leyenda de la Atlántida en sus Diálogos de Timeo y Critias. Empezó diciendo: “Escucha pues, Sócrates, una historia muy singular, pero rigurosamente verdadera”. Afirmó que hace 9, 000 años aproximadamente, existió una isla del tamaño de Asia Menor y Libia combinadas frente a las Columnas de Hércules (hoy en día el estrecho de Gibraltar). Aunque para algunos la Atlántida no es más que una historia proveniente de la imaginería de Platón, numerosas expediciones siguen buscando por los mares de todo el mundo las ruinas del imperio perdido, ya que, según cuenta el relato, se hundió debido a una espantosa catástrofe. Lo más interesante es que en las últimas décadas se han encontrado vestigios de civilizaciones antiguas en el fondo del océano. Hay hasta quien asegura haber descubierto los restos de la Atlántida.

Se dice que la atlante era una raza híbrida, divina y mortal. La mitología establece que Poseidón, la principal deidad de los atlantes, se enamoró perdidamente de una mujer humana llamada Clito y se casó con ella. Poseidón fortificó la colina en donde vivía su amada, aislándola por medio de dos anillos de agua y tres de tierra para hacerla inaccesible a los invasores. La pareja tuvo diez hijos varones, razón por la cual la isla de la Atlántida quedó dividida en diez partes. Al primogénito se le concedió la región más vasta y rica del país, y se convirtió en el rey de todos sus hermanos, príncipes del resto de las provincias. Su nombre era Atlas.

En el capítulo 6 del Génesis se puede leer: “Cuando los hijos de Dios (los gigantes o ángeles caídos) se dieron cuenta de que las hijas de los hombres eran hermosas, tomaron de ellas a cuantas quisieron, tuvieron hijos con ellas y esos fueron los grandes héroes de la antigüedad, varones de nombre”. ¿El relato bíblico se estará refiriendo al linaje de Clito y Poseidón?

Por mucho tiempo, los atlantes vivieron en la virtud, lejos de la arrogancia y las pasiones; conservaron su naturaleza divina y el imperio alcanzó su etapa de esplendor. Sin embargo, cuando la esencia divina se fue debilitando por la continua mezcla con los humanos, vino la decadencia y, finalmente, la destrucción de la ciudad.

Existen varias teorías acerca de la desaparición de la Atlántida. De acuerdo con Platón, ocurrieron intensos terremotos e inundaciones que hicieron que en un solo día, en una noche fatal, el imperio se desvaneciera entre las olas. Algunos afirman que la erupción del volcán Atlas sepultó la capital de la Atlántida; otros dicen que en aquel tiempo un meteorito destruyó casi toda la vida de la Tierra. También hay quien asegura que fue debido al Diluvio Universal. Cualquiera que sea la razón, de haber existido la Atlántida, sus restos deben encontrarse en las profundidades del océano.

En la actualidad, investigadores de distintas nacionalidades buscan las ruinas de la Atlántida en lugares estratégicos. En la isla de Andros, que forma parte del conjunto de las Bahamas, se encontró una gran plataforma construida con piedras talladas y dispuestas en líneas rectas. Una ingeniera oceanográfica que buscaba yacimientos petrolíferos en la costa de Cuba descubrió los restos de una antigua ciudad sepultada a 600 metros de profundidad. En 2004, se hallaron las ruinas de una civilización antigua en Chipre. Se han encontrado pistas que coinciden con el relato de Platón en España, India y en el Mediterráneo. Y que decir de los impresionantes hallazgos en la isla de Yonaguni. Los científicos del Centro Geológico Oceanográfico de la Universidad de Ryukyu, en Okinawa, descubrieron una estructura parecida a un zigurat o templo que mide 120 metros de largo por 40 metros de ancho y 20 de alto en las aguas de la isla japonesa. En las ruinas se aprecia una imponente escalinata, así como dos orificios de unos 90 cm. de diámetro que se cree eran para colocar las columnas del templo. Los estudios indican que la estructura tiene unos 10, 000 años de antigüedad, por lo que se le ha llegado a considerar el edificio más antiguo del mundo. Se dice que las ruinas de Yonaguni son un vestigio del desaparecido continente de Lemuria, que se alzaba en algún lugar del océano Pacífico. Supuestamente, Lemuria se hundió poco antes de que desapareciera la Atlántida.

En Yucatán se han encontrado esqueletos humanos 5, 000 años más antiguos que los mayas, por lo que incluso ha surgido la teoría de que los edificios de esta zona en realidad no fueron construidos por los mayas, sino por los atlantes, quienes debido al cataclismo, probablemente decidieron buscar refugio en América.

Santiago Martínez Concha, autor del popular libro Códex, afirma haber encontrado las ruinas de la Atlántida. Según él, existe una enorme masa continental en el centro del Atlántico, como decía Platón. Establece que el hecho de que determinadas especies de anguila y salmón vayan a desovar al centro del Atlántico es una prueba de que hace miles de años existieron ríos de agua dulce en ese lugar. Por otra parte, sostiene que las aves migratorias que salen desde el norte de Europa hacia América en busca de un clima cálido caen exhaustas en mitad del océano porque no encuentran un lugar en donde reponer sus energías. Instintivamente saben que ahí debían haber encontrado tierra.

Nada es oficial todavía, pero cabe destacar que otros lugares míticos como la ciudad de Troya existieron en realidad. ¿Será la Atlántida una metáfora de Platón sobre la arrogancia del hombre?, o por el contrario, ¿es su relato un documento histórico? No lo sabremos hasta que aparezcan pruebas contundentes. Mientras tanto, seguiremos buscando ese paraíso de aguas cálidas y jardines de ensueño, aunque sólo sea en nuestra imaginación.

martes, 21 de septiembre de 2010

¿Qué onda con los niños de hoy?


A los niños de hoy les gusta estar encarcelados. Para qué salir a jugar al parque si en casa tienen todo lo que necesitan para divertirse: videojuegos, televisión, computadora, celular, Ipod… ¿Juguetes? Esos son para los niños que todavía no dejan sus pañales de entrenamiento. ¿Turista? Todo lo que no sea compatible con Windows Media Player es aburrido. Y si “papá MTV” lo dice, seguro es cierto.
Señora, ni se moleste en tratar de corregir el vocabulario de su hijo. Las groserías son reglamentarias y comienzan a decirse, a más tardar, en tercero de primaria. ¿No entiende lo que su hijo escribe cuando chatea? Déjeme explicarle: hoy en día es muy cool sintetizar; sólo se escriben las letras necesarias. Por ejemplo, ¿para qué escribir la palabra “her-ma-no”, con todos sus siete caracteres, si tres son suficientes? “Hno”. Ahí, muy claramente, se está haciendo referencia a la persona que con respecto a otra tiene el mismo padre y la misa madre. ¿Comprende?
Tranquila… es muy normal que su hija de diez años pase la mitad del día frente al espejo. ¡Qué edad tan maravillosa! Dietas, pilates, no encontrar “nada que ponerse”… ¡Crecen tan rápido!, ¿verdad? Unos años más y su pequeña se habrá convertido en toda una mujer. ¿Cree que es tiempo de hablarle de lo que sucede cuando dos personas se aman? ¡No es necesario! Ella ya aprendió todo lo que necesita saber en su clase de educación sexual. Del resto se encargarán las telenovelas…
Este es el escenario en el que crecen nuestros niños. Rodeados por tecnología que generalmente es más perjudicial que útil, inmersos en un mundo de desinformación y relaciones impersonales, bombardeados por los medios de comunicación que, hoy por hoy, son los que deciden las reglas del juego.
El mensaje que transmiten es brutal: las personas valen por lo que tienen y por cómo se ven. A través de la repetición, estas ideas fácilmente echan raíz en la mente de los niños, y si no se les brinda la atención adecuada, muy probablemente se convertirán en jóvenes superficiales y desorientados, indefensos ante un mundo demasiado cruel.
La industria del entretenimiento promueve un estilo de vida que está causando verdaderas catástrofes. En México, el acceso de la juventud a las drogas es diez veces mayor que hace veinte años; según cifras oficiales, en estos momentos hay alrededor de 500, 000 adolescentes embarazadas. Por otro lado, se ha registrado un incremento en los casos de trastornos alimentarios, que presentan tasas más altas que cualquier otro trastorno psiquiátrico. De acuerdo con el Secretario de Salud, José Ángel Córdova Villalobos, el tres por ciento de los adolescentes escolares padece anorexia o bulimia.
A veces la guía de los padres no es suficiente. Por ello, lo mejor es reconocer que se necesita ayuda. La terapia psicológica puede ser una alternativa, sin embargo, se acuda a un especialista o no, el apoyo de la familia es fundamental.
Proteja a sus hijos del parloteo de los medios, asegúrese de que se conviertan en individuos autónomos. Fomente el pensamiento crítico, la compasión y la cultura. Esas son las mejores armas que puede brindarles para combatir el absurdo que caracteriza a nuestro tiempo.

lunes, 13 de septiembre de 2010

“Quiero un sombrero lleno de perfume con una cereza flotando en medio”


Hasta hace poco, los museos eran lugares extremadamente sobrios, de culto, prácticamente intocables. Las cosas empezaron a cambiar cuando Marcel Duchamp envió un urinario al Museo de Arte Moderno de Nueva York, aduciendo que se trataba de una inigualable obra de arte. La realidad es que el urinario no era ni una cosa ni la otra, pero la hazaña de Duchamp dio origen a un movimiento de rebeldía contra los museos tradicionales. Los artistas pedían nuevos espacios, querían utilizar técnicas y materiales nunca antes vistos; salir a las calles y hacer a los espectadores partícipes de sus obras. Fue así como nació el arte conceptual.
Sus exponentes consideran que la verdadera obra de arte no es el objeto físico, sino los conceptos e ideas que se esconden tras él. Arte puede ser una mesa después de que los invitados se han ido a tomar el café a la sala, porque los restos de comida en el plato denuncian el desperdicio de la sociedad capitalista. Entonces, ¿cualquier cosa puede ser arte siempre y cuando exista un concepto detrás? No me terminé el pastel de zanahoria a la hora de la comida. Antes de tirarlo a la basura, ¿debería llevarlo a un museo?
Durante los sesenta y los setenta, el arte conceptual era un arte corrosivo que denunciaba el despilfarro, el puritanismo, la guerra y la discriminación. Los artistas estaban cansados de que sus obras fueran tratadas como simples objetos comerciales y se las ingeniaron para hacerlas invendibles. La instalación artística, por ejemplo, se caracteriza por ser efímera. Se monta, se expone por un tiempo, se toman algunas fotografías o video para documentar su existencia, y se desmonta. Es muy difícil que pueda venderse. ¿Alguna vez ha visto imágenes proyectándose en la pared de un museo junto a un montón de chatarra? Bueno, eso es una instalación. Y, aunque tal vez haya resultado interesante en la época de los hippies, hoy seguimos encontrando réplicas casi exactas de los trabajos que se hicieron entonces.
Montañas de ropa, cobijas colgadas como si fueran exquisitos gobelinos, proyecciones psicodélicas y objetos amontonados por aquí y por allá. Así son la mayoría de las exposiciones de arte conceptual hoy en día; así fueron en los años más rebeldes del siglo pasado. ¿El hecho de que el crítico del periódico más vendido las califique como arte, las convierte en arte? ¿Sólo por encontrarse en un museo, debemos admirar una obra conceptual con el mismo aplomo que si se tratara de un Rembrandt o un Dalí?
A pesar de la falta de originalidad de los últimos años, es innegable que el arte conceptual ha parido obras valiosas. Las instalaciones de Christian Boltanski son inquietantes y bellísimas, y qué decir de las obras de land art que adornan el paisaje cotidiano: monumentales laberintos de piedra, diseños geométricos en los campos (que, por cierto, no fueron realizados por extraterrestres), fabulosas composiciones de arena y deliciosas casas en los árboles.
¿Ha oído hablar del hombre que pinta con algoritmos? Joshua Davies, exponente del media art, convierte los números en formas que se acercan al surrealismo. La artista de arte periférico Mariko Mori diseña estructuras que se asemejan a naves espaciales, en cuyo interior se proyectan imágenes envolventes que hacen que el espectador sienta que se encuentra viajando por la galaxia. La venus del arte conceptual es la “Venus de los trapos”: una figura femenina de yeso, que se asemeja a la Venus clásica, pero que le da la espalda al espectador. Frente a ella se encuentra una gran montaña de trapos de colores. El objetivo de Michelangelo Pistoletto es criticar el carácter elitista del arte y el culto a la belleza sacada del tiempo y el espacio concretos.
Los performance se han hecho tan populares que incluso se realizan en centros nocturnos. Mujeres que utilizan su cuerpo para pintar, personas encerradas en cajas de vidrio como animales en un zoológico, y actos en los que lo circense se confunde con lo artístico. El body art también ha logrado impactar a las masas: cuerpos pintados, lacerados, retorcidos… Hay quien ha llevado el body art al extremo de realizar esculturas con cadáveres.
En el arte conceptual, los objetos son descontextualizados; en un museo la chatarra ya no es basura, ¿o sí? Los números callejeros no son perturbaciones a la paz pública, son performance… Ese es el problema del arte conceptual: sus límites son tan imprecisos que, muchas veces, se aprovecha de la ignorancia del espectador. Pero en medio de este mundo de refritos, pastiches y artistas con egos inconmensurables, es posible encontrar verdadera denuncia y crítica social. Incluso verdaderas obras de arte.

lunes, 6 de septiembre de 2010

Leonardo nunca pasa de moda


Hace algunos meses, fue hallado un enigmático retrato en la mansión de una familia en Salerno, Italia. Primero se creyó que representaba al astrónomo Galileo Galilei, pero poco tiempo después, los historiadores encargados del proyecto, Nicola Barbatelli y Alessandro Vezzosi, llegaron a la conclusión de que aquél era un retrato del genio renacentista Leonadro Da Vinci. Las pruebas del carbono 14 confirmaron que el óleo de 60 x 40 centímetros había sido pintado en la segunda mitad del siglo XV, periodo que coincide con la vida de Leonardo. Sin embargo, no ha podido confirmarse si se trata de un autorretrato, pues el análisis infrarrojo no ha revelado ningún dibujo o inscripción debajo de la capa pictórica, lo cual sería de mucha ayuda para resolver el misterio, ya que la caligrafía de Leonardo es inconfundible. Tomando como pretexto dicho hallazgo, y mientras se dilucida la autoría de la obra, me permito hacerle un pequeño homenaje a quien, a mi parecer, ha sido el hombre más brillante de la Historia.
Leonardo fue el hijo bastardo de un rico notario florentino y de una hermosa campesina. Gracias a las influencias de su padre, logró recibir una envidiable educación, no obstante, su sensibilidad se vio enriquecida por el esplendor de la campiña italiana. Lo maravillaban las nubes y sus extrañas formas, las gotas de rocío en la hierba y el sol saliendo entre las montañas... Todo despertaba una gran curiosidad en ese niño que quería conocer el absoluto. Pasaron los años y Leonardo comenzó a demostrar su talento en el arte pictórico. Si embargo, las circunstancias de la vida lo llevaron a trabajar en una taberna. Como un alquimista o un mago, Leonardo se deleitaba con los aromas y los sabores; le gustaba experimentar y crear belleza con los alimentos. Cuando aquella taberna quedó consumida por las llamas de un incendio, Leonardo y su buen amigo Boticcelli decidieron abrir su propio restaurante: “La enseña de las tres ranas”. Allí sentaron las bases de la nouvelle cuisine. Servían pequeñas porciones de comida bellamente dispuestas en los platos. Desafortunadamente, el pueblo no estaba listo para tanto refinamiento y la taberna tuvo que cerrar, lo que le permitió a Leonardo dedicarse de lleno a la pintura y a su investigación científica.
Pintor, arquitecto, ingeniero, alquimista, cocinero, astrónomo e inventor... El adjetivo de polifacético le queda corto a Leonardo. Siempre rebelde, siempre controversial, sus pinturas se encuentran llenas de símbolos y misterios. A pesar de que la mayoría de los encargos se los hacía la Iglesia de Roma, algunos piensan que Leonardo en realidad le rendía culto a San Juan Bautista y no a Cristo, pues en muchas de sus obras se encuentra el famoso gesto de Juan. También dicen que perteneció a la mítica sociedad del Priorato de Sión, que supuestamente resguarda antiguos documentos que hablan de la vida secreta de Jesús.
Inventó máquinas voladoras, un submarino, instrumentos musicales, carros de combate, utensilios de cocina, ametralladoras e ingeniosas catapultas, un puente plegable y un traje de buzo. Incluso ideó un vehículo autopropulsado hecho de madera que se considera el primer automóvil del mundo. En 2004 se construyó una réplica de dicho vehículo y se comprobó que funcionaba tal y como Leonardo había vaticinado. Su intelecto e imaginación no tenían límites... Se adelantó a su tiempo como ningún otro.
Murió en el castillo de Cloux, en los brazos del rey Francisco I de Francia. Alrededor de su lecho de muerte, se encontraban tres de sus obras: “San Juan Bautista”, “Santa Ana y el pequeño San Juan” y “La Mona Lisa”. Sus manuscritos le fueron confiados a su fiel discípulo Francesco Melzi, quien se encargó de ordenarlos y preservarlos, sin embargo, el tiempo terminaría por dispersar los valiosísimos dibujos y anotaciones de Leonardo por diferentes partes de Europa.
Leonardo, uno de los hombres más famosos y controversiales, un genio sin igual; profeta y visionario que cambió para siempre el rumbo de la Historia. Definitivamente, en estos tiempos de ignorancia y confusión, hace falta un Leonardo que venga a iluminar el mundo.