Nick Bradbury


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lunes, 18 de enero de 2010

¿Destino o azar?


¿Nuestra vida está predeterminada por una fuerza incuestionable o somos simples seres arrojados al mundo a merced del azar?

Creer en el destino puede ser esperanzador o espeluznante. No importa qué hagamos; si tomamos un atajo o el camino difícil, el resultado siempre será el mismo, porque todo se encuentra ya escrito en el libro de nuestra vida. La otra cara de la moneda es el azar, que tiene como obvia consecuencia el libre albedrío. Desde esta perspectiva, somos responsables de nuestros actos y podemos torturarnos con los clásicos: “si hubiera dicho, si hubiera hecho, si hubiera ido.” Pero, ¿cuál es la realidad? Científicos, teólogos y filósofos siguen discutiendo al respecto.
El determinismo, por un lado, sostiene que todo acontecimiento físico, incluido el pensamiento y las acciones humanas, están determinados por la irrompible cadena de la causa y efecto. De modo que todo sucede por una razón. Cada persona que conocemos, cada lugar que visitamos, cada idea que nos viene a la mente… es un peldaño en la incuestionable escalera de nuestro futuro. Albert Einstein creía con fervor en esta teoría. De ahí su famosa frase: “Dios no juega a los dados.” Aquí el libre albedrío no es más que una ilusión creada por la soberbia del hombre. Los defensores de la mecánica cuántica opinan lo contrario: la naturaleza es aleatoria y el futuro; errático. La vida es una ruleta que gira y gira hasta que alguien la detiene y entonces, al fin, podemos hablar de una certeza.
Una visión más mística o religiosa definiría al destino como el poder sobrenatural que guía las vidas de todos los seres sin excepción. Nada existe por azar, así como nada se crea de la nada. Todo tiene una causa, todo estaba predestinado a existir desde el momento en que la causa surgió. Somos el plan maestro de una inteligencia infinita.
Deepak Chopra habla del sincrodestino, una especie de mezcla de la teoría determinista y la del futuro como un insondable misterio. Dice que nuestra vida es gobernada por una serie de patrones y ritmos sincrónicos, pero para detectarlos necesitamos tomar consciencia, analizar los recuerdos y experiencias que nos han convertido en quienes somos ahora. Las coincidencias son tan significativas que nos revelan la intención del “Espíritu Universal”, son mensajes que nos sugieren cómo actuar y qué camino elegir. Para poder escucharlos, debemos deslindarnos del mundo material y darle mayor importancia a la dimensión del espíritu, hacer a un lado los miedos y las inseguridades.
Dado que en el tema del destino no existe ninguna certeza, lo mejor será asumir la responsabilidad de nuestros actos; luchar por nuestros ideales como si no hubiera ninguna fuerza sobrenatural detrás del misterio del devenir, pero con la esperanza de que todo sucede por una razón, para nuestra evolución e inevitable felicidad.

miércoles, 13 de enero de 2010

Las cuatro leyes de la espiritualidad


Me encontré con esto el otro día y me pareció interesante, esperanzador tal vez. Sobre todo para una agnóstica como yo que sigue buscando una clase de consuelo espiritual.

CUATRO LEYES DE LA ESPIRITUALIDAD

PRIMERA LEY

"La persona que llega es la persona correcta."
Nadie llega a nuestra vida por casualidad. Todas las personas que nos rodean,
que interactúan con nosotros, están allí por algo, para hacernos aprender y evolucionar.

SEGUNDA LEY

"Lo que sucede es la única cosa que podía haber sucedido."
Nada, absolutamente nada de lo que sucede en nuestras vidas podría haber sido de otra manera. Ni siquiera el detalle más insignificante. No existe el "si hubiera hecho tal cosa hubiera sucedido tal otra..." No. Lo que pasó fue lo único que pudo haber pasado, y tuvo que haber sido así para que aprendiéramos una lección y pudiéramos seguir adelante. Todas las situaciones con las que nos topamos son perfectas, aunque nuestra mente y nuestro ego se resistan y no quieran
aceptarlo.


TERCERA LEY

"En cualquier momento que comience algo es el momento correcto."
Todo comienza en el momento indicado, ni antes ni después. Cuando estamos preparados para que algo nuevo empiece en nuestras vidas, es cuando comenzará.
 


CUARTA LEY

"Cuando algo termina, termina."
Si algo termina en nuestras vidas es porque debemos evolucionar. Por lo tanto, es mejor aceptarlo, seguir adelante y avanzar; enriquecidos gracias a esa experiencia.



No es casualidad que estés leyendo esto. Si este texto llegó a ti hoy, es porque
estás preparado para entender que ningún copo de nieve cae alguna vez en el lugar equivocado.

martes, 12 de enero de 2010

Pompeya: ciudad rescatada de los escombros


Pompeya era una villa de descanso para los aristócratas romanos. La ciudad, colmada de palacios, era una especie de spa gigantesco. El pater o señor competía con sus vecinos para tener la residencia más lujosa. Jardines, fuentes, esculturas y murales. Las casas de Pompeya poseían salones para las tertulias, una gran cocina, cómodas habitaciones, estudio y comedor. Eran dignas de ser habitadas por los dioses. Sin embargo, en el año 79 d. C, la furia del volcán Vesubio sepultó a la ciudad, dejando su resplandor en las sombras. Pero Pompeya volvería a ver la luz.
En la exposición “Pompeya y una Villa Romana. Arte y cultura alrededor de la bahía de Nápoles”, el Museo Nacional de Antropología e Historia exhibe 101 piezas de arte y vida cotidiana que muestran la opulencia con la que vivían los aristócratas romanos en tiempos cercanos a la erupción del Vesubio. A un mes de la clausura, ésta es una exposición que no se puede perder. Y si aún no se ha convencido, déjeme contarle un poco más acerca de Pompeya.
Aunque la vida transcurría tranquila, en un ambiente de ocio, los aristócratas de Pompeya daban gran importancia al arte y admiraban sobremanera a la cultura griega. Así que llenaron sus residencias de esculturas, mosaicos y frescos que recordaban el antiguo esplendor de los helenos. No obstante, el 24 de agosto del año 79, el paraíso encontraría su fin. Una columna nubosa se alzó varios kilómetros hacia el cielo. Los habitantes de Pompeya, que en su mayoría pensaba que el Vesubio era una montaña más en el paisaje, no prestó demasiada atención al fenómeno. Fue hasta que la ciudad se vio envuelta en una neblina imposible, que los pompeyanos empezaron a ejercer la retirada. Desafortunadamente, ya era demasiado tarde. Aquélla fue una erupción peculiar. De esas que sólo ocurren cada dos mil o cinco mil años.
El Vesubio ha entrado en erupción más de treinta veces en los últimos dos mil años. La más reciente fue en 1944 y, a pesar de la devastación de los campos, sólo murieron 20 personas. Cuando un volcán hace erupción y forma ríos de lava, hay mucho tiempo para escapar. Pero la del año 79 fue una explosión de roca fundida. Diez mil toneladas de material fueron arrojadas sobre Pompeya. La acumulación de gases reventó el cono del volcán y la ciudad se vio envuelta en un diluvio de polvo. Los pompeyanos murieron de asfixia, enterrados vivos.
Muchos quisieron llevarse sus pertenencias; cerrar sus casas con llave antes de huir. Pero esa vacilación resultaría fatal. Hoy, sus cadáveres son escalofriantes esculturas de yeso; sus palacios, tumbas; y sus riquezas, objetos que se exhiben en museos de todo el mundo para el deleite de los vivos. Una pequeña y lujosa villa romana se ha reconstruido en nuestro Museo de Antropología. El 14 de febrero se mudará a otra parte. Así que no se pierda la oportunidad de admirar algunos de los tesoros de Pompeya, ciudad rescatada de los escombros.

domingo, 10 de enero de 2010

Siglo XXI: Blues por el rock


Durante décadas, el rock ha sido factor de cambio social, una válvula de escape e, incluso, una contracultura. Se inspiró en el jazz y el blues y rápidamente se convirtió en uno de los géneros más populares de la época contemporánea. Desde la atrevida guitarra de Jimmy Hendrix, a las sugestivas canciones de los Rolling Stones; las letras depresivas y la psicodelia de Pink Floyd, pasando por el punk rock de The Ramones, el heavy metal de Black Sabbath y Metallica y el nihilismo de bandas como Nirvana y Pearl Jam, el rock ha sido un himno de protesta juvenil. O al menos eso era hasta hace algunos años. Hoy, el rock ha perdido mucho de su función social y se ha vuelto light, como casi todo.
Durante los sesenta, los jóvenes utilizaban el rock como un medio para expresar su inconformidad con la realidad social que les tocó vivir: el consumismo, las guerras y la desigualdad (realidad que sigue azotando a la humanidad en nuestros días). En 1968, el movimiento adoptó una dimensión mundial. En diferentes países, los jóvenes salieron a las calles para protestar contra la guerra y la injusticia de los gobiernos occidentales. Movimiento que, desafortunadamente, en México terminó con matanza.
En los ochenta, la música rock hablaba de la Guerra Fría, del Muro de Berlín y de la crueldad del mundo. Y durante los primeros años de la década de los noventa, el grunge protestó contra el sistema gritando letras que reflejaban apatía y un inmenso desencanto con la vida. Hoy, el mainstream (o corriente principal) es el rock-pop, que se caracteriza por sus melodías suaves y pegadizas, cuyas letras, generalmente, son igual de superficiales. En la actualidad, el rock parece estar hecho en una línea de ensamble.
Pepe Garza, programador musical de VH1 Latinoamérica, nos da su impresión acerca de la música de esta década: “Durante los noventa salió la propuesta de rock alternativo, después de eso, se retomó el pop, que se convirtió en el nuevo mainstream. Hoy el rock transmite otras cosas que poco tienen que ver con la protesta social. Lo que estamos viendo en la música rock del siglo XXI es una gran incertidumbre”. No obstante, cree que nos encontramos en una época de transición, de contrapropuesta. Termina una década musical y nos acercamos a los albores de otra, que probablemente estará llena de cambios, aunque todavía no puede decirse nada a ciencia cierta.
Durante los cincuenta, y hasta los ochenta y principios de los noventa, las opciones eran limitadas. La oferta musical se reducía a unos cuantos géneros y la gente no tenía mucho de donde escoger. No obstante, esto permitía el nacimiento de líderes y, por tanto, de movimientos sociales. Si la moda era el punk, una buena parte de los jóvenes escuchaba punk y la globalización se encargaba del resto. “Los géneros musicales van cambiando conforme a las necesidades sociales, y las necesidades sociales de hoy no son necesariamente de protesta”, menciona Pepe Garza.
Ahora, la oferta musical es demasiado variada; y el mainstream, demasiado ecléctico. Las contraculturas son de plástico, y aquéllas que tienen un verdadero sustento ideológico tienden a desaparecer al poco tiempo de haber surgido, porque todo está controlado desde arriba, desde las grandes corporaciones. Garza cree que: “existe una apatía generalizada con respecto a los conflictos sociales. Siento que es una etapa de mucho escepticismo”. Afirma que el último movimiento importante, en el que el rock tuvo injerencia, fue cuando el presidente Bush decidió atacar Irak. Sin embargo, éste fue un fenómeno que se concentró en Estados Unidos con bandas como System of a down, Marylin Manson y Korn. Desde entonces, nada digno de ser mencionado. También piensa que la industria musical ha tenido mucho que ver en esta pérdida de la función social del rock: “Las disqueras han tenido una buena parte de culpa, porque sólo se han concentrado en vender música a como dé lugar”. Asimismo, dice que tal vez la industria tendrá que tocar fondo para que pueda surgir un movimiento musical capaz de provocar un verdadero cambio.
No obstante, cree que el rock todavía tiene mucho que dar. Considera que el factor de protesta social es sólo una de sus posibles dimensiones. Para él, en la actualidad, la música urbana, conformada por géneros como el rap, el hip hop e incluso el reggaetón, es mucho más subversiva que el rock, pues habla de problemas políticos y sociales, y trata de generar consciencia.
Sin embargo, para muchos, la esencia del rock sigue siendo la de protesta y contracultura. Una atmósfera de nostalgia se cierne desde hace tiempo, porque el rock dejó de ser un himno de inconformidad o proyecto político de cambio para convertirse en un artículo más del anaquel. Y, desafortunadamente, su futuro se encuentra en las manos de empresarios que no aman la música, y en cuyos ojos sólo puede verse el dorado resplandor del dinero.

miércoles, 6 de enero de 2010

El misterio de las ciudades de luz


En el mundo existen numerosas ciudades subterráneas: algunas milenarias, otras modernas. Las primeras funcionaban como escondites y refugios. Conectaban pueblos y ciudades, y servían como punto de reunión de revolucionarios y sociedades secretas. Las modernas son grandes complejos conformados por centros comerciales, restaurantes, bares y cafeterías. Sin embargo, muchos creen que debajo de la superficie de la Tierra existen otras civilizaciones asentadas en maravillosas ciudades de luz. Tal vez El viaje al centro de la Tierra de Julio Verne no sea una simple fantasía.
La cultura New Age ha popularizado historias sobre un mundo subterráneo conformado por dos continentes: la Red Agartha, por la que se extienden más de cien ciudades, y Shambala, un continente en el que descansan varias colonias satélite que se encuentran en el interior de las montañas. Les llaman ciudades de luz, debido a que supuestamente fueron fundadas por los grandes maestros ascendidos, aquellos que encontraron la iluminación y develaron los misterios de la vida y la muerte. Dicen que sus habitantes son los sobrevivientes de las míticas Atlántida y Lemuria, que tuvieron que refugiarse en las profundidades debido a la devastación causada por el Gran Diluvio.
Sus ciudades capitales son Posid, que supuestamente se encuentra debajo de las llanuras de la región de Mato Grosso, en Brasil; Shonshe, situada en algún lugar debajo de los montes Himalaya; Rama, ubicada en las profundidades de Raipur, en India; y Telos, la más importante de todas: una ciudad que se encuentra a dos millas de profundidad, cubierta por una gran cúpula y compuesta por cinco niveles. Los pregoneros del New Age aseguran que en Telos viven 1.5 millones de personas, que disfrutan de todos los servicios gracias a la avanzada tecnología milenaria de atlantes y lémures.
Dicen que los habitantes de estas ciudades son seres superiores, que muy tempranamente comprendieron la futilidad de la guerra y la violencia. Los humanos de la superficie pueden entrar a las ciudades de luz, siempre y cuando sus intenciones sean puras; y sus pensamientos, positivos. En ellas encontrarán paisajes de ensueño, con plantas exuberantes y animales que ya se han extinto en nuestro ecosistema; escuelas, centros de comercio, fábricas y áreas residenciales. Todo un mundo debajo de la Tierra.
Algunos creen que en Chiapas también existe una ciudad de luz. De hecho, el presidente Franklin Delano Roosevelt estaba obsesionado con esta idea. En marzo de 1943, los arqueólogos David y Patricia Lamb se presentaron en la Casa Blanca con una historia fascinante: dijeron haber encontrado una ciudad maya que literalmente había sido tragada por la Selva Lacandona. Ante la mirada de asombro del ex presidente de los Estados Unidos, los arqueólogos le contaron que, mientras exploraban la densa jungla, se vieron rodeados por un grupo de indígenas que se autoproclamaban “guardianes de un gran templo que sirve de entrada a la ciudad donde habitan los antiguos”, a quienes ellos veneraban. Los Lamb aseguraron que un gran diluvio había obligado a los antiguos a refugiarse en el “cuerpo interior de la Tierra”.
Charles Etienne Brasseur, uno de los pioneros en el estudio de la arqueología y la historia precolombina de Mesoamérica, escribió que: “De vez en cuando, un grupo de nativos de pequeña estatura y piel blanca aparece en las ciudades y pueblos fronterizos de Chiapas y Guatemala Occidental; vienen a hacer trueques de mercancías y luego se van a su gran templo de piedra, en donde dicen vivir. Quienes han intentado seguirlos, desaparecen o amanecen muertos”.
Aunque las ciudades de luz suenen a pura fantasía, estos relatos han formado parte de la imaginería popular desde tiempos antiguos. ¿Quién sabe? Puede ser que los exploradores del futuro descubran un mundo maravilloso debajo de la superficie de la Tierra, como soñaba Julio Verne.

lunes, 4 de enero de 2010

¿Existe la fuente de la eterna juventud?



Durante milenios, el hombre ha soñado con fuentes que manan agua rejuvenecedora y con elíxires capaces de curar todas las enfermedades y de conferir la inmortalidad. Se dice que el mito de la Fuente de la Vida nació en India; aunque los conquistadores españoles también buscaron ríos mágicos en América. Hoy en día seguimos buscando la fuente de la eterna juventud. Vamos a que nos pongan menjurjes en la cara, tomamos vitaminas, hacemos ejercicio y compramos toda clase de productos inútiles que nada tienen de milagrosos con el afán de ganarle tiempo al reloj. Sin embargo, el secreto de la eterna juventud podría encontrarse en el lugar menos esperado...

De acuerdo con la mitología griega, los dioses bebían un néctar maravilloso que les regalaba la inmortalidad. En la antigua China se pensaba que la ingesta de ciertos materiales preciosos como el jade, el oro o la hematita confería una vida larga. También se llegó a utilizar mercurio y arsénico para preparar las pociones de la longevidad, por lo que más de un emperador murió antes de tiempo por querer prolongar su estancia en el mundo.

Algunos buscaron el Río de la Inmortalidad, que otorgaba vida eterna a todo aquél que se bañara en sus aguas. Otros estaban obsesionados con la legendaria Fuente de la Vida, que renovaba el vigor y rejuvenecía a los ancianos. El mito de la Fuente de la Vida tuvo su origen en India, en la primitiva tradición brahmánica, sin embargo, hoy se conoce como fuente de la vida a cualquier río o manantial que posea aguas medicinales o curativas.

Juan de Mandeville fue un imaginativo y apasionado explorador del siglo XIV, famoso por su Libro de las maravillas del mundo, en donde relata las aventuras que vivió durante sus supuestos viajes por Egipto, Asia, India y China. En su obra, Mandeville describe tierras fantásticas pobladas por gigantes y enanos. También afirma haber encontrado la fuente de la eterna juventud: Habla de una fuente noble y hermosa, de aguas aromáticas y exquisitas que fluían al pie de una montaña en la ciudad de Polombé. “El que bebe de esa agua en cantidad suficiente, sana de sus enfermedades, ya no se enferma y es siempre joven. Yo, Juan de Mandeville, vi esa fuente y bebí tres veces de esa agua con mis compañeros, y desde que bebí me siento bien, y supongo que así estaré hasta que Dios disponga llevarme de esta vida mortal”. No obstante, Juan de Mandeville murió en 1372, pocos años después de haber encontrado la presunta fuente de la juventud. Es por ello que el relato de sus viajes generalmente se considera una impostura.

Los indios de América profesaban cierta veneración por unos árboles que poseían cualidades medicinales. Los llamaban “árboles de la vida”, “de la inmortalidad”, “palo santo” o “guayacán”. Afirmaban que estos árboles eran capaces de transmitir sus virtudes a los ríos y a las fuentes que corrían cerca de sus raíces. Asimismo, hablaban de un río de aguas rejuvenecedoras que se convirtió en la obsesión de los expedicionarios españoles. De hecho, el conquistador Juan Ponce de León descubrió la Florida y las islas de Bimini debido a su afán por encontrar la fuente de la juventud.

Por otra parte, cientos de hombres alrededor del mundo codiciaron la mítica piedra filosofal, una sustancia capaz de convertir cualquier metal en oro, de devolver la juventud perdida y de conferir la inmortalidad. Sin embargo, ningún alquimista logró hacer realidad el sueño de la vida eterna. Tal vez todos ellos buscaron en el lugar equivocado.

Los monjes tibetanos aseguran haber encontrado el tesoro de la eterna juventud. De acuerdo con la cultura oriental, el ser humano posee siete chakras o vórtices energéticos encargados de mantener en equilibrio los centros físico, mental, espiritual y emocional. Los chakras deben girar a una velocidad uniforme y determinada para lograr la alineación, de lo contrario, el cuerpo enferma y envejece. Los monjes tibetanos recomiendan cinco ejercicios básicos de yoga para que los chakras trabajen de manera armoniosa. Estos son los famosos “ritos tibetanos”, que prometen conferir juventud y longevidad a cualquiera que los practique de forma cotidiana.

La realidad es que la juventud se encuentra en la mente. El alma envejece cuando llega la monotonía, cuando el rencor invade el cuerpo, cuando se deja de valorar la vida. Por ello, no pare de sonreír, disfrute como un niño, deléitese con cada amanecer y con cada luna. La fuente de la juventud se encuentra en nosotros; la fuente de la amargura, también. Sólo usted puede decidir de qué agua habrá de beber.

Si desea mayor información acerca de los cinco ritos tibetanos, visite la página: www.yogallimite.com

Avatar: la cuarta más taquillera



Debo confesar mi debilidad por la ciencia ficción. En todo caso, casi siempre prefiero leer un buen libro del género que ver una película hollywoodense llena de cabos sueltos y actores demasiado maquillados. No obstante, me he enamorado de varios filmes pertenecientes a esta categoría: Contacto, basada en la maravillosa novela de Carl Sagan, Odisea 2001 de Stanley Kubrick y la hilarante cinta de Woody Allen, El dormilón, por mencionar sólo algunas. Ahora, una nueva propuesta ha invadido las salas de cine de todo el mundo, Avatar, del laureado James Cameron, director del famoso melodrama histórico Titanic. En tercera dimensión y luciendo impresionantes efectos especiales, Avatar logró recaudar 1000 millones de dólares en tan sólo 17 días, lo que la convierte en el cuarto filme más taquillero hasta el momento.
Aunque el argumento no es nuevo (pueden encontrarse ecos de Danza con lobos, El último samurai y La princesa Mononoke), Cameron logra no sólo entretener con una historia bien contada, sino también conmover a los espectadores con un mensaje muy ad hoc a nuestra época: la injusta destrucción de los ecosistemas y las culturas para saciar el hambre del monstruo capitalista. Carbón, petróleo, y dicen que en un futuro las guerras serán por agua.
Avatar es la historia de Jake Sully, un soldado parapléjico que es enviado a la luna de un planeta lejano en una misión secreta. Pandora es un paraíso lleno de plantas exuberantes habitado por una raza de seres azules y gigantescos llamados Na´vi que, a diferencia de los humanos, fundamentan su vida en el respeto por la Madre Naturaleza. Para obtener información sobre ellos, los científicos desarrollan con ADN alienígena y humano avatares, seres con aspecto de Na´vi, pero que son controlados vía remota por humanos. Sully debe ganarse la confianza de los Na´vi para convencerlos de trasladar la tribu a otro sitio, lejos del yacimiento del misterioso recurso que tanto interesa a los humanos. Sin embargo, queda embelesado con los paisajes de ensueño de Pandora, la profunda espiritualidad de sus habitantes y, sobre todo, con una hermosa nativa. Traiciona a su raza y, obviamente, comienza la guerra.
Con la marca de “hecho en Hollywood”, el filme no pudo desenmarañarse de la típica historia de amor, entre otros clichés. No obstante, el fondo es conmovedor; y los efectos especiales, impecables. Los niños, y uno que otro adulto, no pueden evitar alzar las manos para tocar los objetos que parecen salirse de la pantalla: dragones, flores suspendidas en el aire y curiosas criaturas.
Avatar lleva la experiencia de la tercera dimensión a límites insospechados. Incluso, me atrevería a decir que es un vislumbre del futuro del cine, que se verá cada vez más detrás de unos lentes especiales. Además de los efectos, lo más rescatable de la película es el mensaje. La invasión y la destrucción de las culturas son temas tan antiguos como las civilizaciones, por lo que nunca pasarán de moda. La política de Avatar es anti corporativa y anti imperialista, pugna por la conservación y la conciencia ecológica bajo el cariz de una especie de izquierda hollywoodense. Es un espectáculo de millones de dólares que invita a la reflexión.