Nick Bradbury


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lunes, 17 de mayo de 2010

Crimen y paternidad


"El porvenir de un hijo depende de su madre"

Napoleón Bonaparte.


La personalidad comienza a forjarse durante los primeros años de la infancia. En este periodo, todo es increíblemente significativo: un paseo, un juguete, un premio o un regaño. Los cimientos del edificio de la mente comienzan a levantarse. Y en este proceso, mucho tienen que ver los padres. Si son amorosos o desapegados; si están presentes o ausentes; si son funcionales o disfuncionales. Tener un hijo por tenerlo, por mera convención social, sin verdadera convicción, es la peor de las irresponsabilidades. No sólo para con el niño, sino para con la sociedad y, a veces, el mundo entero.
Jim Jones nació en un tranquilo pueblo de Indiana en 1931. Sus padres, ausentes la mayor parte del tiempo, se encargaron de que su infancia fuera fría, violenta y solitaria. Refugiado en la casa de una tía muy religiosa, encontró en la Biblia el consuelo perfecto para su desencanto. Jugaba al predicador con sus amigos o leía capítulos del Antiguo Testamento en las esquinas y los parques. Se convirtió en un joven generoso y admirado por la comunidad. No obstante, quienes lo conocían bien, confesaban que había algo extraño, una cierta perversidad, un rencor en sus ojos. A los veinticinco años de edad fundó la secta del Templo del Pueblo y, lo que empezó como un proyecto altruista, se convirtió en una espeluznante tragedia. En 1978, paranoico y enfermo de poder, Jim Jones convocó a uno de los suicidios colectivos más grandes de la historia. Mil personas murieron esa noche de noviembre. Él mismo se quitó la vida, o quizás alguien, cansado de sus abusos y manipulaciones, decidió volarle los sesos con una escopeta.
Todos conocemos los crímenes de Charles Manson, pero ¿conoce usted la historia de su infancia? Hijo de una prostituta de dieciséis años, Manson asegura que lo único que su madre le enseñó es que todas las personas dicen mentiras y que es imposible confiar en alguien. "Cuentan que mamá estaba en un café una tarde. Yo estaba en su regazo. La camarera, entre bromas, dijo que me compraría. 'Una jarra de cerveza y es tuyo', dijo mamá. La camarera trajo la cerveza y mamá salió del lugar sin mí. Días después, mi tía tuvo que buscar a la camarera por todo el pueblo para traerme de regreso".
Ahora veamos el caso de Afolf Hitler. Su padre era un funcionario de aduanas, violento, alcohólico y mujeriego que golpeaba a sus hijos y a su esposa, que murió en un manicomio. La suya es una historia de soledad y rencor contenido que provocó nada más y nada menos que el Holocausto.
Detrás de todo criminal, generalmente hay una historia de abandono y violencia. Es verdad que la predisposición genética al crimen es un factor importante, pero, en muchos casos, una vida familiar amorosa y una educación responsable pueden impedir que dichos detonantes se activen. Los padres son los primeros escultores de la personalidad, por ello no deben tomarse a la ligera la crianza de sus hijos. Como bien decía Goethe: “Podrían engendrarse hijos educados, si lo estuvieran sus padres”.

2 comentarios:

  1. Que paso en Benito Juárez. Cual fue la mujer que moldeó esa criatura llena de amor por su esposa margarita y sus hijos. Amor por su México y su gente. Que madre lo educó para forjar en él un carácter férreo que lo hizo superar como pocos, las adversidades. Ana te agradezco las reflexiones con que siembras verdor en nuestra conciencia.

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  2. quien se queja demás de su hijo,no se despegó de la falda de su mamá

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