Nick Bradbury


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lunes, 23 de agosto de 2010

El Gran Hermano te vigila


"No es indicio de salud estar adaptado a una sociedad enferma".
J. Krishnamurti.

Seguramente ha oído hablar del Gran Hermano, del “Big Brother” que todo lo vigila. Pero tal vez desconozca que “Big Brother” no es un concepto creado por un genio de la industria del entretenimiento, sino por un escritor británico llamado Eric Arthur Blair, mejor conocido como George Orwell. Publicada en 1948, su novela Mil novecientos ochenta y cuatro debería encontrarse en el anaquel de los libros proféticos. Hoy vivimos en el mundo que Orwell imaginó hace más de sesenta años. Y no es un mundo feliz, temo decirle.
En la novela, el Gran Hermano es una figura mesiánica que representa los ideales de un partido político, el Socing, cuyos miembros son vigilados las veinticuatro horas. En sus casas se han instalado cámaras y micrófonos para controlar cada pensamiento y cada acción. Hay espías por todos lados; oídos en las calles y en las oficinas.
La Verdad es una sola, y quien se atreva a refutarla será torturado, en el mejor de los casos. La guerra es algo cotidiano como la lluvia; el Partido escribe la historia, redacta las noticias a su conveniencia y “desaparece” información comprometedora como por arte de magia.
La clase “educada” vive bajo el yugo del Gran Hermano; las masas son libres, pero ignorantes, de modo que nadie se atreve a hacer nada. ¿Aún no ha encontrado la relación entre esta novela y nuestro mundo? Bien, resulta ser que el gobierno (y no me refiero al de México específicamente) escribe la historia. Crea héroes a discreción; leyendas que se convierten en capítulos de enseñanza básica; mitos que se vuelven verdades indiscutibles… Pero el gobierno (y ahora sí me refiero al mexicano) también es controlado; no sólo por los Estados Unidos y otras potencias, sino por los medios masivos de comunicación: el cuarto poder, que hoy por hoy es quién decide qué es la Verdad. Si esta noche López Dóriga anunciara que hemos sido invadidos por una flota de naves extraterrestres y además le mostrara un video (muy bien producido, por cierto) del supuesto ataque, ¿usted le creería? Sólo basta recordar lo que sucedió en 1938, cuando Orson Welles narró por radio una adaptación de La guerra de los mundos aduciendo que se trataba de una noticia de última hora.
Otro elemento de la novela de Orwell que puede encontrar eco en la sociedad actual es el lenguaje. ¿Se ha dado cuenta de cómo el lenguaje se hace cada vez más sintético? Debido a los gadgets y a las redes sociales se ha generado una epidemia de “reduccionitis”. Se omiten letras en las palabras; las letras “q” se intercambian por “kas”, se hacen mescolanzas de idiomas (especialmente con el inglés), y nos comunicamos con símbolos que representan emociones. En Mil novecientos ochenta y cuatro, Orwell introduce una forma sintética de comunicación llamada “neolengua”. El objetivo era lograr que las palabras que resultaban inconvenientes para el Partido se fueran haciendo cada vez más pequeñas hasta desaparecer. Libertad, justicia o compasión… si estas palabras desaparecían, entonces no podrían ser pensadas por las personas y, por lo tanto, dichos valores dejarían de existir.
Pero espere, ahora viene la parte más aterradora. En teoría, nuestras computadoras, correos electrónicos y teléfonos deberían ser privados, sin embargo, la Agencia de Seguridad Nacional de los Estados Unidos, encargada de obtener y analizar información transmitida por cualquier medio de comunicación y de garantizar la seguridad de las comunicaciones del gobierno en relación con agencias homólogas de otros países, puede tener acceso a la información privada de cualquier persona del mundo. Entonces, ¿en dónde queda la libertad? Si el gobierno escribe la historia, un libro no es suficiente; y si los medios manipulan la información, no debemos conformarnos con el noticiario nocturno o con leer los encabezados del primer periódico que encontremos. Como decía Goethe: “Nadie es más esclavo que aquél que falsamente cree ser libre”.

2 comentarios:

  1. Te falto la instalación de camaras de seguridad por tooooooodas partes, las mismas webcam donde tu voluntariamente muestras tu vida al mundo (por mas que le pongas candadito a tu Faceboo) el telefono celular, que creo que supero la imaginación del escritor, donde ahora ya no solo se puede saber con quien hablas, sino que te gusta comprar, y hasta en que lugar físico te encuentras.

    Y no hay que olvidar al moustro conocido como Google, el espía buena onda que te regala un montón de cosas solo a cambio de tu información privada (misma que usará mas tarde para tratar de vender ene mil cosas)

    Te dejo una conferencía que ví (ironicamente en google video) donde se explica que la realidad actual es mas estremesedora de lo que alguna vez penso Orswell.

    http://www.documentary-log.com/you-are-watching-privacy-is-dead-get-over-it/

    :)

    En general muy buen texto.

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  2. Excelente articulo, me sirve de mucho como referencia para mi investigación! Saludos!

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