Nick Bradbury


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domingo, 10 de enero de 2010

Siglo XXI: Blues por el rock


Durante décadas, el rock ha sido factor de cambio social, una válvula de escape e, incluso, una contracultura. Se inspiró en el jazz y el blues y rápidamente se convirtió en uno de los géneros más populares de la época contemporánea. Desde la atrevida guitarra de Jimmy Hendrix, a las sugestivas canciones de los Rolling Stones; las letras depresivas y la psicodelia de Pink Floyd, pasando por el punk rock de The Ramones, el heavy metal de Black Sabbath y Metallica y el nihilismo de bandas como Nirvana y Pearl Jam, el rock ha sido un himno de protesta juvenil. O al menos eso era hasta hace algunos años. Hoy, el rock ha perdido mucho de su función social y se ha vuelto light, como casi todo.
Durante los sesenta, los jóvenes utilizaban el rock como un medio para expresar su inconformidad con la realidad social que les tocó vivir: el consumismo, las guerras y la desigualdad (realidad que sigue azotando a la humanidad en nuestros días). En 1968, el movimiento adoptó una dimensión mundial. En diferentes países, los jóvenes salieron a las calles para protestar contra la guerra y la injusticia de los gobiernos occidentales. Movimiento que, desafortunadamente, en México terminó con matanza.
En los ochenta, la música rock hablaba de la Guerra Fría, del Muro de Berlín y de la crueldad del mundo. Y durante los primeros años de la década de los noventa, el grunge protestó contra el sistema gritando letras que reflejaban apatía y un inmenso desencanto con la vida. Hoy, el mainstream (o corriente principal) es el rock-pop, que se caracteriza por sus melodías suaves y pegadizas, cuyas letras, generalmente, son igual de superficiales. En la actualidad, el rock parece estar hecho en una línea de ensamble.
Pepe Garza, programador musical de VH1 Latinoamérica, nos da su impresión acerca de la música de esta década: “Durante los noventa salió la propuesta de rock alternativo, después de eso, se retomó el pop, que se convirtió en el nuevo mainstream. Hoy el rock transmite otras cosas que poco tienen que ver con la protesta social. Lo que estamos viendo en la música rock del siglo XXI es una gran incertidumbre”. No obstante, cree que nos encontramos en una época de transición, de contrapropuesta. Termina una década musical y nos acercamos a los albores de otra, que probablemente estará llena de cambios, aunque todavía no puede decirse nada a ciencia cierta.
Durante los cincuenta, y hasta los ochenta y principios de los noventa, las opciones eran limitadas. La oferta musical se reducía a unos cuantos géneros y la gente no tenía mucho de donde escoger. No obstante, esto permitía el nacimiento de líderes y, por tanto, de movimientos sociales. Si la moda era el punk, una buena parte de los jóvenes escuchaba punk y la globalización se encargaba del resto. “Los géneros musicales van cambiando conforme a las necesidades sociales, y las necesidades sociales de hoy no son necesariamente de protesta”, menciona Pepe Garza.
Ahora, la oferta musical es demasiado variada; y el mainstream, demasiado ecléctico. Las contraculturas son de plástico, y aquéllas que tienen un verdadero sustento ideológico tienden a desaparecer al poco tiempo de haber surgido, porque todo está controlado desde arriba, desde las grandes corporaciones. Garza cree que: “existe una apatía generalizada con respecto a los conflictos sociales. Siento que es una etapa de mucho escepticismo”. Afirma que el último movimiento importante, en el que el rock tuvo injerencia, fue cuando el presidente Bush decidió atacar Irak. Sin embargo, éste fue un fenómeno que se concentró en Estados Unidos con bandas como System of a down, Marylin Manson y Korn. Desde entonces, nada digno de ser mencionado. También piensa que la industria musical ha tenido mucho que ver en esta pérdida de la función social del rock: “Las disqueras han tenido una buena parte de culpa, porque sólo se han concentrado en vender música a como dé lugar”. Asimismo, dice que tal vez la industria tendrá que tocar fondo para que pueda surgir un movimiento musical capaz de provocar un verdadero cambio.
No obstante, cree que el rock todavía tiene mucho que dar. Considera que el factor de protesta social es sólo una de sus posibles dimensiones. Para él, en la actualidad, la música urbana, conformada por géneros como el rap, el hip hop e incluso el reggaetón, es mucho más subversiva que el rock, pues habla de problemas políticos y sociales, y trata de generar consciencia.
Sin embargo, para muchos, la esencia del rock sigue siendo la de protesta y contracultura. Una atmósfera de nostalgia se cierne desde hace tiempo, porque el rock dejó de ser un himno de inconformidad o proyecto político de cambio para convertirse en un artículo más del anaquel. Y, desafortunadamente, su futuro se encuentra en las manos de empresarios que no aman la música, y en cuyos ojos sólo puede verse el dorado resplandor del dinero.

1 comentario:

  1. Todo lo anterior sera cierto o no... Sin embargo
    ni el rock, o el blues o nada, dependen de la
    payola, estaciones mediocres de radio, tampoco
    sujeto a la censura gracias al internet...
    Yo a las seis decadas no tengo nostalgias de protensta ni de nada eso son cosas de menores
    de treinta. Suerte y exito....

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