Nick Bradbury


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miércoles, 6 de enero de 2010

El misterio de las ciudades de luz


En el mundo existen numerosas ciudades subterráneas: algunas milenarias, otras modernas. Las primeras funcionaban como escondites y refugios. Conectaban pueblos y ciudades, y servían como punto de reunión de revolucionarios y sociedades secretas. Las modernas son grandes complejos conformados por centros comerciales, restaurantes, bares y cafeterías. Sin embargo, muchos creen que debajo de la superficie de la Tierra existen otras civilizaciones asentadas en maravillosas ciudades de luz. Tal vez El viaje al centro de la Tierra de Julio Verne no sea una simple fantasía.
La cultura New Age ha popularizado historias sobre un mundo subterráneo conformado por dos continentes: la Red Agartha, por la que se extienden más de cien ciudades, y Shambala, un continente en el que descansan varias colonias satélite que se encuentran en el interior de las montañas. Les llaman ciudades de luz, debido a que supuestamente fueron fundadas por los grandes maestros ascendidos, aquellos que encontraron la iluminación y develaron los misterios de la vida y la muerte. Dicen que sus habitantes son los sobrevivientes de las míticas Atlántida y Lemuria, que tuvieron que refugiarse en las profundidades debido a la devastación causada por el Gran Diluvio.
Sus ciudades capitales son Posid, que supuestamente se encuentra debajo de las llanuras de la región de Mato Grosso, en Brasil; Shonshe, situada en algún lugar debajo de los montes Himalaya; Rama, ubicada en las profundidades de Raipur, en India; y Telos, la más importante de todas: una ciudad que se encuentra a dos millas de profundidad, cubierta por una gran cúpula y compuesta por cinco niveles. Los pregoneros del New Age aseguran que en Telos viven 1.5 millones de personas, que disfrutan de todos los servicios gracias a la avanzada tecnología milenaria de atlantes y lémures.
Dicen que los habitantes de estas ciudades son seres superiores, que muy tempranamente comprendieron la futilidad de la guerra y la violencia. Los humanos de la superficie pueden entrar a las ciudades de luz, siempre y cuando sus intenciones sean puras; y sus pensamientos, positivos. En ellas encontrarán paisajes de ensueño, con plantas exuberantes y animales que ya se han extinto en nuestro ecosistema; escuelas, centros de comercio, fábricas y áreas residenciales. Todo un mundo debajo de la Tierra.
Algunos creen que en Chiapas también existe una ciudad de luz. De hecho, el presidente Franklin Delano Roosevelt estaba obsesionado con esta idea. En marzo de 1943, los arqueólogos David y Patricia Lamb se presentaron en la Casa Blanca con una historia fascinante: dijeron haber encontrado una ciudad maya que literalmente había sido tragada por la Selva Lacandona. Ante la mirada de asombro del ex presidente de los Estados Unidos, los arqueólogos le contaron que, mientras exploraban la densa jungla, se vieron rodeados por un grupo de indígenas que se autoproclamaban “guardianes de un gran templo que sirve de entrada a la ciudad donde habitan los antiguos”, a quienes ellos veneraban. Los Lamb aseguraron que un gran diluvio había obligado a los antiguos a refugiarse en el “cuerpo interior de la Tierra”.
Charles Etienne Brasseur, uno de los pioneros en el estudio de la arqueología y la historia precolombina de Mesoamérica, escribió que: “De vez en cuando, un grupo de nativos de pequeña estatura y piel blanca aparece en las ciudades y pueblos fronterizos de Chiapas y Guatemala Occidental; vienen a hacer trueques de mercancías y luego se van a su gran templo de piedra, en donde dicen vivir. Quienes han intentado seguirlos, desaparecen o amanecen muertos”.
Aunque las ciudades de luz suenen a pura fantasía, estos relatos han formado parte de la imaginería popular desde tiempos antiguos. ¿Quién sabe? Puede ser que los exploradores del futuro descubran un mundo maravilloso debajo de la superficie de la Tierra, como soñaba Julio Verne.

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