
No en balde se dice que Tepoztlán es un pueblo mágico. Entre vapores de incienso y cantos orientales, la atmósfera irremediablemente seduce. Artesanías de barro y plata, cuarzos y toda clase de mercancías esotéricas; videntes por aquí y por allá, vestidos hindúes y chamanes… Y detrás de todo ese New Age, el ex convento de la Natividad de María: edificio de arquitectura mudéjar que en algún momento fue ocupado por las tropas de Maximiliano de Habsburgo y que hoy funciona como museo histórico. El mayor atractivo de la zona es el legendario cerro del Tepozteco, en cuya cúspide se levanta una pirámide construida en honor a Tepoztécatl, héroe que se convirtió en el dios del pulque y la fertilidad vegetal.
En un pueblo circundado por cerros, el Tepozteco es el rey. En la pirámide, o Casa del Tepozteco, se encontraron dos lápidas talladas, una de ellas con el nombre de Ahuízotl, rey mexica que murió en el año 1502 de nuestra era. Pero no todo es arqueología e historia. Se cree que el cerro posee una vibración muy especial que contagia de energía positiva a quien se adentra en sus laberintos. Muchos aseguran haber visto ovnis sobrevolando el cerro; otros dicen que dentro del Tepozteco existe una ciudad subterránea en la que viven maestros ascendidos: simples mortales que en vida alcanzaron la iluminación y atravesaron el portal inter dimensional. Y como éstas, se cuentan decenas de historias en torno al célebre Tepozteco.
Tras la hazaña de subir un cerro de dos mil metros, se antojan unos buenos “itacates”: gorditas de maíz bañadas con salsa y espolvoreadas con queso, y de postre una deliciosa tepoznieve: preparada de forma artesanal con ingredientes 100% naturales. Los sabores, que pueden sonar extraños al oído, resultan deliciosos al paladar. Le recomiendo probar la nieve de pétalo de rosa, la de leche quemada o la de pepino con chile.
El souvenir clásico es la artesanía de papel de amate o los cuadros hechos a base de semillas de colores. Sin embargo, los productos esotéricos parecen tener mayor popularidad entre los turistas. Se venden desde inciensos hasta figuras de ángeles o amuletos hindúes. Lo indígena, lo cristiano y lo oriental: todo en un mismo mercado. A pesar de los intereses lucrativos, la realidad es que algo misterioso viaja por las calles de este pueblo. El pasado fin de semana, yo tuve una experiencia muy especial, que si le contara, tal vez no me creería. Lo único que puedo decir es que existe algo más que esta realidad material, pero para poder descubrirlo es necesario abrir la mente y el espíritu a aquello que parece imposible. Tepoztlán es un lugar perfecto para empezar a intentarlo.


A mi me gustaría saber tu experiencia inverosímil!!! échaleeee!!!
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