
Albert Einstein descubrió que el tiempo no transcurre de la misma forma en la Tierra que en la Luna o en cualquier otro objeto celeste. Mi peso corporal, por ejemplo, es de 52 kilogramos en la Tierra, aunque en la Luna, cuya masa es sumamente inferior, mi peso sería de apenas ocho kilogramos. En el caso hipotético de que pudiera pararme en la superficie del Sol, cuya masa es 109 veces la de nuestro planeta, mi peso sería de cientos y cientos de toneladas. Debido a que los cuerpos deforman el entretejido que es el espacio-tiempo, entre mayor sea su masa, el tiempo transcurrirá con mayor lentitud y viceversa. En la Luna envejecería más rápido que en la Tierra, mientras que parada en un cuerpo del tamaño del Sol, el tiempo para mí sería prácticamente imperceptible. Como si fuera a vivir por siempre. No obstante, aquí en el planeta Tierra, la vida transcurre a una velocidad vertiginosa. Nuestro tiempo es apenas un parpadeo cósmico y no podemos desperdiciarlo.
Es común que nos dejemos llevar por la rutina. Entre el trabajo, los problemas cotidianos y la presión social, se nos escurre el tiempo. Así, tan fácil, como si fuera un recurso renovable. La mayoría trabaja para comer y no para encontrar la autorrealización. Abogados que querían ser pintores y contadores que querían ser cineastas. Parejas que no deben estar juntas, pero que son demasiado co-dependientes para asumir la realidad. Viajes que nunca se hicieron, familiares olvidados, libros que jamás fueron abiertos… Pero la arena en el reloj sigue cayendo, sin importar cuán arrepentidos estemos por no haber aprovechado nuestra pequeña dosis de tiempo.
¡Vivir! es un filme de Akira Kurosawa que narra la historia de un trabajador público que, tras recibir un diagnóstico que lo sentencia a muerte, se percata de que su vida ha sido un desperdicio. Así las cosas, emerge en él la necesidad de encontrarle un sentido, por lo que se embarca en un proyecto que terminará por conferirle reconocimiento y trascendencia. Podría decirse que todos vivimos a contra reloj, como el protagonista de esta película, pero a veces nos olvidamos de ello hasta el punto de soltar las riendas. Afortunadamente, cada día significa una oportunidad para rectificar el camino, para preguntarnos si nuestras acciones realmente van acorde a nuestro invaluable y muy personal proyecto de felicidad. No hay más tiempo que vida. La vida es nuestro tiempo y hoy es el momento de decidir qué vamos a hacer con él.


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