Nick Bradbury


Powered By Blogger

sábado, 22 de enero de 2011

Curiosidades rosas


Millones de mujeres responden al nombre de Rosa. Otras más al de Rosalía, Rosita o Rosamunda, inspirados en el nombre de esta flor que ha cosechado pasiones por todas partes. La rosa ya era considerada antigua cuando el botánico griego Teofrasto escribió sobre la «rosa de cien pétalos», en el año 270 a.C. Basta decir que se han encontrado rosas fosilizadas que datan de cuarenta millones de años. El espectro parece interminable, veinte mil variedades de rosas esparcen su perfume hoy día. Hay rosas en la cocina, en las iglesias, en los perfumes, en el cabello de las mujeres e incluso en algunos rosarios que, originalmente, constaban de ciento sesenta y cinco pétalos de rosa secos y cuidadosamente enrollados. Pero no sólo las flores son prolíficas en el mundo; en la paleta de un pintor pueden encontrarse hasta 50 tonos de rosa: begonia, color piel, rosa persa, salmón, malva, rosa antiguo y rosa bebé…
Ningún pueblo estuvo tan obsesionado con las rosas como el romano. De la fuente del emperador manaba agua de rosas; se usaban pétalos de rosa como relleno de almohadas y como ingrediente de medicinas, pociones de amor y afrodisiacos. En las bacanales no sólo había exceso de comida y bebida, también había exceso de rosas. Para el deleite de sus invitados, Nerón llegó a gastar el equivalente a ciento sesenta y cinco mil dólares en rosas —cabe mencionar que uno de sus invitados murió asfixiado bajo una ducha de pétalos—. La devoción de los romanos por esta flor era tal, que incluso crearon una festividad para ella: la Rosalia.
Para la cultura islámica, la rosa tiene un valor más espiritual. Se dice que cada vez que alguien aspira su perfume, resuena el nombre de Alá. Las rosas se mezclan bien con el agua, por lo que son ideales para preparar helados y pasteles; de hecho, la rosa se ha convertido en ingrediente emblemático de la gastronomía islámica, además de ser muy usada como perfume corporal. La hospitalidad sigue exigiendo que en una casa islámica un invitado sea rociado con agua de rosas al momento de entrar.
A comienzos del siglo XIX, las elegantes rosas de té chinas, que olían como hojas de té frescas cuando se machacaban, provocaron furor en Europa. La cruza de especies chinas y europeas trajo como resultado las llamadas “rosas de té híbridas”. Pétalos amplios o alargados: rojos, amarillos, blancos y hasta violetas; perfumes embriagantes, sobrios o tímidos como adolescentes. Hubo un momento en que el perfume de la rosa estuvo a punto de perderse debido al exceso de hibridación. La especie híbrida de rosa de té más popular del mundo es «Peace», una flor que deslumbra por su colorido múltiple y que refleja todos los espectros de la luz. Fue bautizada con ese nombre el 2 de mayo de 1945, cuando Berlín fue derrotada y se hizo la paz.
Todas las cualidades de la rosa se consideran típicamente femeninas. La rosa simboliza la fuerza de los débiles, como el encanto y la amabilidad. En Romeo y Julieta, de Shakespeare, se lee: I´m the very pink of courtesy —“Soy tan cortés como el color rosa”. El rosa es y ha sido en todos los siglos el color típico de la cortesía y la amabilidad. Es verdad que el rosa es un color suave, tierno y delicado, pero también nos hace pensar en la piel, en un cuerpo desnudo, lo que lo convierte en un color erótico. Junto al blanco, el rosa parece un color completamente inocente, sin embargo, con el violeta y el negro forma el acorde cromático de la seducción y el erotismo. El rosa es como una nube aterciopelada que puede convertirse en tormenta: oscila entre el bien y el mal.
Pero el rosa no siempre fue el color típicamente femenino. El diario financiero más famoso del mundo, The Financial Times, se imprime desde 1888 en papel rosado. También la Gazzeta dello Sport, diario deportivo italiano leído casi exclusivamente por hombres, se imprime en papel rosado. La convención de “rosa para las niñas, azul celeste para los niños” parece tan antigua como los cantos gregorianos. Sin embargo, esta moda nació hace poco, en 1920, y contradice el simbolismo milenario que dicta que el color rojo es masculino; y el rosa, el pequeño rojo, el color de los niños varones. Por ello, desde la Edad Media hasta bien entrado el siglo XIX, se solía representar al Niño Jesús vestido de color rosa.
El rosa es también el color de las ilusiones y los milagros. Ilusionarse equivale a dormir en una balsa que navega en el cielo, sobre un mar de nubes rosas. Todo lo vemos “color de rosa”. El séptimo cielo es rosa; y, cuando la vida es como un sueño: C’est la vie en rose, dicen los franceses. A los antidepresivos se les llama “píldoras rosas”. El rosa se encuentra en todas las ensoñaciones, es el color de la irrealidad, del romanticismo y el deleite.
Rosella, Rhoda, Rosika, Rosina, Rose, Rosalie, Rosetta, Rosi… El nombre Rosa es uno de los más populares del mundo; el 3% de las mujeres lo nombra como color favorito; la flor que lleva este mismo nombre es la más vendida y poetizada. No obstante, hay que tener cuidado: el color es sugestivo, y por tanto peligroso; las rosas tienen espinas... las mujeres también.

martes, 11 de enero de 2011

Twitteratura


Imagine leer un libro tan rebosante como La Divina Comedia en miserables diez minutos. Reducir las aventuras de Odiseo a un puñado de palabras. Callar la voz de Hamlet con unos cuantos aforismos. Pues bien, resulta que dos estudiantes de la Universidad de Chicago creen haber tenido una revelación que los hará millonarios y, de paso, ayudará a difundir los clásicos a cada rincón del planeta.
Alexander Aciman y Emmet Rensin, de 19 años de edad, propusieron a la editorial Penguin books reducir los clásicos de la literatura a 20 tweets, es decir, a no más de 2, 800 caracteres. Eso es la Twitteratura: versiones minúsculas de grandes libros para la agitada vida de nuestro tiempo. Permítame narrarle el clásico de Antoine de Saint-Exupéry, El principito, en versión “twitteraria”: El_Aviador le dice @El_Principito: “¿De dónde vienes hombrecito?, ¿dónde queda tu casa?, ¿a dónde quieres llevar mi cordero?” El_Principito le dice @El_Aviador: “Lo bueno de la caja que me has regalado es que por la noche le servirá de casa”. El_Aviador le dice @El_Principito: “Los baobabs no son arbustos, son árboles grandes como iglesias”. El_Principito le dice @El_Aviador: “Los baobabs son muy pequeños, si no se arrancan a tiempo, ¡cubren todo el planeta hasta hacerlo estallar!” El principito: “He llegado a un planeta muy curioso. Es el más pequeño de todos”... Añada 15 tweets y tendrá un bonito poema dadaísta.
En mi opinión, la Twitteratura es la antítesis de la literatura, que significa hacer arte con palabras. Un libro descuartizado es como un jarrón hecho añicos: se puede vislumbrar la armonía y la belleza que alguna vez tuvo, pero ya no es un jarrón.
Un libro es un conjunto de palabras, sí, pero cada palabra es seleccionada amorosamente por el autor para cumplir una función específica: aderezar un paisaje, intensificar una atmósfera, atar un cabo, darle credibilidad a un personaje, resolver un misterio… Un libro de 600 páginas reducido a 2, 800 caracteres no es más que una sombra débil de algo que quizá fue hermoso.
Ahora que utilizar Twitter para escribir mini ficciones es muy distinto. “Coleccionaba ventanas. Era su manera de asegurarse de tener siempre un lugar por donde huir” (mini ficción sacada de Twitter). Hay incluso quién está escribiendo una novela a través de esta red social. Jordi Cervera escribe diariamente cinco microrelatos en catalán y español que, lentamente, le dan forma a su novela Serial Chiken: la historia de una gallina sospechosa de asesinato. No es nada personal, Jordi, pero creo que seguiré leyendo mi libro de Vladimir Nabokov.

lunes, 3 de enero de 2011

Repostería sagrada


Cada año, si los familiares y amigos se ponen monos, soplamos las velas de un pastel para celebrar que seguimos vivos. Entre “Las mañanitas” y el “¡mordida, mordida!”, realizamos un ritual cuyos orígenes se remontan a la Antigua Grecia o, según algunos estudiosos de la historia de los alimentos, al Antiguo Egipto.
Los egipcios demostraron ser verdaderos maestros panaderos. Los primeros pasteles fueron grandes y redondos panes, cubiertos con miel y adornados con nueces y frutas secas, que se preparaban para celebrar el cumpleaños de los varones egipcios. Pero el típico pastel circular y brillante por la luz de las velas nació en la tierra de los dioses del Olimpo. Los griegos horneaban pasteles redondos como la luna para honrar a Artemisa, diosa virgen de la caza y del astro de la noche. Las velas en el pastel representaban los resplandores de la luna. Una vez en el templo de Artemisa, se soplaban las velas con la esperanza de que el humo llevara las plegarias hasta la morada de los dioses. Hoy pedimos deseos antes de soplar las velas, pensamiento místico que proviene de una tradición pagana.
Algunos colocan objetos dentro del pastel: monedas, anillos o dedales que, de ser encontrados, son presagios de riqueza, matrimonio o mala suerte. Esta tradición medieval inglesa nos hace pensar en la rosca de Reyes que partimos cada 6 de enero: un bollo dulce, propio de la repostería española, adornado con rodajas de fruta cristalizada y que semeja la corona real. El origen de la rosca no tiene nada que ver con la historia de los Reyes Magos y mucho con las saturnalias romanas, fiestas dedicadas al dios Saturno para celebrar los días más largos que suceden al solsticio de invierno. Durante estas fiestas, un pan redondo hecho con higos, dátiles y miel era la delicia de plebeyos y esclavos. A partir del siglo III, comenzó a esconderse un haba seca en el interior del pan. Quien la encontrara, era nombrado “Rey de reyes”, aunque la gloria duraba un cortísimo periodo de tiempo.
En algunos países se esconden monedas y otros objetos de valor dentro de la rosca. En España continúa la tradición del haba, con la diferencia de que quien la encuentra debe pagar la rosca; lo que se espera es encontrar una figurilla que convierte al comensal en el coronado de la noche. En México no escondemos monedas ni habas en el interior de la rosca, sino uno o varios muñecos que representan al Niño Jesús. Antes, los muñecos eran verdaderos regalos hechos de porcelana o cerámica; actualmente son de plástico con rebaba y más bien parecen pequeños premios Oscar. Se acostumbra sopear el pan en chocolate, y el que encuentra el muñeco —aunque nunca falta el salado que se lleva toda una colección a casa— debe costear la tamaliza el Día de la Candelaria. No sé a ustedes, pero a mí nunca me han invitado a la dichosa tamaliza. Más vale que los tres deseos que pedí en mi cumpleaños se hagan realidad. Cabe mencionar que mi último pastel de cumpleaños fue redondo y blanco como la luna.

martes, 14 de diciembre de 2010

Erotomanía


Si quieres conocer a alguien, no le preguntes lo que piensa, sino lo que ama.
San Agustín

Se conocieron en el cine. M. pensó que una causa sobrenatural se encontraba detrás de todo aquello; la realidad es que se sentaron juntos por simple estadística: ninguno de los dos llevaba pareja. M. se había fascinado con la forma en que R. pestañeaba cuando algo le producía desconcierto. En la película, una enfermera llamada Sissi se enamoró de un hombre que tenía el aspecto de un guerrero, pero que era incapaz de controlar el llanto ante la más sutil provocación de la muerte. Sissi persiguió a Bodo hasta que logró quitarle la armadura. Sissi y Bodo se salvaron mutuamente y vivieron felices, al menos hasta que los créditos terminaron de desfilar por la pantalla. R. tomó su abrigo con los ademanes de una joven que está cansada de que la miren impúdicamente.
M. siguió a R. hasta un edificio de apartamentos. Memorizó las placas del automóvil de R. Estaba convencida —por la forma en que la había mirado por el espejo retrovisor— de que él también la deseaba como un loco. ¿Por qué otra razón se movería tanto en la butaca, sino para hacer que su loción embriagante se propagara con mayor fuerza? Pero no todo era atracción física. Juntos conformaban la unidad sagrada de la que habla Platón en su diálogo “El banquete”.
M. lo seguía a todas partes porque R. sufría de una introversión patológica y era incapaz de declararle su amor. Como Sissi, ella debía tomar la iniciativa y salvar a R. de sus demonios —responsables de los insultos, las cartas rotas y las intervenciones de la policía—. En el hospital psiquiátrico, M. se negaba a tomar las pastillas que le ofrecía la enfermera. No quería estar somnolienta cuando R. viniera a buscarla.
Diagnóstico: M. sufre de erotomanía, también conocida como síndrome de Clerambault, un subtipo de trastorno delirante que le hace tener la certeza ilusoria de que R. está perdidamente enamorado de ella —sin importar las pruebas incontrovertibles que indican lo contrario—. En estos casos, la idea delirante casi siempre es la misma: un amor romántico que va más allá de la atracción sexual. El espejismo de que dos almas se unen en la más perfecta armonía platónica. M. incluso ha llegado a creer que R. se comunica de formas misteriosas. El erotómano tiende a pensar que fue el otro quien inició la relación ficticia.
Comúnmente, la obsesión puede ser despertada por un personaje famoso. Cuadernos llenos de recortes con fotos y noticias; paredes tapizadas con la imagen del ídolo; algunos han llegado al extremo de levantar altares. Acciones que no revelan salud mental, pero que son inofensivas para el resto del mundo. Sin embargo, la erotomanía ha sido causa de crímenes que van desde el acoso sexual hasta el asesinato. Se dice que Jonhn Hinckley intentó matar al presidente Reagan porque creía que era la única forma de que la actriz Jodie Foster le declarara su amor.
El erotómano tiene conversaciones alucinatorias con su amado/a. Vive en los extremos: o te amo o te odio, los sentimientos intermedios son inconcebibles. La obsesión ocupa todo el tiempo, todo el espacio, toda la energía. Ni la familia, ni el trabajo, ni el inicio de la tercera guerra mundial. Para el erotómano, la supervivencia depende de la intensidad de su delirio, que roza con los límites de la esquizofrenia.
Si descubre que su encantador compañero de trabajo conserva la goma de mascar que usted pegó debajo del escritorio, la botella de agua que se tomó en la última junta, el lápiz de dos centímetros que acaba de tirar al basurero, y que además tiene un cuaderno —con una foto suya en la portada— en el que lo único que puede leerse es (su nombre va aquí), renuncie inmediatamente, cambie de look y también las cerraduras de su casa, cómprese un rottweiler y aprenda kung-fu porque, sin duda, ¡se encuentra ante un erotómano!

Películas recomendadas:

He loves me… He loves me not (À la folie... pas du tout) (2002), protagonizada por Audrey Tautou y dirigida por Laetitia Colombani.
• Ahora que si quiere algo más hollywoodense: Homecoming (Obsesión del pasado) (2009), protagonizada por Mischa Barton y dirigida por Morgan Freeman.

lunes, 13 de diciembre de 2010

Parvada blanca en la ciudad


Mi primer libro, Parvada blanca en la ciudad, disponible en librerías a partir del dos de enero.

"LOS CATORCE CUENTOS QUE RECOGE PARVADA BLANCA EN LA CIUDAD SON CATORCE INTRIGANTES, EQUÍVOCAS, MISTERIOSAS HISTORIAS QUE NOS LLEVAN A CLIMAS Y SITUACIONES DIVERSOS. A LA VEZ, ESTOS RELATOS —TENUES, ROTUNDOS, TAJANTES— SON CEREMONIAS DE INICIACIÓN, UN MISMO RITO DE PASAJE CATORCE VECES CELEBRADO. EN UNA ATMÓSFERA DE LABERINTO, DE ENCRUCIJADA, DE ESPESA NEBLINA, LOS PERSONAJES DE ANA LAURA PAZOS SE ENCUENTRA SIEMPRE AL BORDE DE ALGUNA REVELACIÓN QUE SERÁ DEFINITIVA PARA SUS VIDAS, ESTA JOVEN ESCRITORA TIENE UN DON ESPECIAL PARA HACERNOS SENTIR LA TRASCENDENCIA DE ESE PASO QUE ESTAMOS A PUNTO DE DAR."

lunes, 18 de octubre de 2010

Algo más que religión


La humanidad no puede vivir sin religión, o al menos eso era lo que decía el gran historiador de las religiones, Mircea Eliade. Para el filósofo rumano, el origen de la cultura se encontraba en la religión. De los mitos originarios, de aquellos relatos que a través de la fantasía intentan explicar una realidad, nacieron las sociedades y, con ellas, toda una estructura material e ideológica.
Creo en el homo religiousus de Mircea Eliade. Creo que si un niño fuera abandonado en una isla desierta, crearía objetos de adoración, haría rituales… no obstante, si recordamos la novela de William Golding, El señor de las moscas, la religión no fue capaz de salvar a los personajes de la brutalidad. Se formaron bandos, surgieron líderes, la atmósfera se fue llenando de violencia hasta que los niños comenzaron a matar.
La religión es un fenómeno universal, y, sin embargo, el mundo a veces parece un infierno. Si la religión nos invita a relacionarnos con lo sobrenatural, ¿por qué somos tan materialistas la mayor parte del tiempo? Tal vez sea porque confundimos religión con espiritualidad, o porque le falta espiritualidad a la religión.
La religión, en sentido estricto, es un conjunto de creencias, de celebraciones y normas ético-morales por las que el hombre reconoce su vinculación con lo divino. Dentro de esta definición, ¿dónde se encuentra la espiritualidad?, ¿la parte en la que el individuo hace un ejercicio de auto conocimiento y demuestra voluntad de unirse con lo sagrado?
En Occidente, tener religión es equivalente a tener espiritualidad. Pero, tendrá que disculparme, querido lector, eso es una gran mentira. Asistir a la iglesia, poseer una serie de creencias y normas, y pedir favores a Dios no equivale a tener una vida espiritual.
La espiritualidad debe comenzar con uno mismo. Las preguntas básicas de la filosofía ¿quién soy? y ¿qué hago aquí? son fundamentales. El siguiente paso es meditar: porque si no calmamos la mente, es imposible escuchar nuestra propia voz. El rezo puede ser una forma de meditación, pero sólo si es desinteresado. Implorar, exigir, demandar… esas son manifestaciones del ego. El objetivo de la meditación es alcanzar un estado de atención concentrada. Sólo entonces podemos aspirar a vincularnos con una nueva dimensión de la realidad.
Debido a esta confusión entre espiritualidad y religión, cada vez son más las personas que buscan caminos alternos, porque sienten que algo les falta, porque están insatisfechas. En 1985, el 95% de los mexicanos practicaba la religión católica; en la actualidad, dicho porcentaje se ha reducido en un 10%. Las prácticas orientales están teniendo un esplendor nunca antes visto: meditaciones trascendentales, yoga y la llamada “metafísica” (que muy poco tiene que ver con la rama de la filosofía que lleva el mismo nombre).
Occidente intenta apropiarse del secreto de la espiritualidad oriental, aunque a su muy mercadotécnica manera. Mezcla de prácticas y creencias, una fusión entre lo oriental y lo occidental: eso es el New Age. Devoción a la Trinidad, reiki y curaciones con cuarzos, los famosos decretos, espiritismo, la idea de que el individuo crea su propia realidad… Las combinaciones son innumerables, ya que, para la Nueva Era, todas las religiones son igualmente válidas; lo que interesa es que el practicante se encuentre conforme con su vida espiritual.
Dicen que hablar de religión es políticamente incorrecto, sin embargo me parece que hoy, más que nunca, es importante hablar de religión: porque la espiritualidad es superficial o inexistente, porque no hay intención ni entendimiento, porque los seres humanos se convierten en espectadores de sus propias vidas, porque sin autoconocimiento no somos más que autómatas, porque, como decía Mircea Eliade, “la religión es la solución de toda crisis existencial”.
Yo no tengo religión; no me he atrevido a ponerle un nombre a Dios o a imaginar su figura. Creo que existe algo más que esta realidad material, pero soy incapaz de comprenderla. Por ello, me conformo con intentar conocerme a mí misma, estar en paz, encontrar lo espiritual que hay en una pintura, en un árbol o una estrella… Así, tal vez, algún día, logre vislumbrar algo diferente.

miércoles, 29 de septiembre de 2010

Atlántida: la búsqueda continúa


Una hermosa ciudad con palacios de marfil, oro y plata se levanta en mitad del Océano Atlántico. Rodeada por enormes puentes de tierra y canales concéntricos de agua, la capital de la Atlántida es sin duda la más hermosa del mundo. Sus pobladores se trasladan en barcos por el mar y en vehículos flotantes por la tierra. Esta es una civilización muy avanzada, que conoce el principio de la electricidad y sabe como controlar la fuerza vital de los ríos y los árboles. Los atlantes viven en un paraíso adornado con plantas exuberantes y animales de todo tipo. Sin embargo, su arrogancia los conducirá a la destrucción de su imperio.

Platón reveló la leyenda de la Atlántida en sus Diálogos de Timeo y Critias. Empezó diciendo: “Escucha pues, Sócrates, una historia muy singular, pero rigurosamente verdadera”. Afirmó que hace 9, 000 años aproximadamente, existió una isla del tamaño de Asia Menor y Libia combinadas frente a las Columnas de Hércules (hoy en día el estrecho de Gibraltar). Aunque para algunos la Atlántida no es más que una historia proveniente de la imaginería de Platón, numerosas expediciones siguen buscando por los mares de todo el mundo las ruinas del imperio perdido, ya que, según cuenta el relato, se hundió debido a una espantosa catástrofe. Lo más interesante es que en las últimas décadas se han encontrado vestigios de civilizaciones antiguas en el fondo del océano. Hay hasta quien asegura haber descubierto los restos de la Atlántida.

Se dice que la atlante era una raza híbrida, divina y mortal. La mitología establece que Poseidón, la principal deidad de los atlantes, se enamoró perdidamente de una mujer humana llamada Clito y se casó con ella. Poseidón fortificó la colina en donde vivía su amada, aislándola por medio de dos anillos de agua y tres de tierra para hacerla inaccesible a los invasores. La pareja tuvo diez hijos varones, razón por la cual la isla de la Atlántida quedó dividida en diez partes. Al primogénito se le concedió la región más vasta y rica del país, y se convirtió en el rey de todos sus hermanos, príncipes del resto de las provincias. Su nombre era Atlas.

En el capítulo 6 del Génesis se puede leer: “Cuando los hijos de Dios (los gigantes o ángeles caídos) se dieron cuenta de que las hijas de los hombres eran hermosas, tomaron de ellas a cuantas quisieron, tuvieron hijos con ellas y esos fueron los grandes héroes de la antigüedad, varones de nombre”. ¿El relato bíblico se estará refiriendo al linaje de Clito y Poseidón?

Por mucho tiempo, los atlantes vivieron en la virtud, lejos de la arrogancia y las pasiones; conservaron su naturaleza divina y el imperio alcanzó su etapa de esplendor. Sin embargo, cuando la esencia divina se fue debilitando por la continua mezcla con los humanos, vino la decadencia y, finalmente, la destrucción de la ciudad.

Existen varias teorías acerca de la desaparición de la Atlántida. De acuerdo con Platón, ocurrieron intensos terremotos e inundaciones que hicieron que en un solo día, en una noche fatal, el imperio se desvaneciera entre las olas. Algunos afirman que la erupción del volcán Atlas sepultó la capital de la Atlántida; otros dicen que en aquel tiempo un meteorito destruyó casi toda la vida de la Tierra. También hay quien asegura que fue debido al Diluvio Universal. Cualquiera que sea la razón, de haber existido la Atlántida, sus restos deben encontrarse en las profundidades del océano.

En la actualidad, investigadores de distintas nacionalidades buscan las ruinas de la Atlántida en lugares estratégicos. En la isla de Andros, que forma parte del conjunto de las Bahamas, se encontró una gran plataforma construida con piedras talladas y dispuestas en líneas rectas. Una ingeniera oceanográfica que buscaba yacimientos petrolíferos en la costa de Cuba descubrió los restos de una antigua ciudad sepultada a 600 metros de profundidad. En 2004, se hallaron las ruinas de una civilización antigua en Chipre. Se han encontrado pistas que coinciden con el relato de Platón en España, India y en el Mediterráneo. Y que decir de los impresionantes hallazgos en la isla de Yonaguni. Los científicos del Centro Geológico Oceanográfico de la Universidad de Ryukyu, en Okinawa, descubrieron una estructura parecida a un zigurat o templo que mide 120 metros de largo por 40 metros de ancho y 20 de alto en las aguas de la isla japonesa. En las ruinas se aprecia una imponente escalinata, así como dos orificios de unos 90 cm. de diámetro que se cree eran para colocar las columnas del templo. Los estudios indican que la estructura tiene unos 10, 000 años de antigüedad, por lo que se le ha llegado a considerar el edificio más antiguo del mundo. Se dice que las ruinas de Yonaguni son un vestigio del desaparecido continente de Lemuria, que se alzaba en algún lugar del océano Pacífico. Supuestamente, Lemuria se hundió poco antes de que desapareciera la Atlántida.

En Yucatán se han encontrado esqueletos humanos 5, 000 años más antiguos que los mayas, por lo que incluso ha surgido la teoría de que los edificios de esta zona en realidad no fueron construidos por los mayas, sino por los atlantes, quienes debido al cataclismo, probablemente decidieron buscar refugio en América.

Santiago Martínez Concha, autor del popular libro Códex, afirma haber encontrado las ruinas de la Atlántida. Según él, existe una enorme masa continental en el centro del Atlántico, como decía Platón. Establece que el hecho de que determinadas especies de anguila y salmón vayan a desovar al centro del Atlántico es una prueba de que hace miles de años existieron ríos de agua dulce en ese lugar. Por otra parte, sostiene que las aves migratorias que salen desde el norte de Europa hacia América en busca de un clima cálido caen exhaustas en mitad del océano porque no encuentran un lugar en donde reponer sus energías. Instintivamente saben que ahí debían haber encontrado tierra.

Nada es oficial todavía, pero cabe destacar que otros lugares míticos como la ciudad de Troya existieron en realidad. ¿Será la Atlántida una metáfora de Platón sobre la arrogancia del hombre?, o por el contrario, ¿es su relato un documento histórico? No lo sabremos hasta que aparezcan pruebas contundentes. Mientras tanto, seguiremos buscando ese paraíso de aguas cálidas y jardines de ensueño, aunque sólo sea en nuestra imaginación.