Nick Bradbury


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martes, 11 de enero de 2011

Twitteratura


Imagine leer un libro tan rebosante como La Divina Comedia en miserables diez minutos. Reducir las aventuras de Odiseo a un puñado de palabras. Callar la voz de Hamlet con unos cuantos aforismos. Pues bien, resulta que dos estudiantes de la Universidad de Chicago creen haber tenido una revelación que los hará millonarios y, de paso, ayudará a difundir los clásicos a cada rincón del planeta.
Alexander Aciman y Emmet Rensin, de 19 años de edad, propusieron a la editorial Penguin books reducir los clásicos de la literatura a 20 tweets, es decir, a no más de 2, 800 caracteres. Eso es la Twitteratura: versiones minúsculas de grandes libros para la agitada vida de nuestro tiempo. Permítame narrarle el clásico de Antoine de Saint-Exupéry, El principito, en versión “twitteraria”: El_Aviador le dice @El_Principito: “¿De dónde vienes hombrecito?, ¿dónde queda tu casa?, ¿a dónde quieres llevar mi cordero?” El_Principito le dice @El_Aviador: “Lo bueno de la caja que me has regalado es que por la noche le servirá de casa”. El_Aviador le dice @El_Principito: “Los baobabs no son arbustos, son árboles grandes como iglesias”. El_Principito le dice @El_Aviador: “Los baobabs son muy pequeños, si no se arrancan a tiempo, ¡cubren todo el planeta hasta hacerlo estallar!” El principito: “He llegado a un planeta muy curioso. Es el más pequeño de todos”... Añada 15 tweets y tendrá un bonito poema dadaísta.
En mi opinión, la Twitteratura es la antítesis de la literatura, que significa hacer arte con palabras. Un libro descuartizado es como un jarrón hecho añicos: se puede vislumbrar la armonía y la belleza que alguna vez tuvo, pero ya no es un jarrón.
Un libro es un conjunto de palabras, sí, pero cada palabra es seleccionada amorosamente por el autor para cumplir una función específica: aderezar un paisaje, intensificar una atmósfera, atar un cabo, darle credibilidad a un personaje, resolver un misterio… Un libro de 600 páginas reducido a 2, 800 caracteres no es más que una sombra débil de algo que quizá fue hermoso.
Ahora que utilizar Twitter para escribir mini ficciones es muy distinto. “Coleccionaba ventanas. Era su manera de asegurarse de tener siempre un lugar por donde huir” (mini ficción sacada de Twitter). Hay incluso quién está escribiendo una novela a través de esta red social. Jordi Cervera escribe diariamente cinco microrelatos en catalán y español que, lentamente, le dan forma a su novela Serial Chiken: la historia de una gallina sospechosa de asesinato. No es nada personal, Jordi, pero creo que seguiré leyendo mi libro de Vladimir Nabokov.

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