
Ser humano: animal racional de nombre científico sapiens que significa “sabio” o “capaz de conocer”, de realizar operaciones conceptuales o simbólicas muy complejas que incluyen el manejo de sistemas lingüísticos muy sofisticados. ¿Cómo le explicaría usted a un extraterrestre qué es el hombre? La verdad es que ni siquiera nosotros, los seres humanos, logramos ponernos de acuerdo. Dicen algunos que el hombre se encuentra en la cumbre como espectador del Universo; un artífice cuya misión es trascender. ¿Será? A veces pienso que somos muy similares a las hormigas. Construimos colonias, acarreamos comida, inventamos jerarquías sociales que dependen de nuestro nacimiento (o en tiempos más modernos, del status) y elegimos a un gobernante o depositario de nuestra soberanía a cambio de obtener un poco de seguridad. Son muy pocos los artífices, los que se dedican a algo más que a obedecer convenciones y ganar dinero. Piense en los griegos, los romanos o los mayas. Filósofos, artistas, astrónomos… La posmodernidad nos ha devaluado, nos ha convertido en “robotitos” fabricados en una línea de ensamble. Y, sin embargo, nos sentimos tan diferentes unos de otros.
Somos amantes del prejuicio que, de acuerdo con el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, significa: “opinión previa y tenaz, por lo general desfavorable, acerca de algo que se conoce mal”. Los chinos son ruidosos, los colombianos narcotraficantes, los cubanos comunistas ¿o socialistas?, no nos importa la diferencia. Los franceses no se bañan, los alemanes son témpanos de hielo; los ingleses pomposos y respingones; los gringos… Bueno, a esos nadie los quiere. Y los mexicanos… ¡los mexicanos somos poca madre! Aunque siempre nos estemos quejando del gobierno, del sistema educativo, la escasez de medallas en los Juegos Olímpicos y el ridículo que casi siempre hace la Selección en el Mundial.
Es verdad que existen diferencias culturales entre las naciones. El idioma es un primer impedimento, la educación, la historia, las tradiciones populares y la religiosidad. Sin embargo, se nos olvida que somos simples humanos perdidos en la vastedad de una galaxia de 400, 000 millones de estrellas. Que compartimos un mismo genoma y que todos anhelamos la felicidad.
Lo que necesitamos no es tolerancia, que, en sí misma, contiene la idea de soportar; sino comprender, conocer al otro, buscar empatía. Blancos, negros, amarillos o color cobre. En lugar de añadir más ladrillos a las murallas culturales, deberíamos tratar de quitar unos cuantos. Si un extraterrestre me preguntara: ¿qué son los seres humanos?, yo le contestaría: somos una raza maravillosa, pero apenas nos encontramos en los albores de la pubertad.


No hay comentarios:
Publicar un comentario