
Siempre es curioso conocer la imagen que en el extranjero tienen de nosotros. A veces, más bien, preocupante. He llegado a escuchar de todo: que si México forma parte de Estados Unidos, que si aquí hablamos portugués, que si conocemos el microondas… Otros imaginan que el país entero es un rancho colmado de gallinas y que el principal medio de transporte es el burro o el caballo. ¿Ignorancia?, ¿demasiadas películas de Pedro Infante? La realidad es que la imagen que proyectamos al mundo deja mucho que desear.
Hace una semana, me encontraba en un hotel en Zurich. Encendí la televisión y busqué algún canal en inglés (desafortunadamente, no hablo alemán y mucho menos el alemán de Suiza), así que me conformé con el noticiario de la BBC de Londres, que ese día presentaba un documental acerca de la corrupción en México. Vi los rostros de algunos gobernadores, granaderos, mexicanos quejándose de la situación económica y de la inseguridad; luego un par de periodistas ingleses se adentró en el ya gastado tema del narco. En ese momento, apagué la televisión y miré por la ventana: calles limpias y tranquilas, monumentos bien preservados y montañas espolvoreadas con casitas como sacadas de un cuento de hadas… ¡Nuestro país debe parecerles un infierno!
Pero pocos saben de la belleza del Centro Histórico, de Chapultepec y Tenochtitlán; del Paseo de la Reforma, de las muy primermundistas Santa Fe e Interlomas, del Jardín del Arte en San Jacinto, de la Colonia Condesa y la plaza de Coyoacán. Mucho menos de nuestros valiosísimos museos. Casi nadie ha oído hablar de Puebla de los Ángeles, con más trabajo de la pirámide de Cholula, de Tepoztlán o del Cerro de la Silla. De los ojos tapatíos, de nuestra gastronomía laureada internacionalmente, de la UNAM o de las inigualables playas mexicanas. ¿Cuántos han escuchado al auténtico mariachi? ¿Cuántos han admirado la variedad de nuestras artesanías? ¿Cuántos saben lo que significa el término pueblo mágico? Porque tenemos decenas…
Es verdad que el gobierno es corrupto, que el nivel de analfabetismo es elevado, que las calles son inseguras, que los cárteles son poderosos y que padecemos toda clase de carencias estructurales. Sin embargo, los aspectos negativos no tienen por qué anular nuestra parte luminosa. Tal vez si los medios de comunicación dejaran de cultivar tanto el género del “jodidismo”, las cosas serían diferentes. Debe ser terrible para un extranjero llegar a nuestro país, encender la televisión, y encontrarse con un reportaje sobre el crimen organizado o con un ridículo drama de Televisa. Voto por más contenidos culturales y por mejores estrategias de difusión turística. Aunque me parece que la mejor publicidad para México es la que le hacemos nosotros, los mexicanos.
Hola Ana, hasta el momento he leído dos de tus colaboraciones y me parecen muy acertadas.
ResponderEliminarFelicidades.